GALERÍA DE REPUBLICANOS ILUSTRES: COMANDANTE BURILLO

Leyendo acerca de la guerra civil hay nombres que se repiten tantas veces que no puedes dejar de admirar, sean o no sean “de los tuyos”. Sirvan de ejemplo los comandantes Modesto o Líster cuya belicosidad y entrega a la Causa comunista los llevó a batirse en prácticamente todas las batallas importantes.
Hay otros personajes en cambio cuyos nombres también se repiten, aunque por sus sonoros fracasos cuando pisaron el frente tanto como por sus actos en la retaguardia.
El comandante Burillo era el máximo responsable de guardia en la Comisaria de Pontejos la noche en que efectivos de su unidad en compañía de guardias civiles (Condés y Rey) y 4 civiles (Cuenca, Coello, Garcés y Ordóñez, todos ellos socialistas del entorno de Prieto) asesinaron a Calvo Sotelo. Cuando regresa de madrugada la camioneta 17 bañada en la sangre del líder de la oposición, es Burillo quien ordena que sea lavada y ocultada convenientemente. A continuación, tirando un brazo por encima del pistolero Cuenca y otro por encima del capitán Condés, los 3 se encierran en el despacho de la Comandancia desde donde informan telefonicamente al superior jerárquico tte. coronel Sánchez Plaza, siendo éste quien todavía de madrugada visita al Subsecretario de Gobernación (Osorio) quien no toma ninguna decisión al respecto. También son informados por el propio Condés los diputados Zugazagoitia y Vidarte. En este punto resulta oportuno decir que todos los nombres citados sin excepción pertenecían al PSOE y a la masonería.
Burillo es citado por el Director General de Seguridad, Alonso Mallol, inquieto por la desaparición de Calvo y el comandante molesto, le responde: “No hay que hacer conjeturas sobre el paradero del señor Calvo Sotelo pues, de haberle pasado algo, a estas horas ya habrá pasado”.
Cuando es descubierto el cadáver en el Cementerio del Este, ya todo el Gobierno conoce del crimen con todos los pormenores, sin que se tomara medida alguna.
El juzgado por guardia que recoge el caso es el del juez Ursicino Gómez Carbajo, que ya había llevado en febrero el proceso de ilegalización de la Falange. A pesar de ello, el titular es un conocido derechista y a las pocas horas será sustituido a instancias del Gobierno por un “juez especial habilitado”, el magistrado Iglesias del Portal que se encargará definitivamente de la instrucción. Como curiosidad: Iglesias fue el “juez estrella” de la República y pocos meses más tarde juzgaría en Alicante y condenaría a muerte a José Antonio Primo de Rivera.
Pero volvamos a Pontejos con nuestra figura republicana de hoy: Ricardo Burillo Stholle.
Las pocas horas que Gómez Carbajo se ocupa de la instrucción, Burillo se dedica a entorpecer la investigación negándose a entregar la camioneta 17, ocultando a los autores del crimen en la rueda de reconocimiento, excusando la ausencia de anotaciones en el libro de guardia por “el nerviosismo que había causado el asesinato de Castillo” y finalmente se niega a seguir con el interrogatorio por la “inquietud” de las fuerzas a su mando en el cuartel de Pontejos. Literalmente afirma al instructor: “no sé si podré contenerles y están armados”. El juez sugiere que llamará a la Guardia Civil para desarmar a sus hombres y Burillo contesta que ya se encarga él de apaciguarlos.
Finalmente y como hemos relatado, la instrucción del sumario cambió de mano.
Diez días despues, con la guerra ya comenzada, el sumario sería secuestrado por Guardias de Asalto y desaparecido.
De los asesinos (directos o indirectos) de Calvo Sotelo, Burillo alcanzaría el grado de coronel, Del Rey e Ismael Buesa el de comandante, Ordóñez jefe superior del DEDIDE y Garcés jefe del SIM.
Nuestro “héroe” de hoy, siguiendo la corriente dominante, se afilia al Partido Comunista y participa en el asalto del Cuartel de la Montaña y en Somosierra donde morirán los dos asesinos de Calvo Sotelo (Condés y Cuenca) con apenas unas horas de diferencia.
También dirige tropas en Toledo en los sucesivos fiascos por tomar El Alcázar.
Tras dirigir una columna en el Jarama asciende a coronel y al poco vuelve a la retaguardia donde es nombrado Jefe Superior de Policía en Barcelona y encargado de la represión del POUM. La orden de detención de Andrés Nin lleva la firma del coronel Burillo.
Huelga decir que el trotskista jamás fue vuelto a ver, ni con vida ni sin ella.
Cumplida la misión se le da el mando del Ejército de Extremadura, un frente relativamente tranquilo donde es incapaz de organizar una línea defensiva y que en cuanto Queipo de Llano apretó un poquito se vino abajo.
Burillo es destituido y cae en desgracia en el PCE.
Es entonces cuando intenta la aproximación a Casado y a los golpistas contra el Gobierno Negrín.
Detenido acabando la guerra, fue condenado a tres penas de muerte y ejecutado el 21/7/1939. Hoy puede encontrarse su nombre en las listas de “Represaliados del franquismo”.
LARREA

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