EL ESPÍA QUE SURGIÓ DEL FRÍO (TOLEDANO)

“Son una lamentable procesión de memos, vanidosos y traidores, además: maricas, sádicos, borrachos, gente que juega a pieles rojas y cowboys para iluminar sus putrefactas vidas”.

No lo digo yo, lo hace Le Carré por boca del agente Alec Leamas y la opinión vertida es acerca del propio gremio: los espías.
Parece ser que medio centenar largo de delincuentes catalanes fueron espiados por el Estado durante el tiempo en que se gestó, desarrolló y finalmente produjo la sedición contra la unidad española.
Bueno, ¿y qué?.
Éste es el resumen, conciso y concreto. Para otros análisis más floridos el lector puede dirigirse a cualquier columnista del imaginario progre donde será obsequiado con todo tipo de situaciones de estrambote ribeteadas por los tópicos habituales de libertad, fraternidad y mezquindad.
El Estado tiene todo el derecho, empero el deber, de defender la Patria con uñas y dientes contra cualquier agresión, ya sea externa o interna.
Dicho esto, el problema viene cuando los Gobiernos (que son estamentos transitorios) suplantan la personalidad jurídica del Estado arrogándose atribuciones de dudosa legalidad.

Corría noviembre del 2009 y en la Sesión de Control al Gobierno, Rubalcaba a la sazón Ministro del Interior, decía al diputado conservador Floriano: “Oigo todo lo que dices y veo todo lo que haces”.
No era un farol: el Gobierno socialista había puesto en funcionamiento el Sistema Sitel (que por cierto había sido adquirido a la multinacional japonesa Fujitsu por Aznar), un Programa de interceptación integral de las comunicaciones.
Sitel pronto quedó obsoleto y tras éste llegaron otros, hasta el día de hoy que los que lo petan son los judíos con el Pegasus, un sistema full equipe que hasta dicen los que entienden puede oler las ventosidades del somé y desglosar lo cenado según la intensidad del cuesco.

La Ministro Robles se llama andana y responde con el chiste clásico:
-Perdone, ¿es usted espía?
-Ah!….
Muy graciosa Margarita, pero en realidad su cargo no es un personaje de novela negra de John Le Carré y en beneficio del Estado debería usted haber salido al paso de la duda con una declaración firme de que cualquier operación habida cuenta y contará con el beneplácito de otro de los Poderes: el Judicial.
No creo que tal reconocimiento fuera a comprometer la vida de ninguno de sus “Mataharis” al otro lado del Telón.
Aunque claro, abrir ese melón tiene riesgos, como que cualquier aburrido se pregunte por los espías clásicos de Aquí, y acabe escarbando en la procelosa vida del tenientillo Paredes Laina, aquel tipejo que tomara su taxi en Talavera de la Reina una noche calurosa y oscura de julio de 1939.

LARREA  ABR/2022

 

 

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