FLIP Y EL PERRO QUE HABLABA BÚLGARO

Hola troncos, soy el Flip.
Pues resulta que el otro día estábamos de tranki en las escaleritas cuando llegó el Lolo con la cara como el Cristo de los Faroles.
El colega se busca la vida en un semáforo de la Castellana con la plaza de Castilla, donde los coches van to locos, y tirando las mazas se le cayó una sobre el buga de un menda que iba de sobrao.
Total ná, una abolladura de ná, pero el tipo se bajó del carro y le metió dos mecos en el jerol y de propina un par de mazazos en la espalda con su propia herramienta de trabajo (que es lo que más duele).

Por aliviarle las penas nos fuimos el Guevara y yo a pillar mandanga al Mojamé que es un morito que pasa un material muy bueno.
“Recien llegado del Chauen amigo, lo ha pasado en el culo mi primo Omar que ha estado unos días de vacaciones en el Rif con las ayudas para la vivenda de Carmena”.
Así da gusto: de la planta a la mesa, pensé para mis adentros.
De vuelta a las escaleritas y mientras el Guevara liaba los petas, el Lolo y yo leíamos -por pasar el rato- los anuncios de un periódico que alguien había abandonado sobre el banquito…
“Señorita enseña el búlgaro. Muy económico”.
-¿Llamo?, pregunté.
-Llama, contestaron a la vez mis colegas.
Y llamé con mi GalaxyS9 full generation que me compraron los viejos por si un día me perdía.
-“No os lo vais a creer, ¡resulta que es un idioma!”.

La vida nunca deja de sorprenderme, esas cosas no se aprenden en el colegio, y al hilo de este asunto, entre porro y porro, continuó la conversación durante un buen rato hasta que de repente el chucho que siempre nos acompaña y que nunca había dicho esta boca es mía… empezó a hablar:
-“lasă-mă să dorm”, dijo el animal.
-“du-te la un alt site să deranjeze“, insistió.

“Ostias colegas, que fuerte, ¡que el chucho es búlgaro y por eso nunca había dicho nada hasta hoy que nos hemos enterao que es un idioma!”, exclamó entusiasmado el Guevara.
Los tres nos abrazamos emocionados con el perro y, justo cuando estábamos planeando una actuación en el cruce Castellana-Castilla, nosotros tocando la flauta y el chucho entonando canciones tradicionales búlgaras, apareció como por arte de magia debajo de unos cartones y envuelto en una manta un rumano que nos largó en un claro español: “¡que os vayáis a tomag pog culo putos yongkis, que no me dejáis dogmir!”.
“Dracu ‘idioți“, sentenció, arremolinándose de nuevo entre el cartonaje.

Como en casa somos pacifistas a muerte, pasamos de rollos y nos najelamos.
No había experimentado una decepción mayor desde que me enteré que mi padre fue alférez de complemento.
Ya decía yo que el búlgaro no podía ser un idioma.

LARREA  SEP/2018

[No se pierdan la próxima aventura de nuestro héroe: “Flip y el extraño caso del pakistani radioactivo”]

 

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