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ENTREVISTA A JEAN THIRIART (III)

¿Europa no es más que un sueño o es una creación lógica de profesores e intelectuales?

A pesar de la mentalidad de mercaderes de tapices que reina en el Mercado Común, la Europa económica se refuerza cada día. Esta unificación europea mediante la economía recuerda el Zollverein y nuestras autopistas actuales evocan irresistiblemente la implantación de los ferrocarriles en Alemania de 1840 a 1860. En el interior del Mercado Común industrial, según la ley del “gran mercado” se desarrolla un fenotipo industrial vigoroso. La competición industrial en el interior de un gran mercado había creado de 1880 a 1950 la poderosa industria americana. El mismo fenómeno se repite en este momento en el Mercado Común. Los países que quedan fuera de esta “gran competición industrial” (lo que quiere decir ipso facto “gran selección”) van a perder terreno año tras año, irremediablemente.

El industrial español que no se sienta en condiciones de afrontar el mercado abierto, la competición libre, en el interior del Mercado Común en 1982, estará en una situación infinitamente más inferior en 1992. Cada año de vacilación hará el problema todavía más agudo para los países “extracomunitarios” en Europa (España, Portugal, Turquía, Noruega, Suecia).

El milagro industrial europeo del Mercado Común es muy simple: competición en el interior de un grupo grandísimo, selección entre numerosos competidores. El comercio exterior del Mercado Común es ya en 1982 infinitamente más poderoso que el de los Estados Unidos. La Europa industrial existe ya. La Europa de las vacaciones igualmente (decenas de millones de viajeros de temporada del Norte hacia el Sur). La Europa de las migraciones también: millones de trabajadores del Sur en la industria del Norte. Todo esto va a transtornar profundamente a los países del Sur.

Gran cantidad de especializaciones (fabricaciones o servicios) no existen más que por encima de un cierto umbral crítico. El “umbral crítico” es un dato esencial para quien quiera comprender la historia moderna. Historia íntimamente unida a la tecnología.

Un panadero no puede vivir más que con un pueblo de por lo menos 500 hogares. El dueño de un garaje, con una ciudad de 5000 hogares. Una industria siderúrgica, con un país de 25 millones de habitantes. Una fábrica de camiones pesados, con una población de 50 millones. El umbral crítico de la industria aeronáutica se sitúa en un país de por lo menos 100 millones de habitantes. El lanzamiento de satélites con éxito y amortizable exige un país de, por lo menos, 200 millones de habitantes.

La investigación fundamental en física no puede ser financiada más que por superpotencias militares (250 millones). Junto a la “ley del umbral crítico” existe la ley de la diversificación. La diversificación profesional está en relación directa con el tamaño del país. En los Estados Unidos se cuentan 10000 especializaciones. En España se asombraría que se pasara de las 2000 especializaciones. Las 8000 especializaciones que faltan a España con relación a los USA

(o al Mercado Común) se explican fácilmente: no hay clientes para los 8000 servicios o fabricaciones que faltan.

De año en año se ensancha el foso entre las economías de los grandes conjuntos (Europa, USA) y la economía de los pequeños países replegados en ghettos como España o Argelia.

Por mi formación científica, soy extremadamente pragmático. Lo soy sistemáticamente. Esa es la razón de mi irritación frente a los “nacionalismos irrisorios”, los nacionalismos del pasado, los nacionalismos de literatura.

La voluntad de poder literaria me exaspera por su vanidad. Yo soy esencialmente un materialista de la voluntad de poder. Quien quiera el poder debe querer sus medios y saber calcular la inversión mínima, demográfica e industrial.

Si usted cree que Europa es un “sueño de profesor” venga a navegar conmigo en el mar del Norte. Venga a observar la incesante procesión de millares y millares de cargueros que cruzan la Mancha hacia Amberes, hacia Rotterdam (sobre todo), hacia Hamburgo. Allá verá usted el colosal poder económico de Europa. Estoy constantemente confrontado a este espectáculo debido a que practico la navegación deportiva (vela) en este Mar del Norte en el que converge la economía industrial del mundo entero. El puerto de New York es un pequeño puerto provincial al lado del de Rotterdam.

Cuando se vive como yo en el Delta rico, el Delta próspero del Escalda-Mosa-Rhin, se siente la potencia de la Europa industrial.

Europa no es una construcción de profesores.

 

Europa y Occidente: ¿simple cuestión de terminología o diferencia fundamental de naturaleza y de continente?

El lenguaje es no-científico, esencialmente equívoco, a diferencia del lenguaje matemático, totalmente unívoco. Un ejemplo de este carácter equívoco: en francés, robar (voler) es la acción del ladrón, del delincuente. Pero volar (voler) es también pilotar un avión. Hay miles de ejemplos de esta clase en cada una de nuestras lenguas equívocas.

Occidente quiere decir muchas cosas diferentes. Europa también quiere decir muchas cosas distintas. La Europa de las patrias de De Gaulle o de los neofascistas italianos es radicalmente incompatible con mi concepción de una Europa unitaria, “jacobina” e imperial. La Europa de los charlatanes del Parlamento de Estrasburgo está en las antípodas de la mía.

Para contestar a su pregunta, comenzaremos haciendo una elección semántica completamente arbitraria. Digamos que bajo mi pluma Occidente es lo que va desde Bucarest a San Francisco, con sus curas, sus rabinos, su burguesía, sus nacionalismos superados, sus pretendidos “valores”.

Europa será algo totalmente cortado de los USA por un Océano. Europa será también algo que superará a Bucarest, que superará los Urales. Europa llega hasta la frontera china de Manchuria. Europa llega hasta el Océano Indico. Para mí, Europa se inscribe en primer lugar en términos geopolíticos, luego en términos de “culturas”.

La línea que va desde Lübeck hasta Sofía es antinatural para quien concibe y desea una Europa poderosa. Esta misma línea marca actualmente el límite del Occidente cansado y desgastado.

Con motivo de una discusión sostenida con un joven “intelectual” del “neo-nazismo racial” que es pseudo-europeo, yo le había asombrado y extrañado diciendo que “Turquía es una provincia europea y que mañana Arabia será una provincia europea”. Me ha opuesto entonces las famosas culturas, la religión, la tierra de los antepasados, las raíces y la charlatanería literaria habitual.

Le he contestado: comienzo Europa examinando las líneas de fuerza geopolíticas; los estrechos turcos y el petróleo árabe son mucho más importantes que las culturas. Sus culturas son superestructuras y el petróleo, por una parte, y los Dardanelos, por otra, son infraestructuras históricas.

Para terminar de desmontarle, de descabalgarle, le he explicado que los futuros historiadores “de servicio” podrán manipular fácilmente la historia para explicar la profunda convergencia cultural entre los camelleros de Arabia y los vikingos navegantes. Con esta ironía quería mostrarle que es posible hacer decir todo por la plebe de los intelectuales literarios para la plebe de los intelectuales literarios y para la plebe social a secas.

Le he explicado entonces que el más sanguinario de los conquistadores de Asia central encontraba al llegar a Pekín o a Irán un personal superabundante de intelectuales y de artistas, ceramistas, poetas, músicos, cocineros, bailarinas, pintores, hagiógrafos, etc.

Los poderosos siempre pueden pagarse la superestructura cultural. El bárbaro, cuando ha tenido éxito, se civiliza en una generación. En la historia de China esto se ha repetido varias veces de modo espectacular.

Occidente, en el espíritu de la mayoría de los que emplean esta palabra, es una superestructura cultural. Para mí, Europa es un instrumento de poder, un terreno, un posible continente para una experiencia capital: la mutación del hombre banal hacia el homo novus.

 

¿Qué tentativas de unificación ha conocido Europa?

Más que una tentativa, un éxito, el único hasta el presente, fue el del Imperio romano.

De Málaga a Bucarest y de Londres a Alejandría, los hombres podían circular con seguridad en el Imperio romano.

Luego hubo la tentativa de Carlomagno en 800, la de los Hohenstaufen en 1200, la de Carlos V y los Habsburgo. La Europa francesa de Bonaparte, la Europa alemana de Hitler.

Tengo que citar una tentativa muy poco conocida de fundar un Imperio europeo. Una tentativa de Imperio eslavo-germánico. Terminó en 1278 con la muerte de su animador, el Rey de Bohemia Przemysl Ottokar II. Si la empresa hubiera tenido éxito habríamos tenido un eje Báltico-Mediterráneo en torno al cual hubiera podido desarrollarse una cierta Europa. Los territorios controlados por Ottokar II se extendían de Praga a Trieste pasando por Linz, Viena, Graz. Era una versión reducida de la Europa de los Hohenstaufen, que iba desde el Báltico a Sicilia.

La tentativa de Ottokar II es citada con mucha precisión por el historiador americano Robert S. López, de la Universidad de Yale (Cfr. Naissance de l´Europe -traducción francesa en Armand Colin, París, 1962). Dante Alighieri nos habla de Ottokar en el Canto VII (El Purgatorio) de La Divina Comedia. Dante escribía:

“El segundo, cuya mirada le consuela, gobernó el país en el que brotan las aguas llevadas por el Moldava al Elba y por el Elba al mar. Se llamó Ottokar y, desde que estaba en pañales, valió más que su hijo…”

Después de la batalla de Rudava (1255) Przemysl fundó la ciudad de Kralovec, que se convirtió en Köningsberg. Hoy es Kaliningrado en la URSS.

Ahora existe el Mercado Común, éxito económico innegable. Los “Alcaldes de Palacio” existen ya, son los altos funcionarios de la Comisión del Mercado Común en Bruselas. El jefe político o la dinastía (el Partido histórico) aparecerá después. El jefe muy bien podría salir del Kremlin o de una escuela militar soviética. Lo que importa es saber que ya existen las estructuras administrativas y burocráticas de Europa y que progresan continuamente. Los 15000 funcionarios europeos de Bruselas preparan lenta, pero seguramente, la gestión de los “problemas de intendencia” de Europa. Evidentemente hay que distinguir claramente entre la Comisión del Mercado Común, realmente europea, y el Parlamento Europeo, anti-europeo. Y sobre todo el Consejo de Ministros del Mercado Común, lo más anti-europeo que hay.

En el Consejo de Ministros del Mercado Común hacen estragos los más obtusos de los nacionalistas estrechos: los franceses y los ingleses. Cada uno desembala allí sus pretensiones locales, sus apetitos particularistas, y practica la obstrucción y el chantaje.

Por el contrario, en la Comisión se trabaja en la legislación europea, tanto económica como social.

 

¿Cree usted en la Europa de las patrias de De Gaulle? ¿Cuál es el cemento de una Europa multinacional?

El concepto de la Europa de las patrias es el más estúpido que hay. Una vez más es la expresión de un bloqueo mental. Es el pensamiento de un artrópodo…

Los diferentes nacionalismos estrechos son contradictorios entre sí. El alemán contradice al polaco, el polaco al ruso, el húngaro al rumano (Transilvania), el francés al alemán (Alsacia), el inglés al español (Gibraltar). Cada nacionalismo es un revulsivo para el vecino. Es el sistema del “revulsivo simétrico”.

Incluso el nacionalismo flamenco tiene cuentas por arreglar con Francia, que ha robado un territorio enorme… Lille, Dunkerque, son ciudades flamencas.

En el interior de Europa, los antiguos nacionalismos se convierten en nuevos particularismos.

Los idiotas del MSI, en Italia, habían organizado, después de la desaparición de Jeune Europe, una reunión pretendidamente europea. Habían invitado a todos los tarados de la nostalgia neo-fascista anunciando el color inmediatamente: iban a constituir un movimiento “europeo” precisando desde el principio que cada uno “conservaría su carácter nacional”. Era aberrante. Pero fácil de explicar. Hace ya veinte años he demostrado que el nacionalismo de las gentecillas (gentecillas en el plano intelectual) seguía a la construcción de un país, y no precedía jamás a esta construcción.

La Francia unitaria, la España unitaria, luego, mucho más tarde, Italia y el II Reich han nacido en las cabezas de jefes de dinastía o de grandes apoderados de la alta política (Richelieu, Mazarino, Bismarck, el cardenal Cisneros, etc).

En 1400, el plan de una España unitaria ha debido acariciar el espíritu de tal o cual gran rey local. Pero entonces todavía hacían estragos los particularismos y los provincialismos castellano, aragonés, navarro…

Imagino que en aquella época un periodista de entonces se hubiera preguntado (como usted, Mugarza): “¿No cree que España es una construcción de algún profesor?”…

España se ha hecho mediante un matrimonio feliz. Luego, mucho después, ha nacido el nacionalismo español de las gentecillas. Y hoy ningún nacionalista español toleraría la idea de una “España multinacional” con sus repúblicas autónomas vasca, catalana, castellana, andaluza. Un nacionalista español de 1982 se subleva (a justo título) a la idea de una España multinacional. Pero el mismo hombre que es unitarista para España es anti-unitario para Europa.

De Gaulle era por excelencia un jacobino unitario para Francia (igual que yo lo soy para Europa). Este mismo De Gaulle no podía concebir la elevación al decimal superior. Este mismo De Gaulle estaba horrorizado por una Europa unitaria, mientras que era el pilar de la Francia unitaria.

Lo mismo ocurre con los lamentables neofascistas italianos. Sufren por la “regionalización” de Italia. Son unitarios italianos clásicos. Pero unitarios en Italia se vuelven anti-unitarios cuando se habla de Europa. Es el bloqueo intelectual. La inhibición. En otro lugar le he hablado de los artrópodos y del cerebro del bogavante.

Una vez más, debo darle un ejemplo bastante extraordinario de un bloqueo de las funciones cerebrales humanas. Los ferrocarriles se han desarrollado desde 1840. Hasta 1900, los compartimentos estaban totalmente separados unos de otros por tabiques. Sólo se podía cambiar de compartimento en las paradas. Ahora mismo, todavía circulan algunos de estos vagones en Inglaterra (línea Ramsgate-Londres). Un americano llamado Pullman ha suprimido estos tabiques, pero solamente hacia 1875 (había empezado por el coche-cama) para concebir un pasillo central (o lateral) que permitía ir de un compartimento a otro, ir al servicio, ir al vagón-restaurante. Hasta 1914, la inmensa mayoría de los vagones de pasajeros estaban construidos todavía sin pasillo de enlace.

El profesor de psicología que ha hecho este estudio ha demostrado que el vagón de viajeros entre 1840 y 1914 (excepto Pullman) era de hecho una tabla que llevaba 4, 5 o 6 cabinas de diligencia. Durante más de medio siglo, el vagón de pasajeros era simplemente una acumulación, una suma de diligencias encima de tablas sobre ruedas.

Lo mismo ocurrió al crearse los vehículos automóviles. El conductor estaba totalmente separado del viajero (como en los cabriolés de caballos). Y el depósito de equipajes permaneció inaccesible desde el interior del vehículo hasta 1945. Otro largo bloqueo de más de medio siglo.

La historia del concepto de la Europa de las patrias es exactamente la repetición del bloqueo mental que retrasó 50 años la aparición de los pasillos de circulación en los vagones de ferrocarril.

jean

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