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ESPAÑA, ¿“ABORREGADA”?

 

España, más que una “dictadura perfecta” conformada por los partidos políticos, y oligarquías económicas, ¿es una nación aborregada? Hemos olvidado la historia, repleta de conquistas y luchas, con valerosas acciones de nuestros ancestros que marcaron hegemonía en las historias de las naciones. No se trata, por tanto, de seguir teniendo espíritus de conquistas y colonialismos. Se trata de la decencia y dignidad de nuestro pueblo. La fuerza y no el derecho, como ha venido ocurriendo a lo largo de nuestra historia, ha sido uno de los referentes que más han influenciados y constituidos en las formas y estilos de gobernarnos.

Cuanto ha sucedido hasta hoy, y a partir de los primeros elementos históricos con que contamos, es fruto de una evolución natural y espontánea, tórpida y desordenada, de nuestra sociedad y sus dirigentes. Sin embargo, a nadie y a todos podría culparse de los distintos sistemas políticos, económicos y sociales que se han sucedido a lo largo de nuestra historia moderna. Por lo tanto debemos dar la razón al insigne escritor, Aldous Huxley, cuando escribió y esbozó la idea:

“Una dictadura perfecta tendría la apariencia de una Democracia, pero sería básicamente una prisión sin muros en la que los presos ni siquiera soñarían con escapar. Sería esencialmente un sistema de esclavitud en el que gracias al consumo y el entretenimiento, los esclavos armarían a su servidumbre.”

Y efectivamente España es hoy, fiel reflejo y espejo de las aseveraciones de A. Huxley. Todo cuanto nos sucede en la actualidad, es consecuencia de nuestras propias debilidades con excesivas y omnímodas confianzas, por creer que son otros los que solucionaran los graves problemas que venimos padeciendo, con recortes y deterioros en los servicios públicos, despilfarros, abusos de poder, paro, bajos salarios, inmigración descontrolada, y pensiones de miseria. Aumentos de los impuestos, para mantener un monstruoso Estado de las Autonomías, mórbido y obeso que no podemos seguir costeando ni manteniendo, con más de medio millón de políticos, en su mayoría cobrando muy por encima de cualquier salario en los sectores privados; fraudes a las arcas públicas, evasión de capitales, empresas públicas deficitarias, improductivas, nidos de enchufados de políticos, malversación de fondos públicos, tráfico de influencias, puertas giratorias, afán recaudatorio, sin justificación alguna, aumentos de las multas de tráfico por pequeñas y leves infracciones, sin la más mínima consideración en fallos humanos, encarecimientos y recortes en los servicios de asistencias y sanidad, falta de vigilancia policial, nula seguridad ciudadana, robos, saqueos y expolios, con aumento de la delincuencia, tráfico de drogas, y armas, crímenes y asesinatos, desapariciones de persona, con proliferación de organizaciones y bandas de malhechores del hampa más despreciables, sin que se adopten la medidas pertinentes para su erradicación, pornografía infantil incontroladas en las redes, y un largos etc. etc., con enorme falta de responsabilidad, moral y ética de nuestros gobernantes políticos, obsesionados única y exclusivamente con su bienestar particular.
Todo ello lo vemos todos los días en los medios informativos, ¿o desinformativos?

Ante tales acontecimientos de malestar, desorden, convivencia incívica, corrupciones políticas y públicas, los ciudadanos decentes con conciencia y decoro no podemos seguir siendo ajenos mirando a otro lado, sin que por ello podamos perecer en los intentos de enmendarlo, pues con nuestro silencio, desidia y en cierta manera complicidad, se agravara mucho más el futuro que nos amenaza.

Por ello, nuestra responsabilidad y deber como ciudadanos es exigir, reclamar, demandar y denunciar a los poderes políticos, públicos y los medios de comunicación politizados, claro cuando les conviene para llenar sus arcas de dinero, ante tanta ineficacia, irresponsabilidad, dejadez y faltas de proyectos y horizontes con alturas de miras, como dice el refrán:
“A río revuelto, ganancia de pescadores”

“Queremos y pedimos la aplicación de las penas más rigurosas para aquellos que especulen con la miseria del pueblo.” (Ramiro Ledesma Ramos)

J. COLOMINA

 

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