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ESA ENFERMEDAD MENTAL LLAMADA LUDOPATÍA

 

“El otro día gané 600€ con dos partidos, menudo chollo esto de las apuestas”.

“Yo solo echo unos euros para ver el fútbol con más emoción”.

“¿Ludópata? Yo no soy ludópata, casi siempre gano”.

¿Cuántas veces has escuchado estos mantras de boca de un familiar o conocido? ¿Cuántos anuncios de apuestas te toca tragarte cada vez que escuchas un partido de fútbol por la radio? ¿Cuántos salones de juego veías en tu barrio hace 10 años y cuántos ves ahora?

El negocio de las apuestas avanza imparable entre los jóvenes y los no tan jóvenes con el único objetivo de engrosar las arcas del Estado vía impuestos. ¿Las consecuencias? Infinidad de nuevos enfermos mentales que han derivado en la cleptomanía destruyéndose a sí mismos, y lo peor de todo, también a sus familias.

Cuando yo era pequeño, mi padre, sin incidir explícitamente en el tema, me hizo ver que los salones de juego eran sitios donde se reunían los apestados sociales. Ahora, ocurre que durante el año pasado al menos un 6% de la población española se ha jugado dinero en un salón de juegos. ¿No parece demasiado, verdad? Pues si sumamos la primitiva, el euromillones y las apuestas de la ONCE, nos encontramos con un 80% que al menos jugó a algún juego de azar.

¿Qué hace el Estado para contrarrestar esta incitación masiva al juego? Obligar a los salones de juego a colocar un cartel que reza ‘juegue responsablemente’. Sí, con un juegue responsablemente en la puerta, todo vale. ¿Controlar la entrada en cada salón de juegos mediante una regulación estricta y una limitación de la publicidad en horario infantil y en medios como la radio o la TV? No hombre no, no vayamos a perder potenciales ludópatas que contribuyan a engrosar las arcas del Estado con su jornal, o incluso con su subsidio (jé, será casualidad que los días 10 y 25 de cada mes son los que más afluencia tienen los salones de juego).

No se trata de prohibir el juego a golpe de decretazo, se trata de utilizar la ingeniería social, de forma graduada y sectorial, para un bien común, con el único fin de generar repulsa a dicho submundo y todo lo que le rodea de forma que el fenómeno se reduzca notoriamente. Se trata de regular las entradas a los salones de juego de forma estricta, pero es que hoy en día, ni tan siquiera puede uno autoprohibirse de dichos lugares, dado que nadie regula la entrada y salida de los salones de juego, siendo sólo aplicable en el ámbito del juego online y de los salones de bingo. Se trata de prohibir rotundamente la publicidad de apuestas en televisión, radio y paneles publicitarios. Se trata de dejar de adulterar y desnaturalizar el visionado de cualquier evento deportivo, de que vuelva a tener sentido ver un partido de fútbol sin necesidad de apostar.

Pero claro, es más probable que caiga un meteorito en la Moncloa, que un Estado tan podrido se atreva a ponerle trabas a un negocio del que en un sólo trimestre ya recauda Hacienda 12 millones netas, y que el año pasado obtuvo un balance positivo de 1800 millones de euros.

Ante esto, lo único que queda es propagar el repudio social hacia este submundo, que no al ludópata. Al ludópata se le debe de tratar de contagiar tal repudio, es la única forma de ayudarlo.

JORGE MARTÍNEZ

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