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UN EXILIADO DE TERCERA. CARLES FONTSERÈ

 

“Eso es un mito urdido luego por gaullistas y comunistas. Había acuerdo, había colaboración. Por lo que yo vi ¡había 40 millones de franceses petainistas! Los alemanes respetaron al ejército francés y Pétain, con ese acuerdo, salvó París y a los franceses de la destrucción. Fue inteligente y sensato. Nunca tuve sensación de temor ante los alemanes y me cruzaba con ellos erguido, taconeando y con orgullo ¡Nada de esconderme y asustarme! Una noche, sí había toque de queda por la noche, me crucé con una patrulla alemana que me dio el alto. Yo saludé con el puño en alto diciendo ¡Red spaniard, I’m a red spaniard! he hice con los dedo el gesto de disparar y dije ¡Franco, pum, pum, pum!. Me sonrieron e incluso uno de ellos me saludó llevándose el puño cerrado a la frente. Los nazis respetaban más a los combatientes republicanos que a Franco. Admiraban cómo habíamos formado un ejército popular, cómo habíamos resistido durante tres años”

El mito al que se refiere es al de la llamada “Resistencia Francesa”

Cuando el libro entra en la vida diaria del París ocupado, la incredulidad aparece en el lector tras años de bombardeo mediático sobre lo malvados que eran los alemanes “Había muchísima vida cultural en el París ocupado. Jean-Paul Sartre empezó a ser conocido en esos años y Albert Camus salió expresamente de Argelia para presentarse en aquel París y estrenar sus obras con éxito. ¡Había mucha vida intelectual, artística y cultural en aquel París de la ocupación! Uno piensa que debía ser una vida activa clandestina, lejos de los alemanes, pero no “Los alemanes organizaban conciertos gratuitos por las calles de París y fomentaban estas actividades sin problemas. Yo llegaba de un piojoso campo de concentración y me topaba con música en las calles ¡maravilloso!”

Lo que sigue es de traca “Yo no exculpo a los nazis, sólo digo lo que sé, y la verdad es que Alemania representaba por entonces lo más vanguardista y avanzado de Europa. Sus gobernantes eran jóvenes, mientras los de Francia eran vetustos. Goebbels se equivocó: mientras los americanos hacían docenas de películas sobre pérfidos nazis encarnados por las mejores estrellas de Hollywood ¡los alemanes no hicieron ni una sobre los americanos! ¡Qué fallo de propaganda! También los juicios de Nuremberg fueron más propaganda que justicia. Ejecutaron a cuatro que no les servían ¡pero acogieron en Estados Unidos a científicos como von Braun”.

Pero Fontserè, pensará uno enseguida, ¡¡está usted hablando de los nazis!! “Los soldados alemanes entraron en París de la mano de los soldados franceses, y eran unos enamorados de París y la protegieron. La actividad económica no se alteró: había electricidad, teléfono…, todo. El jefe del Estado Mayor alemán en París, Hans Speidel, se reunía con artistas e intelectuales franceses como Cocteau, Guitry, Gallimard… Por la calle, los oficiales alemanes se bajaban de la acera para dejarte pasar. En los cinco años que estuvieron en París, jamás vi a un soldado alemán armado por la calle ¡No hacia falta! Repartían chocolate por las calles”

Un libro que sorprende por la versión de la “ocupación alemana” . Al final, pienso que en Francia juzgaron, humillaron y fusilaron a los “colaboracionistas” por cargo de conciencia de su propia y nada resistente actuación.
Otro detalle curioso es que Francia vendió miles de litros de vino al ejército alemán durante la ocupación…

EL CENIZO

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