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EZRA POUND, EL POETA MÁS PELIGROSO DEL SIGLO XX

 

“Cuando ya nada se espera personalmente exaltante,
mas se palpita y se sigue más acá de la conciencia,
fieramente existiendo, ciegamente afirmado,
como un pulso que golpea las tinieblas,
cuando se miran de frente
los vertiginosos ojos claros de la muerte,
se dicen las verdades:
las bárbaras, terribles, amorosas crueldades.
Se dicen los poemas
que ensanchan los pulmones de cuantos, asfixiados,
piden ser, piden ritmo,
piden ley para aquello que sienten excesivo.
Con la velocidad del instinto,
con el rayo del prodigio,
como mágica evidencia, lo real se nos convierte
en lo idéntico a sí mismo.
Poesía para el pobre, poesía necesaria
como el pan de cada día,
como el aire que exigimos trece veces por minuto,
para ser y en tanto somos dar un sí que glorifica.
Porque vivimos a golpes, porque apenas si nos dejan
decir que somos quien somos,
nuestros cantares no pueden ser sin pecado un adorno.
Estamos tocando el fondo.
Maldigo la poesía concebida como un lujo
cultural por los neutrales
que, lavándose las manos, se desentienden y evaden.
Maldigo la poesía de quien no toma partido hasta mancharse.
Hago mías las faltas. Siento en mí a cuantos sufren
y canto respirando.
Canto, y canto, y cantando más allá de mis penas
personales, me ensancho.
Quisiera daros vida, provocar nuevos actos,
y calculo por eso con técnica qué puedo.
Me siento un ingeniero del verso y un obrero
que trabaja con otros a España en sus aceros.
Tal es mi poesía: poesía-herramienta
a la vez que latido de lo unánime y ciego.
Tal es, arma cargada de futuro expansivo
con que te apunto al pecho.
No es una poesía gota a gota pensada.
No es un bello producto. No es un fruto perfecto.
Es algo como el aire que todos respiramos
y es el canto que espacia cuanto dentro llevamos.
Son palabras que todos repetimos sintiendo
como nuestras, y vuelan. Son más que lo mentado.
Son lo más necesario: lo que no tiene nombre.
Son gritos en el cielo, y en la tierra son actos.”
G. Celaya.

En 1943, Italia fue invadida por los aliados, y Pound fue entregada a las fuerzas estadounidenses en 1945, quienes pronto lo llevaron de regreso a casa para ser juzgado por traición. Mientras, en Italia su inhumano cautiverio transcurrió en una jaula colgada al aire libre. Una vez allí, fue declarado loco y enviado al Hospital St. Elizabeth. Su encarcelamiento duró cerca de trece años, pero no logró frenar su creatividad. Continuó trabajando en The Cantos, publicando dos volúmenes más de lo que se había convertido en la obra de su vida, y tradujo obras de poesía china.

Pound permaneció visible al público a lo largo de su tiempo en St. Elizabeth, ganando con gran controversia el Premio Bollingen, al tiempo que recibió visitas y mantuvo correspondencia con el mundo exterior.

El 18 de abril de 1958, Pound fue declarado no apto para ser juzgado, y todos los cargos en su contra fueron retirados. Entonces, como ahora, sin embargo, el estado mental de Pound fue causa de controversia significativa, y muchos cuestionaron si estaba realmente loco. En la década de 1980, una década después de la muerte de Pound, los psiquiatras publicaron una serie de artículos con acceso a los registros recientemente publicados, afirmando que, de hecho, Pound había estado cuerdo todo el tiempo.

“El caso Pound es uno de los ejemplos más antiguos y más flagrantes del continuo abuso de la psiquiatría en el sistema de justicia penal estadounidense. “Parece claro que un hombre, el Dr. Overholser, decidió que Pound no debía ser juzgado por traición y luego diseñó el testimonio que lo llevó a su internamiento en el hospital”, escribió el Dr. Fuller Torrey en un artículo de Psychiatry Today en 1981, sugiriendo que casi todos los médicos que examinaron a Pound lo consideraron sano.

Después de su liberación, Pound regresó a Italia, donde vivió hasta su muerte en 1972. Mientras estaba de vuelta en Europa, declaró públicamente que todo Estados Unidos era un “manicomio”, y realizó un saludo fascista en público varias veces. Pound fue un pionero de la literatura moderna que apoyó vocalmente la idea política más abominable del siglo veinte, un crítico reconocido que inspiró debates sobre la naturaleza misma de la cordura. Antes de morir, nunca terminó The Cantos, dejando atrás un trabajo extenso, impredecible e inclasificable que parece un testimonio preciso de su extraordinaria vida.

A.MARTÍN

.”..Hubo una hora iluminada por el sol, y los más altos dioses
no pueden jactarse de nada mejor
que de haber contemplado a su paso esa hora.”

EZRA POUND. MAESTRO

 


 

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