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FALSOS ÍDOLOS

“No adorarás a sus dioses, ni los servirás, ni harás lo que ellos hacen; sino que los derribarás totalmente y harás pedazos sus pilares sagrados”

Hay que destrozar en verdad los falsos ídolos de esta sociedad mediocre, porque somos idólatras como nadie en Europa. Somos el país con más operaciones de cirugía estética del viejo continente, así como los cuartos en el mundo. Podemos decir orgullosos que, aunque seamos colistas en educación, natalidad o fertilidad somos flamantes campeones en la adoración de cabestros dorados. Lo triste de España no es la incultura de la mayoría de sus gentes, que más o menos lo llevamos bien, sino el empecinamiento con el que algunos se rebozan cual cochinillos en el más profundo palurdismo. Así, cada generación supera a la siguiente en estupidez y degradación y entre todo esto, como causa y consecuencia paradójicamente, está el culto al cuerpo.

La herejía del culto físico es algo tan extendido que ha inundado playas, discotecas y gimnasios (curiosamente, las bibliotecas están a salvo) de hombres y mujeres que quieren hacer de su cuerpo algo impresionante para camuflar la pobreza de su alma. ¿Quién no ha visto a los neomariquitas de gimnasio, depilados, repeinaos y con ropa que les marque bien esos músculos que se tiran horas trabajando? ¿Quién no ha visto a esas chicas que se tiran horas de planning deportivo para llegar a ser, llegado el finde, la reina de las tarimas? El que haya veraneado en Gandia o Benidorm sabrá bien a qué me refiero. Son esclavos de su inseguridad y sus complejos. Vasallos de una moda antinatural.

¿Qué decir de las operaciones de cirugía? Antes, siempre decíamos que era en Brasil donde podías ver los bañadores más minimalistas y los senos más generosos y siliconeados. Pero es que en España se han llegado a gastar 900 millones de euros en cirugía. Las preferidas parecen ser las liposucciones, la abdominoplastia y la mamoplastia, seguidas por la cirugía facial.

Frente a todo este derroche de dinero, tiempo e idiotez, defiendo la salud frente a los cánones enfermizos de esta sociedad que se hunde sin remedio, valoro lo natural y funcional frente a lo aparente y artificial.

El deporte es necesario en la formación de las nuevas generaciones y en la educación general debido a los beneficios que conlleva; la disminución del riesgo de enfermedades cardiovasculares, de la obesidad, etc… El deporte, que no el gimnasio, enseña disciplina, superación, arrojo, perseverancia, prudencia y trabajo en equipo. Mantiene ágil y fuerte. Las diferentes modalidades deportivas no se hacen con fines estéticos, son funcionales. ¿De qué te sirven unos pechos más grandes que los de tu novia si después no tienes fuerza? ¿Para qué quieres unas extremidades monstruosas si te impiden moverte ágilmente? ¿Por qué iba a querer parecer Hulk si no puedo pensar coherentemente? ¿Quién querría convertirse en un yonki del gimnasio, o peor aún, de los esteroides?

Hay que arrasar con estos ídolos y con sus idólatras, con Mediaset y su telebasura de realitys de hormonados y hormonadas, Supervivientes, Mujeres y Hombres, etc… Estos ídolos débiles y falsos deben arder en las hogueras de Savonarola porque hacen creer a la gente sana que ellos (acomplejados y palurdos) son lo mejor de esta sociedad. El materalismo, el hedonismo y el cinismo no son dioses, son demonios. Sólo son, al fin y al cabo, mujeres y hombres de hojalata que lo único que anhelan es un corazón y un cerebro.

ARDITI

 

arditi7

 

 

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