EL GABINETE DEL DOCTOR CALIGARI CASTEJÓN

Cuando era chinorris lo más era el cine.
La Feria, el Circo, el Zoo, la Playa… bueno… pues bien. Pero aquella expreriencia de sentarte ante una pantalla descomunal y apagándose todas las luces verte ¡extraño sortilegio! sentado en el pescante de una diligencia desbocada con siete comanches al rebufo, ¡aquello era pura magia!.
Si la memoria no me falla vi los estrenos de Blancanieves y Bambi: dos historias de terror que no las igualaría Roman Polanski de ácido.
“¡Corre Bambi, es el hombre!”… uufff, porque en aquella época de sicólogo ejercía el padre, que con un bofetón te quitaba la tontería, porque si no, no sé que hubiera sido del pobre Juanín.
Mi primera peli de niños vino después: 20.000 leguas de viaje submarino: Nemo contra el mundo, el Nautilus, las civilizaciones perdidas, el calamar gigante… al día siguiente dejé a Ibáñez y comencé a leer a Verne.
Oportunamente me confesaré.

Hoy los noticieros han abierto con media docena (y subiendo) de batallas campales a ostiazo limpio, con cuchillo jamonero de “por si acaso” en las carreteras británicas, y todo por un par de galones de gasolina.
Mad Max ha vuelto amigos, y lo ha hecho en todo su profético esplendor para demostrar una vez más que la realidad siempre acaba por malbaratar la ficción.
En la distopía, Gibson (por cierto, ¿se han dado cuenta de que en todas sus pelis o empieza o acaba viudo?) puso de moda los ojos azules, los pantalones fardapollas y los mecheros Zippo.
Pero poco más, porque el guión -verdadero soporte del film- pasó inadvertido: nadie se creyó que un día pudieras ir al surtidor y solo habría Cheetos y condones.
El bueno de Mel pegó una patada a un avispero años despues con sus polémicas -aunque certeras- declaraciones acerca del trust Jolivudiense, y no contento con ello ahora presenta “Rothschild”, la película que cavará su tumba.
Y hablando del ruin de Roma…

En 1920 y en plena ola de pacifismo tras la carnicería de la Gran Guerra, un par de judíos (Janowitz y Mayer) escribieron el guión de “El Gabinete del Doctor Caligari”.
Los paisanos Wiene y Pommer, respectivamente, la dirigieron y produjeron, y la Goldwyn la rodó.
El rollo va (spoiler imprescindible para que el lector se ahorre el truño) de un pirado que se hace llamar “Doctor” pero que en realidad es un megalómano de manual e hipnotizador de oficio que mantiene en un baúl del Ikea a un somé medio aturdido con el cual se lucra en verbenas populares, pero utiliza de matón despiadado en horario nocturno. Sin pluses ni ná.
Un bodrio, lo que yo les diga.

Pero, ¡qué cosas tiene el cine!, la peli me trae a la cabeza (vaya tontería) al “Gobierno de Progreso”, ergo: el Gabinete Sánchez Castejón, que nos atormenta desde el 2018.
Y es que amigos…
Tuvimos a un friki en Cultura forzado a dimitir porque suponía que los zurdos no pagan impuestos.
Un astronauta tal cual, aunque en Ciencias.
Una Portavoz que no acabó los Cuadernos Rubio.
Una Vicepresidencia con portero de after.
Un par de Ministros intocables (Calviño y Escrivá) a jornal del BCE.
Un juez en Interior que desconoce el significado de “Prevaricación”.
Una “comunista” en Trabajo que no ha trabajado en su vida.
En fin y por no hacerme largo: un puto FRAUDE.
Y todo ello sin entrar en las cesiones sine qua non con los SepaRatas por seguir siendo el macho alfa.
Lo dicho: la realidad se merienda la ficción.

¿El Doctor Caligari?… un puto aprendiz.
Y mientras, nosotros en un cajón del Ikea.
Y pensar que la gente ya no va al cine…

LARREA  SEPT/2021

 

Be Sociable, Share!

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies
    Web translate