ESPAÑOLES EN LOS CAMPOS DE STALIN

Al término de nuestra Guerra Civil se encontraban en la URSS cerca de 4.200 republicanos (entre ellos los 2.982 “niños de Rusia”) entusiastas pro soviéticos, la mayoría de los cuales descubrirían muy pronto que el pregonado paraíso comunista no era más que un infierno.
De hecho, las deportaciones al GULAG fruto de la paranoia intrínseca al aparato represivo estalinista y de las purgas entre las propias facciones de los capitostes comunistas patrios exiliados no se hicieron esperar, siendo obligados en la mayoría de los casos a trabajar tal que si de mano de obra semiesclava se tratara (caso de los trasladados a un gigantesco canal que se estaba construyendo entonces junto al río Yenisei).
Mención aparte merecen los 372 voluntarios españoles enrolados en la División Azul capturados por el Ejército Rojo, quienes pasarían un auténtico calvario en los campos concentracionarios de Borovichí y Makarino, donde a partir de 1947 coincidirán con algunos de los prisioneros republicanos anteriormente citados.
Allí, en medio de unas espantosas condiciones penitenciarias, el hecho de ser todos ellos españoles pudo más que sus diferencias ideologicas y, en ese sentido, unos y otros acabarían hermanados frente a sus brutales carceleros bolcheviques, al punto de protagonizar conjuntamente varias huelgas e incluso motines.
Sometidos a todo tipo de vejaciones, empero unidos (salvo los inevitables esquiroles) aguantaron como jabatos hasta que, a la muerte del genocida georgiano en marzo de 1953, serían por fin liberados, llevados al puerto de Odessa, embarcados con rumbo a España en el famoso buque (fletado por Grecia) Semíramis y recibidos por una multitud entusiasta en el puerto de Barcelona el 2 de abril de ese año.
Un episodio revelador de la dureza del soldado hispano amén de un temprano ejemplo de reconciliación entre las “dos Españas”, no por casualidad ocultado hoy día por los muchos sinvergüenzas que chapotean en el fango de la memoria histórica a fin de que odios ha mucho tiempo cerrados resuciten para servir así a espurios intereses crematísticos y/o electorales.
NO NOS ROBARÁN LA HISTORIA NI LA MEMORIA.

Cachús

 

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