¿ESTAMOS CIEGOS LOS NS?

Hace poco un excamarada me preguntaba si no veía que en mi línea claramente nacionalsocialista no había ninguna posibilidad de revolución contra el Sistema.

Es increíble, porque mil veces he escrito que veo muy bien, claramente, que no hay ninguna posibilidad de una verdadera revolución anti sistema, a medio plazo por lo menos. No estoy ciego, al contrario, precisamente porque no hay posibilidad para una revuelta nacionalsocialista ni de otro tipo capaz de derribar el sistema democrático-progresista actual (o sea esa mezcla repugnante entre el capitalismo global y los anti valores del progresismo salidos de un lejano y olvidado marxismo), por ello no veo motivo alguno, ni siquiera inmoral, para renunciar a ser nacionalsocialista, al contrario veo los motivos necesarios para mantener más que nunca la acción como nacionalsocialistas.

 

LA VISION CLARA

Lo primero es entender en qué momento histórico estamos y ver si es o no un periodo pre revolucionario, si las masas desean un cambio de sistema, si hay condiciones para ello, etc.

Otra cosa es una invasión, una imposición de fuerza o una amenaza externa militar. En ese caso no se trata de una revolución.

Hoy por hoy no veo fuerza capaz de derrotar el poder militar y mediático del sistema, al menos a medio plazo. Hablo siempre de medio plazo porque no juego a ser adivino, y a largo plazo solo las pitonisas pretenden engañar al público.

Tampoco hemos de confundir una revolución para cambiar el sistema con las luchas por el ‘poder’ dentro de un sistema. Stalin y Trotsky hicieron todo tipo de intentos de lograr el poder entre ellos, pero no de cambiar el sistema. Lutero y el Papa se combatieron a muerte pero sus base de valores cristianos eran los mismos, aunque difirieran en diversos temas dentro de ello.

Podemos ver diferencias entre un Soros y un Trump entre Merkel y Salvini, entre Marine Le Pen y Macron, pero todos los que les votan aceptan y apoyan unos valores llamados ‘Pensamiento Único’, las masas que los soportan nunca denuncian la igualdad, la democracia partidocrática, la economía de mercado, el apoyo a todo un modo de ocio, pseudo arte y forma de vida, etc.

Por tanto, primero hay que definir si queremos o no una revolución o buscamos solo un reformismo dentro del sistema, un mero cambio de ‘personas en el poder’ o de orientaciones dentro de ese marco del sistema.

He comentado varias veces que todo periodo pre revolucionario se distingue por tres temas esenciales, que se han producido siempre:

– Las masas ven en los principios y valores del sistema el culpable de sus graves problemas personales.

– Se plantean nuevos valores que proponen soluciones reales a los problemas que el Sistema se ha mostrado reiteradamente incapaz de solucionar.

– Una parte importante de los dirigentes del propio sistema dejan de creer en ello y apoyan los nuevos valores ’revolucionarios’.

Como no somos ciegos, vemos perfectamente que no estamos en un periodo pre revolucionario.

Si alguien cree que sí lo estamos debe ir él, no nosotros, al oculista político.

 

¿Y EL REFORMISMO COMO MEDIO DE CAMBIO?

Asumiendo que no están ciegos los alternativos antinacionalsocialistas, sino que comprenden que no es posible una revolución a medio plazo (un largo medio plazo), el tema los recluye en el reformismo como camino ‘posibilista’.

Veamos que hay ejemplos históricos de reformistas que han ayudado a un cambio revolucionario posterior, pero siempre en un periodo ya pre revolucionario.

La Fayette o la Gironde, los que buscaban una monarquía constitucional, fueron necesarios para lograr al final el éxito de Roberpierre y la Montagne. Los mencheviques fueron los llamados ‘tontos útiles’ del bolchevismo. Gorbachov fue un reformista necesario para acabar con el comunismo, pero es que el comunismo estaba ya en decadencia total. Lo mismo que Suárez fue necesario para acabar con las resistencias finales franquista, que ya estaban más muertas aun que el comunismo.

Pero todos ellos actuaban ya en un camino pre revolucionario donde se cumplían las condiciones que anteriormente he citado. Los sistemas que querían reformar estaban ya decadentes y muchos de sus dirigentes eran los principales ‘revolucionarios-reformistas’.

Si hoy el sistema estuviera en ese estado, una Marine Le Pen podría ser la tonta útil para un cambio radical ya en ciernes, mientras los movimientos realmente revolucionarios podrían apoyar inicialmente su postura para debilitar al sistema moribundo, y conspirar para eliminar a esos reformistas lo antes posible y promover una revolución completa.

Pero el reformismo en un sistema relativamente estable y sin las condiciones pre revolucionarias, actúa en el sentido contrario: esteriliza los intentos revolucionarios, fortalece al sistema eliminando toda oposición real, reafirma las ideas y valores del sistema que los reformistas aceptan con solo cambios no esenciales, en una palabra el reformismo en un sistema estable ha sido siempre un camino de adaptación al sistema de gentes malcontentas, pero no revolucionarias en absoluto, estabilizándolo al dar salida a pequeñas modificaciones sin necesidad de cambiar los valores fundamentales del sistema.

Los que podrían parecer ciegos son los alternativos de salón que no ven cómo todos los cambios moderados y reformistas han acabado en la derecha del sistema, cada vez más integrados en su seno, renunciando a todo valor anti sistema. Cuando un movimiento realmente revolucionario ha tratado de lograr un mínimo éxito, el sistema ha generado SIEMPRE un partido reformista que le quita los votos y lo anula. La razón es que el partido revolucionario lo era en sus miembros y mandos pero los votos eran de masas adictas a los valores del sistema, pues no había un pueblo deseando otro sistema sino solo cambios politiqueros dentro de su forma de vida y valores.

 

EL PRECIO TERRIBLE DEL REFORMISMO

Pero lo peor del reformismo, de las alternativas basadas en un mero programa electoral, no es su degeneración a la derecha, a la izquierda o el daño que puedan hacer a los grupos realmente revolucionarios, sino algo mucho más destructivo: la corrupción de las ideas y la decadencia del estilo.

Es cierto que dañan al ámbito revolucionario, atraen a militantes con su canto de sirena de votos, cargos y actividad externa, haciendo que muchos NR y NS acaben sirviendo de machacas a grupos de derechas e incluso sionistas. Pero este hecho es poco importante, no viene de ahí, diríamos.

En cambio el daño más grave es que al traducir las ideas a un programa electoral, o sea adaptar las ideas al gusto del votante potencial, se producen una deformación absoluta e incoherente que poco a poco hace olvidar las bases reales revolucionarias incluso entre sus miembros más débiles atraídos por esos cantos de sirena electoralistas.

Normalmente se condena al racismo acusándolo de xenofobia o supremacismo, con lo cual la ‘identidad’ deja de tener sentido étnico y con ello de tener cualquier tipo de sentido.

La inmigración se condena por motivos económicos, religiosos o culturales, ignorando que es un producto del capitalismo, de la economía global, y de una destrucción intencionada de la identidad étnica.

Los temas como el arte basura actual no importan ni se tratan por no ser electoralistas, cuando es una herramienta esencial del sistema para destruir el estilo y los valores.

Se condenan las aberraciones sexuales pero no la aun mayor aberración de la forma de vida y ocio de la gente que el Sistema promociona.

Se especula con soluciones económicas como si fueran la panacea, cuando es todo el sentido actual de la economía lo que debe ser eliminado, la economía debería ser solo una mera herramienta de una voluntad de forma de vida, una cosmología. No hay economía mala sino en tanto no sirve para lograr una vida correcta en el pueblo.

Contra el separatismo se llega al centralismo, y viceversa, se confunde eso de la ‘ecología’ con el verdadero amor a la Naturaleza.

En realidad todos los temas se suelen tratar de forma equivocada e incoherente al pasarlos por el tamiz electoral con unas masas que viven como el Sistema ha propuesto.

Y peor parado acaba el sentido del Honor y el Estilo que se venden al voto y la presentabilidad social. No solo se ignoran a los héroes de la lucha contra el Sistema sino que no se quiere tratar ningún tema que ‘asuste’ a las masas, como los temas históricos o la mentalidad liberal-progresista en la forma de vida.

Al cabo de un tiempo esos alternativos lo son solo de temas politiqueros superficiales, votables, pero no esenciales, ni vivenciales, ni cosmológicos.

Pero ¿de verdad son ciegos los alternativos vendidos al voto y a los programas electorales? Creo que una buena parte de ellos no son tanto ciegos como cobardes o interesados. Unos temen la represión social y legal, y otros buscan cargos, sueldos, vender sus textos, ser medianamente aceptados, etc.

Como decía al inicio, ni siquiera siendo inmorales se gana nada, y se pierde todo lo esencial, el honor. Como decía Jordi Mota, no es que se vendan, es que se regalan.

He visto excesivos ejemplos para no distinguir entre los ciegos y los meros traidores.

BAU

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    1 thought on “¿ESTAMOS CIEGOS LOS NS?

    1. Éste es el mejor texto analítico de verdad y fiel a la realidad que he leído en muchos, muchos años. Sin embargo no contempla, ni de pasada, la posibilidad de que una sola chispa haga explotar el sistema por mera simpatía explosiva.

      La situación actual bien se parece a la descrita en el artículo, pero las soluciones históricamente válidas pueden no serlo ya, en este mundo tan diferente a los anteriores. Hoy, la información en tiempo real es una cualidad nueva ante situaciones parecidas históricamente, y bien utilizada, se puede convertir en un arma de destrucción masiva, porque ¿quién espera hoy la acción de un temerario? Nadie, ni los nuestros, por decirlo fácilmente, y puede que ahí esté la clave de todo.

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