FIRMA Y RÚBRICA. LEÓN DEGRELLE

Espoleado por el periodista francés Jean M. Charlier, Léon Degrelle, el líder político belga que supuso una revolución en sí mismo, hace un repaso de toda su vida, desde sus inicios en el Movimiento Católico y como Jefe del Rex, hasta su liderazgo de la División de Voluntarios de la SS en el Frente del Este y su lucha en el exilio en España.

Político jovencísimo que movilizó a grandes masas de su pueblo y estuvo a punto de conquistar el poder a los 30 años -carrera frustrada por la guerra-, era también un escritor incansable con decenas de obras que aúnan una forma de escribir amena y clara a un contenido apasionante, como ha sido toda su vida, más trepidante que cualquier novela de aventuras.
Comandante de la División de Voluntarios Valones en el Frente del Este, soldado excepcional, héroe de la bolsa de Tscherkassy (un Stalingrado victorioso para los alemanes), que alcanza la graduación de General de las Waffen-SS al finalizar la guerra, era también un formidable orador. Líder carismático, luchador incansable incluso en el exilio y hasta avanzada edad, contaba a sus ochenta y siete años con más proyectos y libros por escribir y publicar de los que un hombre joven podría siquiera soñar.
Conoció personalmente al Führer, de quien pronto se convirtió en uno de sus más fieles seguidores, y aquél reconoció en Degrelle al joven dirigente que podría jugar un papel de primer orden en la construcción de la Nueva Europa, nombrándole Volksführer.
En posesión de una peculiar sensibilidad, es capaz de comunicarla y transmitirla. Vive en el fuego de una idea sin consumirse y en la confianza de un mañana que nunca ha aparecido cubierto por las nieblas del abatimiento. Frente a la persecución, la difamación y a todo género de hostilidades, él ha sabido responder con una firmeza honorable, alejada de cualquier arrogancia o torpe envanecimiento.
León Degrelle es una de las personalidades más importantes y sugestivas de la Europa de aquel tiempo, por lo que su testimonio tiene una importancia excepcional
“Firma y rúbrica”, que se considera habitualmente la mejor y más completa obra de Degrelle, reproduce los latidos de una vida intensa y arriesgada, conmueve y alecciona, y prueba el acierto de las palabras que un día escribiera Goethe: «Yo he sido un luchador y eso quiere decir que he sido un hombre.»

Degrelle lo ha sido y todavía lo es.

ALFRED HORN


Prólogo

Esta obra no ha sido escrita con el fin de embellecer ni de disculpar nada; cosa que ya bastantes se han encargado de realizar. Se trata más bien de recuerdos y confidencias de una mujer que, sin ser escritora, por su matrimonio con Hermann Göring, ha vivido muy de cerca los tiempos problemáticos y contradictorios del Nacionalsocialismo.
Me siento en el deber de manifestar respecto de mi marido, objeto de numerosos ataques después del derrumbamiento del Régimen, lo que considero indispensable para rectificar errores e inexactitudes según me lo permite mi profundo conocimiento del carácter y de la íntima condición del desaparecido.
Emmy Göring
Munich, Otoño de 1967.

Bendición Papal

SECRETERIA DI STATO DI SUA SANTITA
Dal Vaticano, 23 octobre 1910Mi señor,
El Santo Padre Pío X recibió con un interés paternal el trabajo titulado: “La Conjuración Anticristiana”, que me pidió le diera en su nombre. Su Santidad lo felicita afectuosamente por haber finalizado la composición de esta obra tan importante y sugerente, a la postre de una larga serie de estudios que dan crédito de su celo y su ardiente deseo de servir a la causa de Dios y la Santa Iglesia
Las ideas principales de este gran trabajo son las que inspiraron a los grandes historiadores católicos: la acción de Dios en los acontecimientos de este mundo, el hecho de la Revelación, el establecimiento del orden sobrenatural y el que la resistencia del espíritu del mal se opone al trabajo de Redención. Usted muestra el abismo que separa antagónicamente a la civilización cristiana de la pretendida civilización que se retrotrae al paganismo. ¡Cuán correcto es establecer que la renovación social solo se puede hacer proclamando los derechos de Dios y de la Iglesia! Al expresar su agradecimiento, el Santo Padre hace votos para que, asistiéndole una fuerte salud, pueda realizar plenamente el plan integral que ha dibujado, y, como muestra de su especial benevolencia, Él le envía la bendición apostólica.
Con mi agradecimiento personal y mis felicitaciones, acepte, Monseñor, la seguridad de mis muy devotos sentimientos en Nuestro Señor.
Cardenal MERRY DEL VAL

Prólogo

Conocí a León Degrelle en Ciudad Real, en la ya lejana Navidad de 1956. Acababan de confiarme hacía muy poco tiempo el gobierno de aquella provincia y, casualmente, había terminado de leer con avidez creciente su libro «Almas ardiendo», prologado por Gregorio Marañón, que, por cierto, fiel a su talante liberal y humano, subrayaba en sus líneas, con brillantez y agudeza, la relatividad de las circunstancias políticas, que nunca deben crear abismos insondables que separen con odio los corazones de los hombres.
Conservo aún el recuerdo de aquella primer charla que mantuve con él y que se prolongó durante varias horas. Quedé entonces vivamente impresionado ante su acusada personalidad, que sin duda se hallaba avalada por una aventura vital verdaderamente fascinante. Sentí al escucharlo la emoción de estar en presencia de un trozo muy significativo de la historia de Europa, aún palpitante, y comprobé que su imagen correspondía con fidelidad a la figura de un combatiente fervoroso, dotado de una increíble tenacidad, de un calor cordial innegable y de un espíritu cuya consistencia sensible se intuía a primera vista y se hacía rotundo a través de una expresiva mirada serena y recta.
Cerca de treinta años han acrisolado una limpia e invariable amistad, de la que me siento sinceramente orgulloso, y en razón a ella escribo este prólogo —por supuesto alejado de la musa del miedo que por desgracia inspira en nuestro tiempo tantos comportamientos desmayados—y en el que no pretendo hacer una mera semblanza política, sino reducir a juicio personal cuanto me ha parecido susceptible de este tratamiento.
Debo afirmar que a lo largo de mi trayectoria humana, personal y política he conocido muy pocos hombres equipados de la energía intelectual y moral de León Degrelle. El látigo del dolor ha templado su naturaleza y ha fortaleci- do su carácter y las circunstancias más adversas no han sido capaces de arrebatarle su aliento ni derrumbar su voluntad combativa, porque es un alma singular sostenida en vilo por la fe misma. Resulta portentosa su capacidad de ilusión que aún se mantiene intranquila, en una especie de milagroso estado de gracia, y es que, sobre todo, Degrelle conserva casi intacta su juventud, que a pesar de sus años constituye una asombrosa realidad orgánica viva y ostensible.
Degrelle es un idealista que no ha perdido su condición de tal, aun viviendo anegado de realismo. Sus múltiples avatares y sus dolorosas experiencias han decantado su espíritu sin conducirlo jamás al desencanto o a cualquier género de hastío o tedio existencial. Es de los que creen que la vida del hombre no termina en derrota. Para él, vivir vitalmente es un complejo de esperanzas reales, de deseos, de sueños y de anhelos, y yo creo sinceramente que todo esto le confiere una exaltada lucidez, un frescor mental indudable para mantener y acrecentar la arriesgada defensa de sus ideales y convicciones.
No cabe duda, sin embargo, de que nos hallamos en presencia de un personaje polémico y, por tanto, pienso que se puede coincidir o discrepar de su actitud política, aunque estimo que ha de resultar muy difícil negarle la virtud de la autenticidad, la realidad de su valor y el ejemplo de su coherencia. Fiel a un código de honor, con una capacidad extraordinaria para resistir, no ha conocido nunca la desgana para la acción ni ha padecido jamás el drama de la jubilación de la esperanza. A pesar de haber sufrido sistemáticamente la condena de la desfiguración, que ha pretendido presentarle como un ser dogmático, intolerante, cerrado y estricto, León Degrelle sigue siendo, por el contrario, un hombre dotado de un vitalismo sabroso, ávido, capaz de generosidad y de comprensión, comunicativo y entrañable, dueño de una palabra encendida y vibrante, capaz de influir en el corazón de las gentes más heterogéneas.
Lejos de ser un político carente de ecuanimidad, teñido de pasión o deformado por poderosas cargas emocionales, yo le creo en posesión de un alma invulnerable al rencor, incapaz de odiar, alérgico a la acción primaria de la agresividad, apasionado pero no violento, vehemente pero no crispado, y lo que ha creído como verdad suya no le ha conducido al error y a la insolencia de menospreciar a las demás. En posesión de una peculiar sensibilidad, es capaz de comunicarla y transmitirla. Vive en el fuego de una idea sin consumirse y en la confianza de un mañana que nunca ha aparecido cubierto por las nieblas del abatimiento. Frente a la persecución, la difamación y a todo género de hostilidades, él ha sabido responder con una firmeza honorable, alejada de cualquier arrogancia o torpe envanecimiento.
Este nuevo libro suyo, «León Degrelle firma y rubrica», está compuesto esencialmente de dos partes; una, que refiere sus actividades políticas antes de la guerra, como jefe de «Rex», el partido que fundó y lideró, y otra, que contiene su aventura política y militar desde 1940 hasta hoy.
Como queda probado en estas páginas, León Degrelle nunca ha sido investigado ni condenado como «criminal de guerra», ni siquiera ha sido perseguido como tal. Su nombre no figura en ninguna de las listas confeccionadas por los aliados, los alemanes, los israelíes ni los soviéticos, entre otras razones porque, de forma ininterrumpida, Degrelle permaneció combatiendo en el frente del Este, primero como soldado raso, y después como oficial ascendido por méritos de guerra, hasta alcanzar el grado de general. Antoine Delfosse, ministro de Justicia del gobierno belga en Londres, confirmó en cierta ocasión frente a las cámaras de la televisión francesa que Degrelle «nunca había sido un criminal de guerra en el sentido de Nuremberg». La condena a muerte que sufrió tuvo como motivación haber empuñado las armas contra los aliados de Bélgica y haber constituido un ejército —la División «Wallonie»— a tal efecto.
Hay en su libro una descripción amena e interesante de su vida familiar. Degrelle nació a la sombra de la fortaleza de Godofredo de Bouillon, en las Ardenas belgas, y fue miembro de una familia numerosa, de educación católica, muy acostumbrado desde su más temprana edad a la aceptación de una disciplina casi espartana.
Degrelle ha sido y es un incisivo periodista, un orador elocuente y un escritor de nervio, y esto le ha permitido ofrecer en ocasiones con luminosa claridad sus vivencias realmente singulares. Cuando la conflagración mundial estalló y la Europa de entonces se enfrentó a la Unión Soviética, se alistó voluntario como soldado raso para luchar en el frente del Este. Pues bien, este libro recoge puntualmente, a través de una prosa incisiva, toda la peripecia humana, política primero y bélica después, de un hombre que adquirió temple y serenidad a través de la dura costumbre de luchar sin tregua.
A mi juicio, León Degrelle es una de las personalidades más importantes y sugestivas de la Europa de aquel tiempo, de la que es aún testigo vivo. En el gran viaje que es la aventura del hombre, el autor de este libro ha conocido pocas estaciones de descanso, escasos momentos inútiles y vacíos, pocas horas entregadas al ocio sin sentido. Cuando cambios amenazadores se acusan en el plano de la Historia y muchas de las realidades que describe son ya sombras, cenizas y vientos, cabe decir que en su bravo y valiente corazón ha sabido apurar el sabor agridulce de la vida, quedan lumbres que aún arden y que iluminan —venciendo lo imposible— esa expectativa de plenitud y trascendencia que constituye el gran misterio del destino del hombre.
La lectura de estas páginas, que reproducen los latidos de una vida intensa y arriesgada, conmueven y aleccionan y prueban el acierto de las palabras que un día escribiera Goethe: «Yo he sido un luchador y eso quiere decir que he sido un hombre.» Degrelle lo ha sido y todavía lo es. Que Dios le guarde.
Abril, primavera de 1986

José Utrera Molina.

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    1 thought on “FIRMA Y RÚBRICA. LEÓN DEGRELLE

    1. Apasionante e interesantisimo libro. Degrelle fue un ejemplo de Lealtad, Honestidad y Caballerosidad. Un referente para muchos, para mí, un ejemplo y modelo a seguir. Saludos desde Chile, y muchas gracias por su sección de críticas literarias. Me he comprado varios de los que recomiendan en esta sección.

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