“Sobran siglas, sobran líderes”… un clásico, oiga, que vuelve de tanto en tanto como los pantalones pitillo o los chistes de Eugenio.
Pero lo cierto es que con cada nueva desaparición de una sigla o de un “caudillete” no solo no hemos crecido, es que nadie ha llegado con los arrestos y el carisma imprescindible para ocupar el hueco creado.

Desde que Fuerza Nueva echó el cierre y de eso han llovido ríos, asistimos a las energías dilapidadas en luchas intestinas con demandas judiciales incluidas, fundación y ocaso de nuevos partidos, ilusiones, tiempo y personas quemadas en hogueras dominicas, y el impertinente ostracismo.

Sin remontarme en el tiempo más que hasta una década:
Desapareció el FrN y no solamente se extravió su militancia y la novedosa propuesta política que abanderaba, sino que perdimos a los Cantalapiedra, Letamendía, Aldana, Felipón, Coca… personalidades de una valía extraordinaria.
Cedió el paso Llopart y con él Padial, Garriga, Crespo, Castañera… y el MSR dejó de existir a los pocos meses. Tampoco nadie ocupó el vacío dejado.
Murió Diego Márquez y las siglas históricas languidecen igual, inexorablemente, sin que el buen hacer de Norberto y Garrido haya servido de aglutinante.
DN, AN… cadáveres exquisitos a los que solo resta el epitafio.

En fin, que el tópico de “aporta o aparta” parece mejor escrito por el enemigo que por alguien que de verdad está por la “refundación del Área”. Cuando las filas son tan magras como las nuestras, afirmar que sobra gente y que “menos sumará más” resulta un ejercicio de pedantería absurdo, además de irresponsable. Y próximo aún en el tiempo tenemos el ejemplo del HSM: un fiasco del que hoy nadie se quiere acordar.

Dejó dicho Degrelle que el secreto del éxito está en poner a cada cuál en el lugar acorde a su valía, pero a ver quién le pone el cascabel al gato, y mientras tanto las deserciones por aburrimiento o hastío que ¡nunca! por cobardía se suceden.

Y luego está lo de “sostenerla y no enmendarla”.
Porque convendrán conmigo que no es lo mismo Netanyahu que Ilan Pappé, y la generalización queda más cerca del titular en prensa que de la praxis política con voluntad de futuro.
¿Alguien ha visto un judío alguna vez en su vida?.
La pregunta no es retórica, hacédsela a vuestros vecinos, a vuestros amigos y parientes, en el metro, a vuestros compañeros de trabajo… ¿qué hemos aprendido en todos estos años errantes? (errar: 1. Cometer un error o equivocarse en cierta cosa. 2. Ir de un lugar a otro sin un fin, un motivo ni un destino determinados).

Tenemos un severo problema de endogamia (con el pesado lastre que ello conlleva) que nos aísla de la sociedad en la que vivimos.
Nuestros paisanos (a los que no podemos culpar por su “pasotismo”) padecen la imposición de la inmigración latina, asiática, subsahariana, magrebí, de los menas, de los cada vez más poderosos monopolios chinos a los que ya hay que sumar las licencias de taxi o fruterías en manos paquistanís. Los jornales de hambre en el campo malbaratados por la mano de obra africana o del Este (también por las cuotas de producción de la UE que literalmente arruinan al productor). De la competencia por las ayudas sociales con gentes llegadas ilegalmente y que sin embargo en lugar de ser expulsados acaban asentando nuestros barrios, terminando por enseñorearse de ellos.
Id y decidle a todos ellos que “el judío es culpable” y luego quejaros de que son sordos, de que no os votan.

No tenemos estrategia, ni discurso, ni militancia… ¡pero aún nos sobran gentes!.
El hecho de que cerca de 4 millones de españoles hayan votado a VOX (y creciendo) en lugar de llevarnos a la saludable autocrítica, dolor de los pecados y propósito de enmienda, en definitiva: a una catarsis constructiva, ha incentivado la radicalización puritana del “Área” en estereotipos de hace justamente un siglo, alejadísimos de la realidad de los tiempos que transitamos.
¿O es que alguien puede asegurarme de manera empírica que esos cuatro kilos de votos voxeros son todos de liberales ultra ortodoxos, banqueros revenidos y burgueses cabreados?.
No me lo creo.
Este juego (y siento decirlo: no hay otro) consiste en convencer a la mitad más uno de que tus propuestas mejorarán su vida y asegurarán el futuro de sus hijos, no en convertir a 20 millones de personas a la Fe verdadera.
Y es que, al final, fuera de la retórica de las hermosas ideas, en eso consiste el ejercicio de la política.

Observo atónito que los últimos mensajes vertidos por “los Nuestros” siempre acaban haciendo referencia a la redención de la patria por las armas, cuando está más que acreditado que nuestra sociedad ha dado la espalda a la “justa ira”. No estamos en los años veinte del pasado siglo, nadie entenderá ni justificará la violencia si -Dios nos libre- llegáramos a tener alguna vez capacidad para desplegarla.
Yo, visto que cualquiera menos nosotros es culpable de la situación desesperada que padece el pueblo español, también empiezo a pensar que estoy de más.
Casi que haced la revolución sin mí.

LARREA  FEB/2021

 

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