ESPAÑA, EN EL LODAZAL

 

No soy catastrofista. No debo serlo. Entre otras cosas porque ello conduce a la desesperanza, y la esperanza nunca se debe perder. Siempre queda algo por hacer para enderezar una situación. Pero echando un somero vistazo a los acontecimientos últimos en nuestra Patria no me queda otra: España está en el lodazal.

A esta visión contribuye la existencia de un gobierno de derechas ineficaz, sin una idea clara de lo que quiere para España ni de lo que es España, instalado en la corrupción como sistema de gestión de lo público y perdiendo, gota a gota, cualquier resto de credibilidad ante los españoles, incapaz de haber atajado el desafío separatista en Cataluña, sin valor para recuperar el control de Educación, Medios de prensa públicos y Policía autonómica, y no digamos ya el control de la Autonomía o la suspensión de ésta, sumido, si no sumado, en los valores del marxismo cultural, los que ha abrazado sabiéndolo o sin saberlo en su afán de ser más progre que los otros, o quien sabe ya, siéndolo.

De la obligación del gobierno inútil en cuanto respecta a vivienda digna, trabajo, empleo, mantenimiento y mejora de la Sanidad pública y del sistema de pensiones, ni hablamos. Del hecho de haber rescatado Bancos aprovechando que la opinión pública está distraída con encuentros de fútbol, manifestaciones de todo tipo, asesinato de una criatura inocente y muerte natural de un ilegal, pues tampoco conviene hablar, no sea cosa que no se nos homologue con el pensamiento que se nos impone como único y verdadero.

El partido del gobierno parece estar más preocupado por subirse al carro de las imposiciones feministas más radicales en esa fecha en que todos nos quedábamos acojonados por la sarta de sandeces que en hechos, intenciones y lenguaje se expresaron algunas el pasado 8 de marzo con el beneplácito de todos los partidos del sistema, que por procurar al pueblo español algo tan sencillo como pan, trabajo y dignidad nacional.

El principal partido de la oposición –al menos hasta ahora, ya que parece que el partido de la Banca viene tomándole la delantera- tampoco me deja más tranquilo. El Partido ni socialista, ni obrero, ni español está tan absolutamente ido en su afán de recuperar el poder, cosa que no acierta ni por equivocación, que hasta alguno de sus próceres dirigentes en tiempos pasados le hace guiños a Ciudadanos –perdón, el partido de la banca- para que le dejen un hueco en sus poltronas. No parece que vaya a ser solución en un futuro cercano de los problemas de España, ni intrínsecamente lo podría ser aunque recuperara su posición perdida y su credibilidad en las logias que le habrían de aupar.

El resto de gobernantes -¿hay resto?, más bien parecen una banda de política ficción, más cerca de la figura “dels Enfarinats”, de Ibi, que de unos verdaderos gobernantes. Y no menos que los antes citados, quede claro.

¿Cómo puede pretender una Nación, a la que le han asesinado a una criatura de ocho años, que nació tras salvarse de las políticas de anticoncepción, de nulas ayudas a la natalidad y de las facilidades para el aborto, ni siquiera poder mostrar toda su rabia, dolor e indignación, al margen y más allá de las condiciones de todo tipo de la asesina (ya no presunta, puesto que ha confesado su crimen)?. ¿Qué clase de lobotomía social han experimentado con nosotros para conseguir que los propios padres de esa criatura inocente exhortasen a sus compatriotas prácticamente a considerar que pelillos a la mar, que aquí no ha pasado nada?. O como alguna voz indigna que ha escrito algo así como “pobrecita mujer, con lo que ya ha sufrido en esta vida”, por no hablar de la pretensión de ésta de que lo mató en defensa propia . Pues yo siento rabia, dolor e indignación (por dejarlo solo ahí). Porque el daño no solo se le ha hecho a la propia víctima y a sus familiares, sino a todos los Españoles, ya que se nos ha privado de un compatriota, promesa de hombre de bien para nuestro pueblo.

Y ya más reciente, lo que hace aumentar la desazón y la creencia en el enunciado del presente texto, los hechos de ayer noche y esta mañana en el madrileño barrio de Lavapiés. ¿Cómo se puede permitir la Alcalde Carmena decir que va a abrir una investigación para considerar si su Policía Local ha tenido intervención en la muerte del senegalés a quien se le paró el corazón en plena calle, desdiciendo lo expresado por dicho cuerpo policial que apunta a una muerte por causas naturales?. ¿Cómo se puede dejar un barrio madrileño a merced de bandas de negros (lo siento, son de este color, como del mismo color es la asesina de Gabriel) dedicadas, en una asunción o deseo de que la muerte hubiese sido causada por la Policía para justificar esa explosión de odio, a destrozar mobiliario público y a incendiar bienes inmuebles privados ayer noche?. ¿Cómo la Sra. Delegado del Gobierno, ya esta mañana, puede consentir que la Policía Nacional se juegue el tipo frente a una turba agresiva y violenta y no cumpla su misión sino tras recibir todo tipo de provocaciones, empujones, insultos, pedradas, mesas y sillas sobre sus cabezas, todo esto ante las cámaras de televisión?. ¿Dónde queda el principio de autoridad y el del legítimo uso de la fuerza, ante los ojos de los propios transgresores de la ley y ante los ojos de los que la cumplen?. De ahí al caos solo queda un trecho bien corto.

Y aquí no acaba todo. Este proceso de descomposición nacional, tanto política como fáctica, va a seguir a ritmo vertiginoso. No es casual, sino premeditado.

A menos que España despierte y saque sus pies del barro. ¿A qué esperamos?.

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16 de marzo de 2018
Día de San Ciríaco

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