FETICHISMO CIENTIFISTA

Cuando en el ya próximo a su fin 2020 se han cumplido 231 años de que el Occidente entero se precipitara (merced al horror revolucionario francés) en el caos liberal, resulta curioso que uno de los pilares (junto a la democracia inorgánica de inspiración roussonianiana, la apostasía de marchamo laico y la amoralidad de corte hedonista) sobre los que se asienta aquél, el fetichismo cientifista, esté siendo cuestionado.

Normal, si tenemos en cuenta la errática actuación durante lo que va de epidemia coronavírica del máximo órgano planetario en lo que a salud se refiere, la antaño aparentemente seria OMS, ahora reconvertida en risible (a la par que dañina: maldita la gracia) Club de la Comedia vendida a los poderes fácticos mundialistas.

O todo lo que está rodeando a la “sorprendente” irrupción de la vacuna anti-COVID, la cual, pergeñada en un tiempo récord, nos están vendiendo (para mayor lucro de las multinacionales farmacéuticas) como si del Bálsamo de Fierabras se tratara, y ello a pesar de que su presunta eficacia genere a día de hoy más dudas que certezas.

En el fondo, el problema radica en una ciencia que, alejada por completo del propósito básico de entender las leyes de la naturaleza (de la que forman parte también nuestras dolencias) en aras del bien común, ha mucho tiempo que se corrompió al tratar de violentarla por mor de una praxis que no se detiene en aberraciones y sólo sirve al perverso materialismo que impera en la actualidad.

En cualquier caso y a pesar de esta pequeña brecha de confianza que se está abriendo entre la población y sus expertos en materia científica, son todavía mayoría los que creen ciegamente en éstos, incluso aunque no existan (caso de los que se decía asesoraban a nuestro des-Gobierno sociopodemita) o si existen, son de la “categoría” de ese impostor llamado Fernando Simón…

Y es que cuando la gente deja de creer en el Sumo Hacedor, acaba creyendo no ya en las supercherías más dañinas o en las ideologías más tóxicas, sino incluso en los tipejos más impresentables, así se revistan todos ellos de un “prestigio” científico equiparable al de la Señorita Pepis.

CACHÚS

 

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