ESCRITOS SOBRE LA MASONERÍA

“No existe en la Masonería una iniciación real y experimental, sino de vestigios decrépitos y de un ritualismo artificial e inoperante, por no decir, mucho peor”. (Julius Evola, “El Arco y La Maza”, 1968)

“Se debe pues pensar que se trata aquí de un proceso de involución llegado a un punto tal, que tras la retirada del principio animador originario de estas organizaciones, pudo producirse, una verdadera inversión de polaridad… Todo sucede como si fuerzas habiendo escapado de manos de quienes les habían invocado, dando lugar a procesos que han conducido a direcciones muy diversas de las que perseguían los fines originarios, en un juego de acciones y reacciones, y de choques con retroceso”. (Julius Evola, “El Misterio del Grial y la Tradición Gibelina del imperio”, 1937)

Estamos ante una recopilación de escritos que sin pretender ser exhaustiva, Julius Evola dedicó sobre el escabroso tema de la Masonería, organización subversiva y claramente disolutoria cuyos métodos, formas y maneras de actuar y de accionar sumamente corrosivos, nos han llevado a la actual locura mundialista y globalizada, a la actual pseudo-civilización materialista y sin alma, a lo que algunos plutócratas tan devotos y amantes de la atroz aberración liberal-capitalista de nuestros días han calificado como el “final de la Historia”, cuando realmente estamos en los momentos terminales y crepusculares de todo un Fin de Ciclo: LA EDAD MÁS OSCURA; algún autor incluso, quizás de forma un tanto exagerada, ha llegado a decir que la Masonería es el “motor de la historia” (de la moderna se entiende)…

La Masonería moderna inicialmente tuvo un carácter claramente reservado y secreto, y aunque hoy ya todo el mundo hable de ella como si se tratara de una especie de inofensiva ONG presuntamente “caritativa” y “altruista”, y que haya pasado a convertirse en una institución más (aunque muy importante e influyente) del actual Sistema tiránico pasando a ser su accionar en “discreto”, no por ello ha perdido su carácter SINIESTRO y claramente diabólico.

Históricamente hay que distinguir dos Masonerías, la operativa y la especulativa. La operativa tuvo un carácter tradicional y era una organización iniciática de artesanos y de constructores; fueron ellos los grandes inspiradores y representantes de la bella y fascinante arquitectura gótica del Medievo, además estuvieron muy ligados a las grandes Órdenes de Caballería, especialmente la de los Templarios. El carácter simbólico y sagrado que ellos daban al trabajo de la piedra, era similar al que los alquimistas efectuaban mediante el trabajo con los metales; el fin en ambos casos era la perfección, “la Obra Bien Hecha”. El carácter iniciático y reservado de sus ritos y estructura interna evidentemente despertaron el recelo, la incomprensión y hasta el odio de una Iglesia cada vez más ganada por la aberración güelfa y sus pretensiones puramente temporales (y eso que Cristo dijo “mi Reino no es de este mundo…”), como así ocurrió también con otros estamentos u organizaciones inspiradas en el gibelinismo imperial y metafísico. Las condenas de una Iglesia cada vez más corrompida por las pretensiones temporales de sus Papas y su oposición al carácter divino y sagrado del Sacro Imperio Romano-Germánico al que veía como gran rival en este mundo, hacia la poesía trovadoresca, de carácter fundamentalmente simbólico e iniciático (recordemos la condena eclesiástica hacia la obra del gran Dante), hacia las Órdenes de Caballería en general (recordar que antes de la condena y destrucción de la Orden del Temple en el Siglo XIV, ya en el Siglo XIII las Órdenes de San Juan y la de los Teutónicos fueron acusadas de “herejía”), hacia verdaderos místicos e inspirados de la propia Iglesia, etc, hicieron que el fabuloso edificio del Medievo Gibelino se viniera abajo en un momento en el que parecía que Europa se encaminaba a alumbrar a una de las más grandes civilizaciones de la Historia de la humanidad. Estamos pues ante una de las grandes revoluciones subversivas y anti-tradicionales que fueron génesis o semilla de la actual monstruosidad y anomalía moderna. Podríamos considerar al “teocratismo güelfo” y su lucha y oposición contra el Emperador Sagrado, es decir el que debería aunar en su persona los dos poderes -espiritual y temporal, la Contemplación y la Acción- como en todas las grandes civilizaciones indoeuropeas, como el antecedente directo del protestantismo, y con éste y su concepción liberal del “libre examen”, el inicio de la disgregación y disolución del Sacro Imperio así como del nacimiento del liberalismo burgués y capitalista (el “éxito” en este mundo, sobre todo en la vida material o en el mundo de los negocios como afirmaba la aberración protestante). Es aquí donde comienza el inicio de la otra Masonería, la especulativa. O mejor dicho, la subversión paródica y caricaturesca, la transformación o metamorfosis involutiva de la Masonería operativa en la puramente especulativa y moderna. En la Masonería moderna se seguía utilizando los mismos símbolos tradicionales ligados al arte constructivo, pero ya vacíos de verdadero significado metafísico y tradicional, los artesanos y constructores pasaron a ser poco a poco sustituidos por farsantes, “intelectuales” de diverso pelaje cuando no de meros maniobreros políticos con pretensiones revolucionarias y odio contra el orden tradicional -ya venido a menos- establecido: el Imperio y la Iglesia.

Aunque como hemos dicho la Masonería subversiva y anti-tradicional tuvo sus antecedentes, el nacimiento “oficial” de la misma se sitúa en Inglaterra (la gran enemiga tradicional de Europa por otro lado) en torno al primer cuarto del Siglo XVIII, concretamente la Gran Logia de Londres fundada en el 1717, y estamos ya ante una institución claramente burguesa y liberal (“librepensadora”), emanada o ligada a la herejía protestante que de hecho sirvió de caldo de cultivo de la misma. Las revoluciones modernas claramente subversivas y anti-tradicionales inglesa (1688), norteamericana (1776) y francesa (1789), hijas todas ellas del pensamiento protestante como dijera José Antonio Primo de Rivera, iniciaron definitivamente el proceso de descomposición, disgregación y desintegración de la ecúmene europea y su proceso de caída por la pendiente en el que estamos; sin duda en el origen y desarrollo de todas ellas estuvieron presentes o inspiraron e influyeron los mismos personajes o fuerzas disolutas que nos llevaron a todo esta espiral demónica de decadencia: Güelfismo/Protestantismo/Masonería especulativa, ello con todas las emanaciones de doctrinas, teorías, organizaciones o movimientos que dicha espiral infernal alimentó, sobre todo tras el derrumbe de los fundamentos reales y espirituales del Sacro Imperio que llevarían a la atomización y disgregación europea con la maldita “constitución de las nacionalidades” .
Como dijo Benjamín Disraeli , el que fuera Primer Ministro del Reino Unido en el Siglo XIX ( y judío por cierto), “el mundo está gobernado por personajes muy diferentes de los que imaginan los que no están entre bastidores”; y esto nos permite entrar en otro tema aunque con ello muy relacionado…

La historiografía oficial del Sistema y de su odiosa propaganda siempre cuando hacen alusión a los hechos históricos como tales, hacen referencia a los hechos en sí y a sus protagonistas, nunca a “LOS QUE ESTÁN DETRÁS”, inspirando, influyendo, maniobrando “entre bastidores” para así conducir determinado proceso hacia unas metas ya determinadas y prefijadas con anterioridad, condenando por otro lado de “conspiranoicos” a los pocos espíritus lúcidos que son capaces de entrever la Gran Estafa o la “Gran Parodia” (René Guénon) en la que nos encontramos ante la imbecilidad generalizada y masificada. Es la teoría de la TRIDIMENSIONALIDAD DE LA HISTORIA de la que ya nos hablaba Julius Evola, a saber: los hechos históricos, sus protagonistas y los que manejan los hilos, generalmente éstos ocultos para la gran mayoría de los mortales (“el totalitarismo sin rostro” como lo denominó el gran periodista falangista Ismael Herráiz ya en la década de los sesenta del pasado Siglo)…

Julius Evola en esta recopilación de escritos y de artículos suyos sobre el tema, tiene muy claro el carácter enormemente subversivo, satánico incluso, que la Masonería ha jugado (juega) en el desarrollo de la Modernidad y de la parodia caricaturesca y grotesca de civilización que se levantó sobre las ruinas del Medievo y de su Sacro Imperio, una auténtica pseudo-civilización de esclavos como él la denominó. Aparte de jugar un papel decisivo en las revoluciones anteriormente citadas, así como en las del Siglo XIX, también estuvo entre las principales fuerzas inspiradoras que alumbraron las grandes aberraciones del Siglo XX: de las partitocracias burguesas y liberales, las dos guerras mundiales, la caída de los Imperios centroeuropeos, la constitución de la Sociedad de Naciones primero y de la O.N.U. después, la Segunda República española, estaría en los orígenes incluso del sionismo y de la revolución marxista, de movimientos pseudo o contra-espirituales como el espiritismo, el teosofismo, el antroposofismo o mismamente la hoy tan desgraciadamente famosa “New Age”, etc., todo ello para llegar al actual Nuevo Orden Mundial, la famosa “República Universal” de la que ya hablaban los famosos -y prohibidos- Protocolos y cuya meta precisamente también era y es la de la Masonería especulativa. Como dato curioso señalar que para la Masonería moderna la “Era de la Luz” comienza precisamente en el hemistiquio de 1945-48, es decir la etapa que va desde la Derrota de Europa con el final de la II Guerra Mundial y consiguiente victoria de las fuerzas de la subversión mundial, hasta el engendro de la “Declaración Universal de los Derechos Humanos” de la O.N.U.

Sin duda estamos ante otra inversión del simbolismo tradicional, ya que según los mitos y la teoría de los Ciclos Cósmicos actualmente estamos precisamente desde el punto de vista espiritual en el Kali-Yuga o Edad Más Oscura, en su fase más terminal, aterradora y apocalíptica para ser más concretos, no hay nada más que ver el ritmo cada vez más creciente y veloz del proceso de descomposición a nivel mundial de los hombres en general, de las sociedades, de los Estados, etc. Como dijo René Guénon en “La Crisis del mundo Moderno”: “el que desencadena las fuerzas brutales de la materia perecerá aplastado por esas mismas fuerzas, de las cuales ya no es dueño cuando las ha puesto imprudentemente en movimiento, y a las cuales no puede jactarse de retener indefinidamente en su marcha fatal; fuerzas de la naturaleza o masas humanas, o las unas y las otras todas jun-tas, poco importa, son siempre las leyes de la materia las que entran en juego y las que quiebran inexorablemente a aquel que ha creído poder dominarlas sin elevarse él mismo por encima de la materia”. El hombre moderno, una auténtica perversión del Hombre de la Tradición, es igual al hombre insensato (léase democrático…) del que habla el Evangelio, “que edificó su casa sobre arena. Cayeron las lluvias, se precipitaron los torrentes, soplaron los vientos y sacudieron la casa: ésta se derrumbó, y su ruina fue grande” (Mateo 7, 24-27), y el final catastrófico y entre terribles convulsiones de la Modernidad, está muy cerca, quizá más de lo que pensamos…

FUERZA HONOR Y TRADICIÓN

Joan Montcau

 

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