¿ES BORBÓN FELIPE VI?

 

En 1765, cuando en España imperaba la austeridad impuesta por el rey Carlos III, su hijo Carlos, Príncipe de Asturias, de 16 años, contrae matrimonio por poderes, con su prima carnal, María Luisa de Parma, que en aquel momento tenía 14 años y era hija de Felipe I, duque de Parma, y de la princesa Luisa Isabel de Francia (hija del rey francés Luis XV).

María Luisa, que había recibió una educación excesivamente tolerante y permisiva en cuanto a la moralidad que se daba en la época, se traslada a la Corte española.
Su conducta desenvuelta, sus continuos coqueteos y su afán de ostentación, contrastaban con el carácter apocado y la falta de ambición de su marido, que prestaba el mínimo interés por los asuntos políticos (según el Marqués de Villa-Urrutia, Carlos IV era “uno de los Borbones de más corto entendimiento de cuantos se han sentado en el trono de España”).

La de Parma, que tenía un carácter fuerte, muy dominante y con tendencia a ser manipuladora y muy intrigante, tanto en lo personal como en lo político, tuvo fuertes enfrentamientos con la nobleza española, destacando su rivalidad con la Duquesa de Alba, las desavenencias con la Duquesa de Osuna, y las tensiones contínuas con el Conde de Floridablanca, que había impuesto una política rigurosa y se negaba a pagar los caprichos de María Luisa.

Desde el inicio de su matrimonio, hubo rumores constantes sobre los romances de María Luisa con miembros de la nobleza y los más granados guardias de Corps, lo que hizo que Carlos III mostrara gran desconfianza respecto a su nuera, por lo que mantuvo al matrimonio alejado de la política.

En una ocasión, Carlos III le recordó a su hijo la posibilidad que todo hombre tiene de sufrir alguna infidelidad. El príncipe le dijo muy seguro de sí mismo “Pienso que los reyes están libres de las preocupaciones que tienen el resto de los maridos porque sus esposas no les pueden engañar con otros, ya que una reina no tiene otro rey cerca más que su esposo”. Carlos III no pudo aguantarse ante la simpleza del razonamiento de su hijo y le respondió “Carlos, Carlos, qué tonto eres, las princesas también pueden ser putas, hijo mío”.

En 1788, un apuesto guardia de Corps de la escolta de los Príncipes de Asturias, llamado Manuel Godoy, tuvo una caída del caballo que montaba y lleno de coraje, lo dominó y volvió a cabalgarlo. Los príncipes se interesaron por su estado y lo invitaron a palacio para conocerlo. Desde ese momento, Godoy se convirtió en favorito de María Luisa, siendo nombrado Consejero privado de la reina.

El 14 de diciembre de 1788, cuando habían transcurrido 23 años de su matrimonio, muere Carlos III, y Carlos IV y María Luisa son proclamados reyes de España.
Desde el inicio del reinado, María Luisa logró mantener apartado al rey de la vida política, participando ella en los Consejos de Ministros, consiguiendo la destitución del Conde de Floridablanca y su sustitución por el Conde de Aranda.

Godoy tuvo una carrera meteórica con la llegada al trono de Carlos IV y María Luisa, pasó de ser simple guardia de Corps a ser el asesor principal de la reina, y caballero de la Orden de Santiago, siendo nombrado en 1792 Primer Ministro en sustitución del Conde de Aranda y recibiendo el Toisón de Oro. En los mentideros pronto se empezaron a relacionar tales éxitos con la alcoba de la reina.

María Luisa de Parma tuvo 24 embarazos, de los que nacieron vivos 14 hijos y solo 7 llegaron a la edad adulta:
1-Carlos Clemente, que vivió 2 años y medio.
2-Carlota Joaquina, que se casó con Juan VI y fue reina de Portugal.
3-María Luisa, que vivió 5 años.
4-María Amalia, que vivió 19 años.
5-Carlos Domingo, que vivió 3 años.
6-María Luisa, que se casó con Luis de Borbón-Parma y fue reina de Etruria.
7-Carlos Francisco, que vivió 1 año.
8-Felipe Francisco, que vivió 1 año.
9-Fernando VII, que sucedió a su padre Carlos IV como rey de España.
10-Carlos María, conde de Molina, fundador del carlismo, pretendiente al trono de España.
11-María Isabel, que se casó con su primo Francisco I de las Dos Silicias y fue reina de las Dos Sicílias.
12-María Teresa, que vivió 3 años.
13-Felipe María, que vivió 2 años.
14-Francisco de Paula Antonio, que fue duque de Cádiz.

De entre todos los amantes que se le achacan a la reina, Manuel Godoy es el más famoso y se considera que la infanta María Isabel, y los tres hijos siguientes eran hijos de Godoy. Algo a lo que podría dar credibilidad la siguiente anécdota:
Un tal Gálvez Cañero cumplía guardia en un corredor de palacio cuando ve salir por una puerta a Carlos IV y detrás de él, a cierta distancia, a María Luisa y Godoy. Observó que la pareja iba discutiendo, cada vez más acalorados, hasta el punto de que “pudo ver que Godoy, colérico, alzaba la mano e imprimía una sonora bofetada en la mejilla de la reina. Ésta no protestó; pero al ruido del cachete volvió la cabeza Carlos IV, que preguntó:
– ¿Qué ruido es ése?
A lo que contestó María Luisa:
– Nada: un libro que se le ha caído a Manuel”.

Godoy mantenía otra relación secreta con Pepita Tudó, lo que molestaba a la reina que, para acabar con esta relación, propuso que Manuel Godoy se casara con María Teresa de Borbón y Vallabriga, que era prima de Carlos IV, y de esta forma pasara a formar parte de la familia real. El matrimonio fue un desastre y Godoy siguió su relación con Pepita Tudó, lo que le hizo perder el apoyo de la reina, por lo que en 1798 presenta su dimisión como Primer Ministro.

El historiador francés Desdevises du Dézert cuenta que la reina se había distanciado temporalmente de Godoy tomando entretanto como nuevo amante a un venezolano llamado Manuel Mailló. Carlos IV, extrañado de los lujos de Mailló, le preguntó a Godoy:
“- Manuel, qué pasa con este Mailló? Todos los días le veo coches nuevos y nuevos caballos. ¿De dónde saca tanto dinero?-“
– Señor, contestó Godoy, Mailló no tiene un ochavo; pero se sabe que lo mantiene una vieja, gorda y fea, que roba al tonto de su marido para pagar a su amante.
El rey rió a carcajadas, y dijo a la reina, que estaba presente:
– Luisa, ¿qué piensas de esto?
– Por Dios, Carlos, respondió la reina, ¿No sabes que Manuel siempre está de broma?.

Godoy se alejó durante dos años de Madrid y se trasladó a vivir a Granada, pero en el año 1800 es llamado nuevamente al poder.
El descontento popular y la oposición de gran parte de la nobleza española y de la Iglesia a la gestión que desarrollaba Godoy, hacen que el heredero a la Corona española, Fernando, muestre su repulsa a la política desarrollada por Godoy y consiga aglutinar en torno a su figura a todos los descontentos, buscando la caída de Godoy.
Fernando participa, en 1807, en un plan para conseguir la abdicación de Carlos IV, pero acabó en fracaso. Ese año, se firmó el Tratado de Fontainebleau, por el que se permite la entrada de las tropas francesas en España.
El 17 de marzo de 1808, se produce el motín de Aranjuez, que provoca la abdicación de Carlos IV y en consecuencia la caída de Godoy.

Napoleón se reunió con la familia real española en Bayona (Francia), y allí el emperador exigió que Fernando devolviera la corona a su padre. Fernando así lo hizo, desconociendo que su padre ya le había cedido la corona al emperador. El 2 de mayo de 1808 se produce el levantamiento popular en Madrid.
Manuel Godoy se separó de su mujer y también se exilió a Francia con Pepita Tudó
Fernando VII regresa a España en 1814 como rey, y Carlos IV, su esposa y su séquito se trasladan a vivir al palacio Barberini en Roma. En 1815, Godoy se instaló con ellos en el palacio.

María Luisa, una de las reinas españolas menos apreciadas, fue de joven una mujer agradable, pero los continuos embarazos y partos le deterioraron muchísimo físicamente, consecuencia de esto fue la pérdida de casi toda su dentadura, la boca le producía muchísimo dolor y lo aplacaba con la utilización de gramos de opio. Para cubrir la falta de dientes se hizo hacer una dentadura postiza.

María Luisa se rompió las dos piernas en 1818 y enfermó de pulmonía, falleciendo, el 2 de enero de 1819, cuando tenía 67 años, estando en el trance de su muerte acompañada por Godoy.
Carlos IV muere pocos días después, el 19 de enero.
Seis meses después de su muerte, sus restos mortales junto a los de Carlos IV son trasladados al monasterio de El Escorial.

El testamento de María Luisa deja como heredero de su fortuna a Manuel Godoy, pero sus hijos no aceptan dicho testamento y se reparten la fortuna entre ellos. Fernando VII persiguió a Godoy constantemente, le obligó a renunciar a sus títulos, invalidó el testamento que la reina hizo en su favor y exigió al Papa, que le expulsara de Roma, cosa que hizo.

María Luisa, a la que el famoso escritor Espronceda califica como “la impura prostituta”, había comunicado a su confesor, Fray Juan de Almaráz, el día antes de su muerte: “Ninguno de mis hijos lo es de Carlos IV y, por consiguiente, la dinastía Borbón se ha extinguido en España”.

Se sabe que el verdadero nombre de este clérigo, que perteneció a la orden de los Agustinos, era Juan Francisco Thomas León y nació en Badajoz en 1767. Es posible que conociera a Godoy, que también era pacense, y éste lo hubiera encumbrado a ese importante cargo de la Corte.

En el testamento de la reina se ordenaba que su hijo le pagara la cantidad de 4.000 duros al mencionado confesor. Como Fernando VII se negó a ello, el fraile le mandó una carta, desde Roma, donde le informaba sobre la última confesión de su madre y le pedía que le pagara los 32 meses de atrasos que le debía. Después de varias cartas y ya que el rey no le hacía caso, el fraile le advirtió que iba a dar a conocer la confesión de su madre al Cuerpo Diplomático extranjero acreditado en España.

Fernando VII, temiendo que esta declaración pusiera en cuestión su legitimidad, mandó una carta al Papa, en septiembre de 1827, donde le apercibía de la peligrosidad del fraile, sin mencionarle qué había hecho, pero el Papa no hizo caso. Así que, Fernando VII, mandó a un grupo de su gente más fiel a Roma; allí encontraron a este fraile en una habitación en la vía Condotti, lo raptaron, lo embarcaron en la fragata “Manzanares” que estaba en el puerto de Civitavecchia y lo trajeron a España.

Llegó a bordo de un barco que atracó en Barcelona (el responsable de traer al fraile, José Pérez Navarro oficial de la secretaría de Marina fue nombrado Capitán del Puerto de La Habana) y de ahí lo enviaron a la fortaleza de Peñíscola.
El monarca dio instrucciones al Alcaide de esa cárcel, el coronel Luis Gerzábal, para que el prisionero fuera encerrado por tiempo indefinido en una celda y aislado de todos los demás y que no hablara ni siquiera con los carceleros. Encargó al capitán general de Valencia que lo vigilara personalmente y que mantuviese al reo con 20 reales diarios. Su estancia en la prisión no figuró en el libro-registro de la misma y ni siquiera fue procesado en ningún momento. Allí estuvo encarcelado durante 7 años.

Cuando México se independizó de España, el arzobispo de México regresó a España. En 1830, recibió un encargo de Fernando VII: visitar al prisionero de Peñíscola en su celda, a fin de que se retractara por escrito de lo que había afirmado unos años antes, referente a la presunta bastardía de todos los hijos de María Luisa de Parma.
El preso, con la promesa del perdón real, firmó el documento de retractación que le presentaba el arzobispo. Sin embargo, el rey no cumplió su palabra y no le perdonó, a pesar de que el arzobispo se dirigió a él para recordarle que había empeñado su palabra delante del prisionero.

En 1832, llegó un nuevo alcaide a la fortaleza de Peñíscola y comprobó el lamentable estado en que se encontraba este preso, harapiento, con una barba canosa hasta la cintura y sin apenas poder hablar. Así que dirigió un escrito al rey para ver si, en razón de la mala salud del preso, debido a su largo encarcelamiento y a su avanzada edad, se le podría aplicar un Decreto de Amnistía, que había otorgado el rey recientemente.

Al no obtener contestación, insistió en otro escrito al Gobierno, a comienzos de 1834. Como el rey había muerto unos meses antes, el presidente del Consejo de Ministros, antes de tomar medida alguna, consultó este asunto con la Regente María Cristina, y ésta, que nunca había sabido sobre este tema, le otorgó el perdón, por lo que el preso fue puesto en libertad.
Ya sólo se sabe que tuvo un modesto cargo en la Catedral de Cuenca y murió en 1837 a los 70 años de edad.

En el archivo general del Ministerio de Justicia en Madrid, un sobre lacrado, con la indicación de “Reservadísimo” y que iba dirigido al confesor del fraile, incluye una carta fechada el 20 de junio de 1827 en la que Fray Juan de Almaráz dice lo siguiente:

«Como confesor que he sido de la Reyna Madre de España (q. e. p. d.) Doña María Luisa de Borbón. Juro imberbum sacerdotis cómo en su última confesión que hizo el 2 de enero de 1819 dijo que ninguno, ninguno –se repite en el original– de sus hijos y [sic] hijas, ninguno –de los catorce que tuvo– era del legítimo Matrimonio; y así que la Dinastía Borbón de España era concluida, lo que declaraba por cierto para descanso de su Alma, y que el Señor la perdonase.
Lo que no manifiesto por tanto Amor que tengo a mi Rey el Señor Don Fernando VII por quien tanto he padecido con su difunta Madre. Si muero sin confesión, se le entregará a mi Confesor cerrado como está, para descanso de mi Alma. Por todo lo dicho pongo de testigo a mi Redentor Jesús para que me perdone mi omisión. Roma, 8 de enero de 1819. Firmado Juan de Almaraz».
También dice que la reina le encargó que revelara ese secreto tras su muerte.

Si se hubiese confirmado lo dicho por la Reina María Luisa, que ninguno de sus hijos los engendró Carlos IV, se hubiese puesto en duda la legitimidad de los Borbones posteriores y en peligro a la monarquía española.

ROSA M. CASTRO

 

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