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FASCISMO VS EXTREMA DERECHA

La ideología de la derecha actual y que juega en democracia está formada por miembros con ideas liberal-conservadoras; sin embargo continuamente es atacada con el mantra y el insulto personal de “fascista” a poco que ésta se atreva a sugerir una mínima idea, un insulto contra cualquiera que ose contradecir el sectarismo ideológico de la izquierda, cuando no totalitarismo y pensamiento único. Obviamente el objeto de esta táctica es la estigmatización del adversario y el dominio para acallar cualquier discusión comprometida.

Por este motivo, es importante aclarar qué es el fascismo, si es cierto que es la extrema derecha, y si la izquierda puede otorgarse una superioridad moral para acallar a sus adversarios con esta acusación.

Comenta una estudiante en “Yahoo respuestas”:

“Hola, tengo una disertación mañana y estoy muy confundida, según la información que tengo Mussolini era socialista al igual que Hitler pero me sale que la ideología fascista está en contra del socialismo, no entiendo”

Precisamente nos encontramos ante el mayor éxito propagandístico de la izquierda en toda su historia, el haber hecho creer que el fascismo es una ideología de extrema derecha cuando en realidad es una ideología socialista unida al sentimiento nacionalista, y que no surgió en la derecha sino dentro del movimiento socialista de la izquierda tras el acontecimiento que supuso la Revolución rusa de 1917 y que sirvió para propagar todo tipo de socialismos revolucionarios y antisistema, entre los que incluimos a lo que conocemos por fascismo.

Por otro lado los propios líderes fascistas siempre renegaron de la etiqueta de pertenecer a la derecha remarcando sus posturas anticapitalistas, y haciendo alarde de sus programas y medidas socialistas a favor de los trabajadores. Es algo inédito que se incluya a una ideología dentro de una etiqueta de la que ellos mismos reniegan. Sin embargo proclamar esta realidad puede resultar inútil cuando nos enfrentamos a la propaganda de la izquierda, que siempre acusará a los demás con el mantra de “fascistas” cuando en realidad sean sus posturas las que nos recuerden en tantas ocasiones al fascismo, algo natural desde el momento que se nos revela su naturaleza y procedencia. Esta estigmatización del adversario, independientemente de lo progre que ya se haya convertido, se usa para dominar y coartar la libertad, pues es necesario que haya teóricos fascistas para que predominen los buenos “antifascistas”, siempre a cuenta de pastar en el presupuesto.

¿POR QUÉ DICE NAZISMO?

“Nosotros somos socialistas, somos enemigos del sistema económico capitalista actual porque explota al que es débil desde el punto de vista económico, con sus salarios desiguales, con su evaluación indecente de un ser humano según tenga riqueza o no la tenga, en vez de evaluar la responsabilidad y la actuación de la persona, y estamos decididos a destruir este sistema capitalista en todos sus aspectos.”

Adolf Hitler

Nazismo es un acrónimo de nacional-socialismo, es un término creado por la izquierda con el fin de ocultar que esta ideología también era socialista, y del mismo modo han utilizado el término genérico de “fascismo”. Pero al igual que los líderes del nacional-socialismo siempre renegaron de la etiqueta de pertenecer a la derecha a la que detestaban, Hitler siempre habló del partido o movimiento nacional-socialista y no “nazi”, algo que se entiende perfectamente del alemán en sus discursos.

El “fascismo”, o mejor el nacional-socialismo, nació de unir el fervor socialista revolucionario de entreguerras con el nacionalismo de cada país, se trataba de una tercera vía, más moderada respecto al comunismo de Lenin en cuanto que no pretendía destruir la nación o toleraba la propiedad privada de las clases medias e iba enfocado contra el capitalismo de los oligopolios, pero dentro de la dialéctica socialista revolucionaria y anticapitalista que pretendía controlar estatalmente la economía con numerosas colectivizaciones, y que no renunciaba, como los comunistas (o socialistas marxistas-leninistas) a controlar a la sociedad imponiendo una dictadura de corte totalitario.

Curiosa y graciosamente lo que más ha odiado históricamente un izquierdista es la ideología que más se le parece y que también surgió de ella, pero en molesta competencia, y como una odiada herejía respecto a la matriz del socialismo marxista en la lucha por ganarse a la clase obrera y a la clases medias en aquellos momentos en que las ideologías antisistema cobran fuerza, es decir, en períodos de crisis capitalista. Unos trataban de realizar la revolución y otros la revolución-nacional, y ambos terminaron dejando millones de víctimas en el camino sangriento hacia su utopía, y aunque la propaganda que se remonta a tiempos de la Komintern hable de extremos opuestos, en realidad son ramas del tronco común del socialismo.

LA PRUEBA DEL DISCURSO

Les propongo que busquen un vídeo en youtube que hallarán fácilmente, se trata de un discurso que pronunció el Ministro Secretario General del Movimiento, Don José Luis Arrese Magra, en el que arremete contra el capitalismo en la apertura del Tercer Consejo Sindical en 1945. En este vídeo se puede comprobar la dialéctica socialista y anticapitalista, pero en voz de un personaje de la Falange, que era el partido que representaba al nacional-socialismo español.

Después a quien consideren, y sin que vea las imágenes, invítenle por el contenido del discurso a indicar de qué ideología se trata, de alguien de izquierda o de derecha. Lo más probable es que diga que se trata de alguien de izquierda, para después sorprenderse al descubrir que se trata de un personaje calificado oficialmente por la culminación de la mentira histórica como de “extrema derecha”. Y así comprobarán fácilmente que no es correcto llamar “extrema derecha” al nacional-socialismo, o en este caso a la forma española que adopta y que se hacía llamar como nacional-sindicalismo que es el término similar que adoptaron los propios falangistas. Por tanto, considero que es más apropiado que se denomine a todos los “fascismos” como partidos nacional-socialistas, y no sólo al ejemplo alemán, con el objetivo de restituir la verdad histórica, pues de este modo esta ideología se podrá visualizar de forma clara, y de paso no le resultará tan fácil a la izquierda estigmatizar a sus oponentes con los males y los crímenes que hizo una ideología que tuvo su origen en la propia izquierda. Y respecto al tema del franquismo, no lo incluyo dentro de esta familia política al tratarse en realidad de un régimen militar autoritario que se definió como católico, más allá del papel que jugaron los falangistas como una familia del régimen que se inicia el 18 de julio de 1936.

EL PRECURSOR DEL NACIONAL-SOCIALISMO ESPAÑOL: ERNESTO GIMÉNEZ CABALLERO

Hoy, como muchas personalidades del bando vencedor en la guerra civil, Ernesto Giménez Caballero ((1899-1988), es una figura apartada y pretendidamente olvidada. Sin embargo fue un intelectual y un hombre de acción que participó intensamente en las vanguardias literarias y políticas de su tiempo. Además de escritor, ideólogo, periodista, fue catedrático de Literatura, diplomático, articulista de revistas como El Sol y La Revista de Occidente de Ortega y Gasset, y más tarde Procurador en Cortes y embajador.

Pero lo realmente importante de Giménez Caballero es que fue el precursor del fascismo en España, con Circuito Imperial (1928) y Genio de España (1932), y después fue colaborador con Ramiro Ledesma Ramos, y pasó por la Falange de José Antonio. Es interesante mencionar que antes había sido uno de los fundadores de Las Juventudes Socialistas, pues al igual que Mussolini, Giménez Caballero procedía del socialismo marxista. Pues tanto el “fascismo” (nacional-socialismo) como el comunismo (socialismo leninista) podemos decir que son escisiones políticas de los partidos socialistas, basta recordar que Santiago Carrillo también procedía de las Juventudes Socialistas. El comunismo era una reafirmación en los métodos socialistas del marxismo revolucionario e internacionalista. El “fascismo” era la unión de ese socialismo revolucionario con el nacionalismo. Y ambos socialismos se inspiraban en los métodos revolucionarios que habían llevado a Lenin y a los bolcheviques a la toma del poder y a la creación del primer estado socialista.

Para Giménez Caballero, el precursor del fascismo español, el origen y la naturaleza de la ideología nacional-socialista está muy claro, y así lo afirma en el documental Los Falangistas (Historia Inmediata):

“El creador del fascismo, Benito Mussolini, era un socialista, es más era un marxista de camisa roja y de puño cerrado, entusiasta de Lenin y que adoraba a Marx. Pero este hombre un día llega después de la postguerra como combatiente a su Roma, y allí el genio de Roma universal hace que ese socialismo se haga nacionalista italiano. Y ahí es donde nace el origen profundo de los fascismos, el hacer a los socialismos en socialismos nacionales, eso es exactamente el fascismo”.

Y añade posteriormente:

“Esa nacionalización de una idea universal que era el socialismo marxista, ese y no otro es el origen de todo fascismo, que es un socialismo nacional”

EL FUNDADOR DEL NACIONAL-SOCIALISMO: BENITO MUSSOLINI

Lenin, el carismático líder comunista dijo de Mussolini a principio de los años 20:

“En Italia, compañeros, en Italia sólo hay un socialista capaz de guiar al pueblo hacia la revolución: Benito Mussolini”.

A la pregunta de qué es el fascismo, basta referirse a la respuesta que Mussolini, su fundador, le dio en una entrevista a una periodista extranjera:

“Durante toda mi vida yo fui un socialista internacionalista. Cuando estalló la gran guerra vi que todos nuestros partidos que eran internacionalistas se convirtieron en socialistas nacionalistas. Eso me pasó a mí y eso es el fascismo”.

Según el historiador César Vidal:

“El fascismo es un socialismo nacional y se parece al socialismo, tanto en la visión económica intervencionista como en el miedo a la libertad y el intento de controlar a la sociedad. En el caso del fascismo está muy acentuado el elemento nacional, pero a lo que más se parece el fascismo es al socialismo. Aunque la historiografía marxista siempre ha insistido en que el fascismo es la agudización de la derecha en realidad el fascismo es un socialismo de carácter nacional. Y cuando empieza la II Guerra Mundial el estado más intervenido del mundo es la Unión Soviética, pero el segundo es la Italia de Mussolini…”

No hay duda de que el fascismo es un socialismo nacional, y antes que Mussolini le diese forma a esta variante socialista existe un precedente difuso en Georges Sorel, a quien Mussolini leía y citaba. Hasta entonces, el socialismo defendía la eliminación de las naciones para ser coherentes con el discurso igualitarista, una pretensión que se vino abajo ante el nacionalismo que cundió en la I Guerra Mundial. Algo que señaló Sorel, y que Mussolini se tomará como la decisión de crear un socialismo nacionalista.

Con esta perspectiva, es cuándo deja de sorprendernos que Mussolini al final de su vida afirmase, que no sólo su movimiento era socialista y anticapitalista, sino que además pertenecía a la izquierda y que veía a la derecha como su mayor enemigo por delante del “peligro rojo”, decía así:

“Nuestros programas son definitivamente iguales a nuestras ideas revolucionarias y ellas pertenecen a lo que en régimen democrático se llama “izquierda”; nuestras instituciones son un resultado directo de nuestros programas y nuestro ideal es el Estado de Trabajo. En este caso no puede haber duda: nosotros somos la clase trabajadora en lucha por la vida y la muerte, contra el capitalismo. Somos los revolucionarios en busca de un nuevo orden. Si esto es así, invocar ayuda de la burguesía agitando el peligro rojo es un absurdo. El espantapájaros auténtico, el verdadero peligro, la amenaza contra la que se lucha sin parar, viene de la derecha. No nos interesa en nada tener a la burguesía capitalista como aliada contra la amenaza del peligro rojo, incluso en el mejor de los casos ésta sería una aliada infiel, que está tratando de hacer que nosotros sirvamos a sus fines, como lo ha hecho más de una vez con cierto éxito. Ahorraré palabras ya que es totalmente superfluo. De hecho, es perjudicial, porque nos hace confundir los tipos de auténticos revolucionarios de cualquier tonalidad, con el hombre de reacción que a veces utiliza nuestro mismo idioma”.

Precisamente tanto Lenin como Mussolini representaban los dos nuevos movimientos socialistas radicales que surgirán tras la I Guerra Mundial, y que trataban de sobreponerse a los erosionados partidos socialistas creados a fines del siglo XIX, como el PSOE.

Mussolini, había sido hasta 1915 el nº3 del Partido Socialista Italiano y el director de su periódico propagandístico Avanti, además pasó por la cárcel por agitador socialista, había escrito libros como El Trentino visto por un socialista, había defendido públicamente su ateísmo y había publicado novelas anticlericales como Claudia Particella, l’amante del cardinale Madruzzo.

Pero algo cambiará en la filosofía de Mussolini a partir de 1915, en el que abandona Avanti y funda Il Popolo d’Italia, de tendencia nacionalista, lo que le valió la expulsión del Partido Socialista Italiano.

Mussolini llegó a la conclusión durante la I Guerra Mundial que en vez de refundar el socialismo para acentuar el carácter internacionalista del marxismo, como propugnaba Lenin, había que crear un partido socialista que también fuera nacionalista, sin dejar de ser revolucionario.

Tras la I Guerra Mundial surgirán estos dos nuevos movimientos socialistas extremos salidos de las siete plagas socialista, el socialista radical internacionalista, por la vía del marxista Lenin, y el socialista radical nacionalista, por la vía del también marxista Mussolini. Y ambos radicalismos son consecuencia del incumplimiento de los tradicionales partidos socialistas europeos agrupados en la II Internacional Socialista, que cayeron en la exaltación nacionalista al no seguir la consigna del “internacionalismo proletario” que exigía la oposición militante de los partidos socialistas contra “la guerra imperialista” y participación de los obreros en ella independientementemente de su nacionalidad.

Lenin, que previamente había militado en el Partido Obrero Socialdemócrata Ruso y tras el triunfo de su Revolución Rusa de 1917, irá alentando la creación de los nuevos partidos socialistas marxistas e internacionalistas que adoptarán el nombre de comunistas, a menudo como simples escisiones de los partidos socialistas (es el caso del PCE en España) y que se agruparán en torno a la III Internacional, llamada Internacional Comunista o Komintern.

Y por su parte el líder socialista Mussolini, que había militado en el Partido Socialista Italiano, responde a la traición a la consigna de la II Internacional Socialista, creando el Partido Nacional Fascista Italiano que se hará con el poder en 1922 y servirá de inspiración a Hitler y al resto de partidos nacional-socialistas que se irán creando posteriormente, que se conocen por el nombre de partidos “fascistas”, a menudo creados con cuadros que provienen de los partidos socialistas al igual que en el caso de los comunistas. Si bien la izquierda desde temprano comenzó a usar el acrónimo despectivo de “nazi”, si escuchamos cualquier discurso de Hitler apreciaremos que siempre se refiere al partido o movimiento nacional-socialista, palabras que se entienden perfectamente del alemán.

Ambos movimientos socialistas son prácticamente paralelos en el tiempo, pero la ventaja la llevará Lenin con su triunfo en la revolución rusa de 1917 y el impacto mundial que supuso el primer estado socialista del mundo. Y serán los métodos revolucionarios y el ejemplo de los bolcheviques de Lenin los que darán un fuerte empuje a todo el socialismo revolucionario y totalitario, lo que servirá también de acicate y de inspiración a los nacional-socialistas, que copiarán sus métodos y organización, sin olvidar que también procedían del marxismo; y a semejanza de los bolcheviques tendrán cuadros políticos entrenados y adoctrinados, una organización de milicias, la toma del poder a través de las elecciones y/o de la revolución (nacional, en este caso), la creación de un estado de dictadura totalitaria, la prohibición de los demás partidos políticos, la militante oposición al liberalismo, la creación de un sindicato paralelo, o la implementación de toda una serie de derechos laborales para los trabajadores como La carta del lavoro, etc. Y hasta el final de sus días Mussolini no tendrá ningún reparo en seguir denominándose como un socialista, al igual que Hitler.

Como curiosidades podemos comentar también que el nombre que le pusieron en 1943, entre Mussolini y Hitler, a la media Italia aún no invadida por los aliados fue el de “República Social Italiana”, siguiendo el aire de familiaridad con el socialismo; o la costumbre que tienen los nacional-socialistas de llamarse como “camaradas” al igual que los comunistas; o que la marca de automóviles creada por Hitler se llamase Volkswagen que en alemán significa literalmente “coche del pueblo”, creada por el estado social alemán para fabricar un coche económico para el pueblo.

A partir de los años 20, como decíamos, el socialismo extremo lo podemos agrupar en internacionalista y nacionalista (comunista y fascista), sin embargo durante el período de Stalin y su política de “construir el socialismo en un solo país”, ya que había fracasado la revolución comunista en otros países de Europa como en Alemania, el estalinismo se alejará de la política de la revolución permanente de Trotsky y caerá en cierto nacionalismo ruso en convivencia contradictoria con el marxismo internacionalista, y utilizando la Internacional Comunista fundamentalmente para el servicio de los propios intereses de la Unión Soviética. Tras la derrota del nacional-socialismo en la II Guerra Mundial, en que la Europa del este fue liberada de su yugo totalitario para caer en el de la URSS, quedará desprestigiada la línea de aquellos partidos que quieran militar en esta ideología, sin embargo seguirá produciéndose el fenómeno de que algunos partidos socialistas se hagan también nacionalistas, pero sin salirse de los parámetros de la izquierda aunque sea en fragante contradicción, piense en los actuales ERC o BILDU.

LA NATURALEZA DEL “FASCISMO”

Del mismo modo que genéricamente se llama a los partidos de esta familia como socialistas, no tiene sentido salvo por el ánimo de desviar la atención, el no llamar a esta variante de partidos socialistas por otro nombre genérico que no sea el de nacional-socialistas para referirse a todos ellos, sea el Partido Nacional Socialista de los Obreros Alemanes, el Partido Nacional Fascista o la Falange Española, y no por el de “fascistas” o “nazis”, pues de lo contrario queda difusa su naturaleza política y filosófica.

El nacional-socialismo no es la extrema derecha y a lo que más se parece es al socialismo marxista de su época, del que parte y al que añade incluso un punto de moderación respecto al comunismo de entonces al no pretender acabar con la nación, ni con la propiedad de las clases medias, ya que su anticapitalismo iba enfocado principalmente contra los oligopolios del gran capital, o al propugnar en vez de la lucha de clases la colaboración entre ellas, sin dejar de ser al mismo tiempo un movimiento socialista antisistema, antiliberal y anticapitalista. Por las palabras de Mussolini comprendemos que el nacional-socialismo deseaba militar en la izquierda y combatir a la derecha, sin embargo fue expulsada por ella acusada de herejía política y para mayor enfado porque competía y triunfaba peligrosamente en algunos países comiéndole el terreno al socialismo marxista. Como buenos movimientos socialistas, tanto fascismo como comunismo comenzaron desde el principio a perseguirse, y sólo entonces será cuando el nacional-socialismo se descubra en su enfrentamiento a muerte junto a la incómoda derecha que detestaba compartiendo enemigo político y esperando que sea una circunstancia coyuntural. Y puesto que ambos socialismos radicales cobran fuerza en los períodos de crisis capitalistas, es en esas circunstancias también cuando los sectores de la derecha vieron en el nacional-socialismo, que era la segunda opción de una población con ánimos exaltados, como el mal menor frente a la revolución marxista, aunque tampoco fuera de su agrado.

El hecho de que ambos movimientos fueran socialistas no quita que tanto el socialismo marxista como el nacional socialismo se odiaran a muerte, puesto que competían en períodos de crisis tras la I Guerra Mundial y la Gran Depresión por ganarse a la clase obrera y a las clases medias. Las ideologías socialistas siempre se han perseguido entre ellas y puntualmente se han aliado contra un tercer y común enemigo político. Recordemos que la III Internacional o Comunista estalinista pasó de llamar “socialfascistas” a los partidos socialistas y socialdemócratas de la II Internacional para después aliarse con ellos en Frentes Populares contra el peligroso nacional-socialismo que triunfaba en Europa.

Años más tarde el socialismo marxista de Stalin dará otro giro en su política para espantar el enfrentamiento con Hitler y llegará a ponerse de acuerdo con el propio nacional-socialismo, firmando el pacto de no agresión Ribbentrop-Mólotov y con el que secretamente se repartirán la invasión de territorios en la Europa del este, lo que provocará la II Guerra Mundial, y en la que durante los dos primeros años la URSS socialista de Stalin será el principal suministrador de materias primas y de petróleo a la Alemania nacional-socialista de Hitler, y hasta que este decida invadirla.

Pero alianzas estratégicas puntuales aparte, lo que realmente encontraremos es que los socialistas se han pasado la mayor parte del tiempo persiguiéndose, ya sea entre comunistas y anarquistas, entre trotskistas y estalinistas, entre socialistas y socialdemócratas, entre comunistas y cristianos marxistas, etc. Por tanto no debe extrañarnos el odio visceral que se declararon socialistas marxistas y nacional-socialistas, sólo debemos apartar la propaganda de que eran ideologías en extremos opuestos. Tampoco debemos olvidar las purgas internas dentro de los propios partidos socialistas, ya que nadie ha asesinado a más comunistas que los propios comunistas, ni la purga que hizo Hitler contra sus camaradas, los “camisas pardas”. Sin lugar a dudas, el socialismo es la ideología más mortífera y genocida que ha dado la historia, y sólo el islamismo parece querer emularlo.

Para entender mejor la naturaleza de la ideología socialista, es recomendable sustituir el término “socialista”, aparentemente inocuo y lleno de buenas intenciones en pro de la sociedad, por el de “estatalistas”, pues todos los socialistas son realmente adoradores del Dios estado, y trabajan para que el estado sea omnipresente y totalitario.

Las variantes socialistas del pasado y del presente se deben clasificar por la cantidad de estatalismo que propugnan inyectar en la sociedad. En la cumbre están los socialismos radicales, comunismo y fascismo, que tratan de acabar con el libre mercado o de regular fuertemente la economía a través del estado, al que los ciudadanos también han de someter sus libertades en la construcción de la utopía socialista y los designios de su líder mesiánico para construir ese paraíso socialista en la tierra. Paraíso que siempre ha acabado en un infierno de muerte asesinando a millones de seres humanos, en miseria al eliminar la libertad de las personas para crear riqueza en sustitución de un ineficiente estado, y en opresión porque ha convertido a sus países en auténticas cárceles. Sólo el socialismo ha construido muros para que no escapen sus ciudadanos de su “paraíso”, como sucedió con el muro de Berlín.

Otra característica es que ambos socialismos tienen una filosofía anticristiana, pero con estrategias diferentes para acabar con su influencia. En el caso del nacional-socialismo alemán, que pone el citado punto de moderación respecto al comunismo, se toleraba a la religión cristiana como una circunstancia enraizada con el pueblo alemán, pero sin olvidar que era una “religión para débiles y de origen judío”, así que su estrategia era sustituirlo paulatinamente por su nueva religión racista de súper hombres y ritos paganos de los antiguos pueblos germánicos, llegando a sustituir los símbolos cristianos navideños por elementos inventados de aquella nueva religión nacional-socialista. El socialismo marxista por su parte sólo buscaba aniquilar de un plumazo al cristianismo a sangre y fuego, para imponer su mesiánica y dogmática religión socialista en su lugar. Una actitud hostil heredada en la actualidad.

Y dentro de los propios partidos nacional-socialistas encontramos más diferencias, el alemán representa su más ambiciosa formulación, y por tanto la que más se acerca en sus pretensiones al estalinismo de su época, pero puesto que el fascismo es una adaptación socialista al estrato histórico y socio-cultural de cada país, y por tanto más moderado en su carácter revolucionario, nos encontramos que en el caso italiano, sede de la Roma vaticana y del catolicismo, existe una mayor convivencia con el catolicismo sin mezclarse con él. Mussolini dejó a un lado su anticristianismo y empezó a ver a la religión como algo inevitable y además estrechamente ligada a la cultura de su país, para después incluso firmar los pactos de Letrán con la Iglesia. Y por su parte el nacional-socialismo español de la Falange dio un paso más en los años 30 y de persecución religiosa, acentuando su posición católica como un elemento cultural estrechamente vinculado a la idiosincrasia española. Basta pensar que tanto Italia como España han sido históricamente la punta de lanza del catolicismo universal.

Otra variación que hace el nacional-socialismo alemán en la distorsión que hace del marxismo es que mientras el socialismo pretendía exterminar a los “enemigos de clase” para construir el paraíso socialista, éste pretende exterminar a los “inferiores racialmente”, especialmente a los judíos, para implantar su propia utopía en la tierra. Una pretensión genocida que acercaba al nacional-socialismo alemán a los ilustres genocidas del socialismo marxista con 100 millones de víctimas a sus espaldas, pero que sin embargo hasta entonces no habíamos visto en Mussolini, el fundador de esta variante socialista, que incluso había llegado al poder con pocas víctimas mortales, ni mucho menos la Falange de José Antonio que no era un partido racista. Hitler representa la maximización del proyecto nacional-socialista, y aunque con el correr de los años quiera marcar distancias con el marxismo, su megalomanía lo hará más similar al proyecto de Lenin y Stalin.

Ahora entenderán mejor por qué los programas económicos de ambos movimientos socialistas son tan familiarmente similares. Ocurre echando un vistazo al del PSOE de los años 30 comparándolo con la Falange de entonces, o si echamos un vistazo a sus herederos políticos, como pueden ser Podemos en España comparando sus medidas económicas con el Frente Nacional en Francia, pues a pesar de repetir erróneamente la propaganda de que unos pertenecen a “la extrema derecha” y otros a “la extrema izquierda”, en realidad son simplemente variantes socialistas antisistema y anticapitalistas, por la rama nacionalista e internacionalista.

Sin embargo, el socialismo marxista que ha asesinado a unas diez veces más que el socialismo de Hitler, sigue estando escandalosamente bien visto gracias a la propaganda que perpetúa las consignas que se remontan a tiempos de la Komintern. Mientras el nacional-socialismo que perdió la guerra fue justamente condenado al cajón de los horrores de la historia, y Hollywood nos los ha recordado con numerosas películas, mientras los medios, las editoriales, el cine y las universidades vinculadas con la izquierda nos siguen presentado al socialismo como un alto ideal para implantarlo en la sociedad.

Después de conocer todos estos hechos, supongo que le resultará más amargo para los miembros de la izquierda tener que defender el mito de que el “fascismo” es la extrema derecha y una consecuencia natural del capitalismo, como ha sostenido una propaganda que sólo se suspendió durante los años del pacto de no agresión de 1938, entre la Alemania Nacional Socialista y la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas, pues en aquel momento el periódico comunista francés, L´Humanité, pedía la alianza de los tres grandes partidos socialistas de Europa: el comunista francés, el comunista ruso y el nacional socialista alemán, para terminar en que los comunistas franceses colaboraban en camaradería con las tropas invasoras alemanas hasta que se produjo la invasión de la URSS.

Pero a pesar de todas las pruebas que mostremos, puede ser un ejercicio inútil, una gota de agua en el océano del agitprop de la izquierda y su apabullante propaganda, en la que no interesa la verdad ni el rigor histórico sino el seguimiento de las consignas y la estigmatización. Decía Lenin que “la mentira es un arma revolucionaria”, y en esta diatriba seguimos.

EL NACIONAL-SOCIALISMO RACISTA ALEMÁN

Hitler fue el discípulo aventajado de Mussolini, de hecho admiraba a Mussolini, el cual había alcanzado el poder en Italia una década antes. Hitler hará su propia escenificación del nacional-socialismo siguiendo los pasos de Mussolini pero exagerando su expresión, y siempre en la distorsión que hacen del marxismo los nacional-socialistas hasta hacerlo irreconocible para las mentes llenas de la propaganda de la izquierda. Hitler le añadirá al nacional-socialismo un fuerte componente racista y antisemita al sustituir el elemento del genocidio marxista de los enemigos de clase practicado por Lenin y Stalin, por el del genocidio de los inferiores racialmente o considerados parásitos de la raza aria, para construir al “nuevo hombre” y el paraíso que el nacional-socialismo prometía desde su religión pagana y que nada tenía que envidiar al estalinismo.

El partido de Hitler se llamaba Partido Nacional Socialista de los Obreros Alemanes, el NSDAP en alemán, cuyas siglas traducidas al español son PNSOA. Si volásemos la imaginación y pensásemos que el austriaco Adolf Hitler hubiera fundado su partido en España, entonces su nombre hubiera sido el de Partido Nacional Socialista de los Obreros Españoles, en vez de alemanes, y entonces sus siglas quedarían como PNSOE. ¿Le recuerda esto a otro partido socialista español?

Hay un pequeño artículo en el New York Times que recoge unas declaraciones de Joseph Goebbels en 1925, ocho años antes de que Hitler llegase al poder, cuando el partido Nacional Socialista de los Obreros Alemanes era un partido naciente y creciente, y que daba sus discursos en reuniones que se daban en cervecerías. Dice el texto, recogiendo las palabras de Goebbels:

“On the speaker’s assertion that Lenin was the greatest man, second only to Hitler, and that the difference between communism and the Hitler faith was very slight“

Es decir, que en el artículo Goebbels, futuro ministro de propaganda de Hitler y su hombre de confianza, consideraba que “Lenin y Hitler podían ser comparables, que Lenin era el hombre más destacado después de Hitler y que la diferencia entre el comunismo y las ideas de Hitler era muy pequeña”.

Como vemos estamos ante uno de los mayores éxitos de la manipulación y de la propaganda de la izquierda, el haber inculcado la idea de que el nacional socialismo es la extrema derecha, cuando en realidad se trataría en todo caso de la “extrema izquierda nacionalista”, pero en disputa a muerte por hacerse con el poder en competencia directa con el socialismo marxista.

Al igual que la mayoría, tras repetir continuamente la palabra “nazi” en vez de nacional-socialismo, han olvidado el nombre completo de este partido, tampoco parece que tras la esvástica hayan visto la bandera roja, pues la esvástica es recogida como símbolo de la superioridad de la raza aria de los pueblos germánicos (nacionalismo), pero detrás hay una bandera roja, y el rojo en la simbología socialista es utilizado como metáfora de la sangre obrera derramada tras incontables luchas obreras, como hace el socialismo y el comunismo.

También pude comprobar cómo Hitler en sus discursos y concentraciones también levantaba y cerraba el puño como cualquier socialista para arengar a sus partidarios. Si se fijan en las imágenes de 1933 que recoge un vídeo de la serie histórica “Apocalipsis Segunda Guerra Mundial-La Agresión” de National Geographic, podrán comprobarlo.

El espíritu anti capitalista de los socialistas se puede encontrar también y en línea lógica en los programas políticos de los partidos nacional-socialistas. Así que veamos algunos puntos del programa político del partido de Hitler, en los que se puede observar su absoluta adscripción a la ideología socialista:

Demandamos que el Estado se comprometa a interesarse en primer lugar por las posibilidades de trabajo y de vida de sus ciudadanos. Si no es posible alimentar al conjunto de la población, conviene expulsar del Reich a los sujetos pertenecientes a otras naciones (los no ciudadanos).
Exigimos la estatalización de todas las empresas que han existido hasta el presente bajo la forma de Sociedades (Trusts).

Exigimos la participación [de los asalariados] en los beneficios de las grandes empresas.

Exigimos la creación y protección de una sana clase media. La transferencia a las comunas de todos los grandes almacenes y el alquiler a precios bajos de sus locales a pequeños industriales, la rigurosa atención de todos los pequeños industriales por la provisión por parte del Estado, de los Länder [estados o provincias] o de las comunas.

Exigimos una reforma agraria adaptada a nuestras necesidades nacionales, la promulgación de una ley que sustente la expropiación sin contrapartida de los bienes raíces en provecho de empresas de utilidad pública. La abolición de la renta territorial y la prohibición de toda especulación con bienes raíces.
Con el objeto de permitir a todos los alemanes capaces y diligentes alcanzar un nivel de formación superior y acceder a puestos de responsabilidad, corresponde al Estado emprender el desarrollo sistemático del conjunto de la educación del pueblo. Los programas de estudio de todos los establecimientos escolares deben adaptarse a las necesidades de la vida práctica. Siempre que las propias facultades lo permitan, la escuela debe alcanzar de los jóvenes que comprendan el sentido del civismo (instrucción cívica). Exigimos la formación, a expensas del Estado, de los niños dotados intelectualmente de forma particular, pero nacidos de familias pobres, sin distinción de su pertenencia social o profesional.

Corresponde al Estado mejorar la sanidad pública protegiendo a la madre y al niño, y prohibiendo el trabajo de los jóvenes, poniendo en acto todos los medios conducentes a promover la educación física, por la prescripción legal de la participación obligatoria en la práctica de la gimnasia y los deportes, y por el sostenimiento generoso de todas las asociaciones que se consagran a la formación física de la juventud.

Para realizar todas estas reivindicaciones, exigimos para el Reich la instauración de un poder central fuerte; autoridad incondicional del Parlamento político central sobre el conjunto del Reich y, de forma general, sobre sus organismos, así como la creación de cámaras corporativas y profesionales encargadas de ejecutar en los diferentes estados federales las leyes básicas decretadas por el Reich.

JAVIER GIRAL PALASÍ

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    2 thoughts on “FASCISMO VS EXTREMA DERECHA

    1. Los dos grandes revolucionarios del siglo XX fueron Lenin y Mussolini. Ambos enviaron coronas funerarias al sepelio de George Sorel. Muy bueno el artículo. Saludos desde la República Argentina.

    2. Mil gracias por el artículo! Está muy bien explicado la diferencia entre extrema derecha y fascismo que tanto confunde a la población que no estamos educados en estos temas y otros muchos. Un saludo desde Barcelona.

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