ES LA ECONOMÍA, ESTÚPIDOS

La misma definición de “política” resulta compleja y a lo largo de la historia, pensadores y filósofos han descrito la palabra con términos opuestos. Quizás la definición más gentil sería “la actividad, en virtud de la cual una sociedad libre, compuesta por personas libres, resuelve los problemas que le plantea su convivencia colectiva”.
Así pues, la acción de la política debería ser considerada casi como un arte al que deberían ser subordinados todos los demás conceptos importantes en la organización social, tales como la economía.

Alguna vez fue así, pero francamente, no alcanzo a recordar cuándo y lo cierto es que la acción política ha quedado relegada al rol de hija bastarda de la economía, que es la que realmente marca la actualidad de las sociedades.
Seguir manteniendo posiciones políticas hoy en día, ya sean de derechas, de izquierdas o de ese invento eunuco indefinido que se hace llamar “centro”, es sencillamente una representación teatral indigna de pasar de corrala de Tirso.
La política, sencillamente, no existe.

Es justo reconocer que los poderes financieros (¡ah!, pero ¿existen otros?) están terminando de ajustar un eficaz y asfixiante sistema de clientelismo del populacho donde la zanahoria del estado del bienestar, arteramente colocada a un palmo del hocico del burro -huelga definir al burro- permite guiar mansamente a la manada por el sendero escogido.
Por tanto y analizando la coyuntura actual, lo verdaderamente razonable sería que las naciones fueran gobernadas directamente y sin personas interpuestas (políticos) por los tipos más ricos y nos dejáramos de jueguecitos electorales para ingenuos.

Estos días atrás y a cuenta de Grecia, habrán podido comprobar la existencia de temas en los que la unanimidad es total entre los medios de comunicación, sean del color que sean y consecuentemente, entre los atónitos espectadores.
Hemos asistido boquiabiertos al insólito quórum que bajo el axioma fatal “no hay vida fuera del euro” ha reducido a la categoría de orate a todo aquel disidente con la sociedad que la UE está imponiendo en Europa. Sin paños calientes, todo el que dude que en la fórmula “deuda, endeudamiento, deuda” está la salida de la crisis, es porque está como una cabra.
Y el pueblo acepta tales tesis, algunos por convencimiento -si lo afirma toda la clase política será porque es verdad-, otros por la apatía que se ha adueñado de la sociedad actual. Y la inmensa mayoría, porque no ven posibilidad alguna de revertir la situación. Conformismo, apatía y cobardía definen el momento actual. A esto hay que añadir el lamentable papelón que ha jugado Tsipras para reforzar la opinión generalizada: solo los locos están contra el binomio FMI-BCE.
¿Solo los locos?

Permítanme dos precisiones.

Paul Krugman, Premio Nobel de economía 2008 y con certeza el economista más unánimemente reconocido desde el mítico Keynes, lleva años vaticinando la debacle que el euro supondrá en las naciones del sur de Europa. A Krugman podemos añadir algunos nombres de “locos” con “cierto reconocimiento profesional “ como el profesor de Harvard Martin Feldstein, el profesor de Chicago y premio Nobel de Economía Gary Becker, los profesores Lester Thurow, Fred Bergstern o el economista español Martín Seco; solo por citar algunos “orates” con voz, digamos que, autorizada.

Sostiene Wolfgang Schäuble, el ministro alemán de finanzas y verdadero hombre fuerte del euro, que “los economistas americanos basan su discurso contra la moneda europea en el interés de proteger la propia”. Una barbaridad, como ahora demostraremos, pero primero veamos la curricula del ministro alemán.
En 2012 recibió el Premio Carlomagno (¿¿??) por “su contribución al fortalecimiento y estabilización de la Unión Europea”. Primer y único galardón de su carrera.
En cambio sí fue galardonado con la dimisión forzosa en el año 2000 -a causa del escándalo de financiación ilegal de la CDU, entre otras perlas quedó acreditado que había recibido dinero del traficante de armas Karlheinz Schreiber en 1994- de sus dos cargos, como portavoz del grupo y como presidente del partido, sucediéndole su secretaria, Angela Merkel.
Curiosamente, compagina su radical defensa de la divisa europea con su labor de organizador desde el 2006 de la “Cumbre de Integración” entre el gobierno alemán y las asociaciones de inmigrantes, con el objetivo de acordar un plan conjunto para facilitar la integración de los inmigrantes en Alemania.
Cuando este señor afirma que los economistas americanos solo defienden la hegemonía del dólar, olvida que un euro débil y poco creíble haría aumentar la cotización del dólar y perjudicaría la exportación americana a la Unión Europea, mientras que un euro fuerte deja a la industria estadounidense en una posición competitiva que favorece sus exportaciones.
En realidad, los argumentos de Krugman y compañía son mucho más razonables que la terquedad que manifiestan Schäuble y Merkel.

Gary Becker dixit, “Fomentar la competencia entre monedas. El tipo de cambio es quizá el valor más importante de la economía. Al privarse de él, se priva de un elemento esencial de ajuste: se elimina la oportunidad de ajustar los tipos de cambio de las divisas a las distintas circunstancias que existen en la Unión Europea, dejando todo el peso del ajuste al mercado de trabajo. Un mercado de trabajo rígido en una sociedad rígida, con poca movilidad laboral. Nosotros tenemos una moneda común, pero también una fuerza laboral que se traslada fácilmente de un Estado a otro. Europa no es así”.
Bien, según parece, pese a todo, el señor Schäuble coincide con la afirmación del profesor Becker ya que está tomando las medidas oportunas para “flexibilizar” el mercado laboral a través de la “integración”, es decir el forzoso abaratamiento de la mano de obra, vía inmigración.
Bonito panorama para el obrero europeo.

Segunda precisión. Y ésta se la prometo mucho más corta.
Dominique Strauss-Khan, Rodrigo Rato, Cristine Lagarde (recientemente imputada por el “Caso Tapie”), son los nombres de los últimos delincuentes y presidentes del FMI.
¿Quiénes son los locos? .

Puedo estar equivocado, pero yo no creo en el euro.
Y loco…¡tu padre!

LARREA    JUL/2015

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