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ENTREVISTA A JEAN THIRIART (VI)

¿Qué piensa usted de la democracia y del parlamentarismo? ¿Quién enterrará al otro, Europa o el parlamentarismo?

Me harían falta por lo menos 500 páginas para contestarle. La democracia es un sistema particularmente absurdo en una sociedad muy desigualitaria, como la nuestra. Es una feria de demagogia, la denigración instaurada en sistema de obstrucción sistemática, la irresponsabilidad del número. Cuanto mayor es el grupo decisional, más irresponsable pretende ser. Si me queda suficiente tiempo de vida, espero escribir un análisis del principio democrático.

Imagínese que en un barco se escoja el capitán después de elecciones entre la tripulación o los pasajeros.

Por lo que concierne a la formación de Europa, el parlamentarismo no resolverá nada. Un parlamento es estéril por esencia. En la historia ninguna nación ha sido jamás dada a luz por un parlamento.

Los parlamentarios viven en la dimensión trivial. La historia se hace en la dimensión trágica.

 

¿Es usted de derechas o de izquierdas? ¿Qué significan estas dos palabras para usted?

Recordaré una vez más a Ortega y Gasset. Me gusta mucho citarle. Pareto y él son mis dos “maîtres à penser”. En el prólogo a La rebelión de las masas, Ortega escribía en 1926:

“Ser de izquierdas o ser de derechas es escoger una de las innumerables maneras que tiene el hombre de ser un imbécil; las dos son, en efecto, formas de hemiplejia moral”.

Hay una palabra mejor que hemiplejia y es hemianopsia. Evidentemente, Ortega no era optometrista.

La significación de izquierda traduce en 1830, en 1848, en 1872, en 1982, actitudes absolutamente diferentes. La mayor parte de los partidos de derechas han comenzado a la izquierda. Esto es particularmente cierto en Francia de 1789 a nuestros días. Pero todo esto es pequeña cocina que desprecio.

El izquierdismo no es más que un virtuismo verbal. Es una actitud retórica. Es de buen tono ser de izquierda, hace parecer filadelfo (Amigos del Género Humano), generoso, “ilustrado y progresista”. Detrás de esta fachada, las cosas son muy diferentes.

Ser de derecha, como quieren otros, es hacer despliegue de la Tradición (con mayúscula, desde luego), es evocar un pasado feliz, absolutamente mítico, que no ha existido.

Busquemos ahora explicaciones más científicas. Apliquemos el análisis paretiano, utilicemos la psicología para definir derecha e izquierda y las faunas que apelan a ellas.

En la sociología de Pareto, con sus seis clases de residuos y sus cuatro clases de derivaciones, tomamos las clases de residuos 1 y 2. En Pareto, la 1ª clase es la del “instinto de las combinaciones”. La 2ª clase es la de la “persistencia de los agregados”. Esta observación vuelve a encontrarse en muchos autores modernos en psicología, bajo nombres diferentes. La clase 1 está más desarrollada en un joven adulto que en un viejo adulto. Y al contrario, cuanto más se envejece, más se refuerza el residuo de la clase 2. El espíritu escolástico depende de la clase 2. El cambismo, la neofilia dependen, por su parte, de una hipertrofia de la clase 1. El progreso es debido a una acción de los residuos de la clase 2 templada por una contra-acción de los residuos de la clase 1.

Esquematizando mucho, se podrían comparar los residuos 1 (combinación) a la estimulación y los residuos 2 a la inhibición. Es la pareja motor/freno que, en fisiología, vuelve a encontrarse en la pareja sistema simpático opuesto a sistema parasimpático.

Este esquema de organización se encuentra en todas partes en la vida. Incluso en farmacología.

En una sociedad equilibrada, los residuos 1 y 2 se expresan de manera comparable en intensidad. En sociedades desequilibradas, sociológicamente patológicas, pueden dominar los residuos 1 0 2. Por ejemplo, el sistema de los “coroneles religiosos” en Grecia, de 1967 a 1974, correspondía a una hipertrofia de los residuos 2. Por el contrario, el “desbarajuste portugués actual” o el delirio filadélfico del equipo Mitterrand corresponde a un exceso de actividad de los residuos de tipo 1. Es el cambismo, la neofilia.

También se pueden situar derecha e izquierda del modo siguiente. La izquierda sitúa a la perfección en un futuro mítico. Y la derecha sitúa a la misma perfección en un pasado igualmente mítico.

La virtud de los antiguos romanos, el coraje de los espartanos, la sabiduría de los reyes de Francia, todo esto forma parte del arsenal ideológico de la derecha.

La izquierda, por su parte, no deja de eructar contra el oscurantismo (con toda justicia, frecuentemente), el capitalismo, el imperialismo, el colonialismo. Ignora la noción de colonizadores para no emplear más que la de colonialistas…

El mundo será perfecto, según los izquierdistas, cuando ya no haya generales, Estados, patronos. Todo eso es evidentemente muy cándido. Pero se vende estupendamente en el mercado electoral.

Un autor inglés (H.J. Eysenck, The Psychology of politics, 1954) opone a la expresión lineal izquierda-derecha, un esquema más elaborado, basado en el temperamento. En abcisas el continuum izquierda-derecha y en ordenadas los temperamentos, que van del autoritario al laxista. Eysenck ha utilizado equivocadamente, en mi opinión, democrático en vez de laxista. El esquema de Eysenck es mucho más válido. Permite explicar cómo un stalinista y un hitleriano están relativamente cercanos. Lo están por su temperamento, autoritario con toda evidencia.

En cuanto a mí, me considero, para contestar a su pregunta, como un materialista científico y por tanto siempre en estado de “curiosidad intelectual activa”. Aceptar ser de izquierda o aceptar ser de derecha es colocarse en estereotipos humanos o intelectuales. Sería, desde luego, un insulto a mi inteligencia. Y concluyo como Ortega y Gasset.

Debo añadir todavía algunas palabras. No creo que el pasado sea un ejemplo, sino un ejemplo de lo que no hay que hacer, de lo que hay que evitar que se repita. En esto es en lo que la historia es tan preciosa. Esparta se ha hundido. En Roma reinaba la corrupción y los reyes de Francia acabaron entre la mesa y la cama. De Luis XIV a Luis XVI, la mayor ocupación “política” consistía en proveer su cama de bonitas mujeres fáciles o en proveer su mesa.

La solución se encuentra evidentemente en el futuro. Pero para alcanzarlo, habrá que usar medios a-humanos o incluso medios inhumanos. El futuro sobrehumano, la mutación del hombre trivial actual hacia el hombre nuevo, el superhombre, se hará con procedimientos absolutamente extraños a la filosofía ingenua y laxista de las gentes llamadas “de izquierda”.

La izquierda y la derecha son antisimétricas. Este carácter aparece todavía mejor en los extremos. La extrema izquierda es rigurosamente anti-simétrica de la extrema derecha. Se alimentan, en indignación, una de otra. A favor o en contra del divorcio (Italia), a favor o en contra del aborto, a favor del “pobre emigrado” o contra el “sucio emigrado”.

El otro es el diablo. Cuando Jeune Europe se ha borrado hacia 1966/67, el grupo comunista chino del abogado Graindorge ha desaparecido poco después. Ya no encontraba con qué alimentar su necesidad de detestación, su necesidad de odio. Le faltaba “el enemigo simétrico”. Los dos extremos, izquierda y derecha, se neutralizan y aseguran así la tranquilidad del “centro podrido”.

Por lo que concierne a la opción de carácter de izquierda o de derecha, tengo una explicación psiquiátrica personal. Pienso que los jóvenes (16 a 25 años) muy activos en la extrema izquierda están buscando una madre colectiva (el socialismo melenudo). Por el contrario, los jóvenes de la extrema derecha buscan un padre colectivo.

Una nación que estuviera hipotéticamente organizada sobre la voluntad del “bien de” sería una nación de ciudadanos. Los hombres de izquierda de 1793 querían sinceramente una nación de ciudadanos. Los hombres de izquierda de 1982 quieren una nación de beneficiarios de subsidios.

Roma antigua distinguía entre plebs y populus. Esto se ha olvidado en nuestros días.

Las nociones de “bien de” y de “bien para” se deducen de la obra de Pareto. En Bertrand de Jouvenel las mismas nociones se llaman “medios de acción” y “medios de goce”. Personalmente, yo utilizo “medios de poder” y “medios de goce”.

De pasada, debo citar una admirable y oportuna frase del griego Demodocus: “Si sabe lo que es útil a una ciudad, no es necesaria la discusión; si no lo sabe, la discusión no se lo enseñará”. Fin de la cita.

Los sistemas electorales son concebidos esencialmente en el marco general de la superchería, del espectáculo. El político-poeta Critias (muerto en 403) ha escrito un drama satírico titulado Sísifo. Critias pone en boca del protagonista principal una nueva teoría del Estado según la cual éste no descansa en la fuerza, sino en la superchería.

A propósito de la manía electoral, hay que notar la poca convicción de sus propios partidarios. A los dos días de las elecciones, los demagogos vuelven otra vez a hacer bajar a la calle a la plebe para gesticular, vociferar e intimidar. Tome el ejemplo de la Francia de Mitterrand. El parlamentarismo no tiene ya la menor majestad, la menor responsabilidad. Todo ocurre fuera del parlamento. Las centrales sindicales son de hecho mucho más poderosas que los diputados y senadores. Es así como un sistema descalifica a sí mismo. Sin contar con el secuestro regular de los cuadros y de los patronos. Sin contar con la ocupación ilegal de las fábricas e incluso la venta de las mercancías (robo puro y simple) por los huelguistas “ocupantes”.

 

¿Tiene conciencia el europeo decadente de estar ocupado por los americanos y por los rusos?

Aquí, en el oeste, el hombre de la calle no tiene conciencia de la ocupación americana. En primer lugar, porque es ignorante en historia. Luego, porque su situación material es buena y las estructuras políticas no le preocupan, o poco menos. Luego, porque está literalmente machacado por 37 años de lavado de cerebro a propósito de nuestros “liberadores” (sic: ver Dresde en 1945) que, hoy, defienden la “libertad” y los “valores pluralistas”.

La ocupación americana corresponde a la correa floja, la ocupación rusa a la correa corta. Las dos utilizan sultanes-bidones (cfr supra), es decir, autóctonos-tapones.

Hay que ser un profesional de la información política para saber qué conexiones unen a Mitterrand con el lobby americano-judío, por ejemplo. Para el primo francés, Mitterrand es un buen muchacho nuestro, salido de la “Francia profunda”.

Durante la guerra 1940/44, Francia y Bélgica conocieron la ocupación alemana. Esta ocupación era relativamente discreta en la vida diaria. En tanto que hubo alimentos en los almacenes, no se manifestó ningún sentimiento popular antialemán. Sobre todo en Bélgica. Pero en cuanto faltaron los alimentos, tomó auge el sentimiento antialemán. Por orden de la Propaganda-Abteilung, la vida debía continuar como “antes de 1939”. Los periódicos no cambiaron de título… sino de periodistas y de temas. El mercado negro fue tolerado por diversas razones, pero sobre todo como válvula de seguridad. Algunos especialistas de las policías alemanas estimaron más tarde, hacia 1943/44, que no había que reprimir el mercado negro, pues reclutaba en los ambientes marginales que hubieran sido capaces de hacer “resistencia activa”. Del mercado negro al terrorismo pseudo-patriótico sólo había que dar un paso. Eran los mismos especímenes sociales: los marginales, dispuestos a muchas cosas.

Este mismo fenómeno se observa en Córcega, a finales de 1982. El racket (chantaje) privado y el terrorismo “político” están estrechamente mezclados, imbricados uno en otro.

Los americanos conocen todos los métodos de cloroformizar a los países ocupados. Los ocupantes utilizan una clase-tapón, una pseudo-clase dirigente de origen local.

En Europa del Este, la quiebra económica del sistema marxista hace las cosas más difíciles para el Kremlin. Ya ha debido cambiar de clase-tapón. La primera ola de colabos pro-rusos en Europa del Este contenía un considerable porcentaje de judíos. Hay que pensar que no dieron satisfacción a los soviéticos. La mayoría fueron liquidados, ahorcados o fusilados.

Sobre la utilización de los judíos por Moscú se puede poner de relieve lo que Milovan Djilas escribe en Conversations avec Staline. Cito: “En nuestro Comité Central no hay judíos -interrumpió Stalin con una risa sarcástica- ¿Usted también es un antisemita, Djilas, no es cierto?”. Un poco más adelante, Djilas escribe: “Alababa la manera en que el camarada Zhdanov había expulsado a todos los judíos del aparato del Comité Central, al mismo tiempo que adulaba al Politburó húngaro, que en esta época (nota de la redacción: entre 1945 y 1948) estaba compuesto casi por completo por emigrados judíos. Esto me hizo pensar que, a despecho de esta máscara antisemita, el gobierno soviético encontraba cómodo tener judíos a la cabeza de Hungría, siendo éstos desarraigados y por tanto estando más fácilmente a sus órdenes”. Fin de la cita.

Slansky (su verdadero nombre era Salzmann) fue liquidado en 1952, después de haber sido acusado, con razón, de pro-sionismo. Entre 1952 y 1956 los soviéticos cambiaron de clase-tapón. Ya están en la segunda generación.

Aquí, en el oeste, los colabos de los ingleses (1940/44) se convirtieron rápidamente en los colabos de los americanos.

Por regla general, las masas se dan poca cuenta, o no se dan cuenta, de una ocupación. Esto fue cierto con los alemanes al principio de la guerra en Francia y en Bélgica. Luego, con los americanos y los soviéticos. Las masas no se interesan por lo que ocurre en las alturas del poder. Las masas se burlan de la Historia (con mayúscula). Las masas quieren supermercados llenos de mercancías.

A este respecto, el Muro de Berlín (Muro de la Vergüenza, según la propaganda americana) ha debido ser construido no a causa de la penuria de “libertades políticas” sino a causa de la penuria de bienes de consumo. Imagine un momento la hipótesis de 1955, de una Alemania Federal en la que reinan simultáneamente un cierto laxismo (simulacro de libertades) y una gran penuria de bienes de consumo. Y, del otro lado, en la Alemania comunista, una terrible disciplina de hierro, un totalitarismo implacable, pero acompañado de una gran abundancia de bienes de consumo. ¿De qué lado irán las masas? Del lado de la abundancia de bienes y no del lado de las “libertades”. Para las masas europeas es casi imposible tener conciencia de la ocupación americana. Los almacenes están llenos de comestibles.

 

ALB5

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