GALERÍA DE REPUBLICANOS ILUSTRES: ROBERTO NOVOA SANTOS

Azaña se levanta y socarrón deja caer: “Solo hay dos mujeres en la Cámara y ni entre ellas se ponen de acuerdo”.
La totalidad de la bancada de la izquierda aplaude la ocurrencia de doña Manolita mientras algunos de los líderes socialistas más significados como Prieto, directamente ni han acudido al pleno.
Margarita Nelken (PSOE), la tercera dama (con perdón para las damas) en discordia defiende algo tan reaccionario como absurdo: que la mujer pueda ser elegida, pero no electora.
Su mera presencia en el Parlamento da testimonio de la idiotez que manifiesta, ya que tal derecho está reconocido desde las Cortes de Cádiz (1812), e incluso durante la Dictadura de Primo de Rivera hasta 13 mujeres participaron en la entonces llamada “Asamblea Nacional Consultiva” donde, por cierto, se produjo la primera intervención femenina en la persona de Concepción Loring.
Victoria Kent también se cubre de gloria: “Por hoy, señores Diputados, es peligroso conceder el voto a la mujer”. Y la sufragista ¡todavía insistiría incluso dos meses después de ser reconocido el derecho!, con la rácana propuesta de que el voto sea aplicado en cómodos plazos, es decir: en función de la importancia de los comicios.
La Kent y la Nelken priorizaron con absoluta mezquindad las aspiraciones políticas de sus formaciones en detrimento de la dignidad de la mujer.
La única voz femenina que se levanta, valiente y brillante, es la de la diputado radical Clara Campoamor.
Es 1931 y la flamante estrenada -por deserción- IIª República se encuentra en pleno periodo constituyente. La concesión del voto a la mujer enciende todos los ánimos y no es baladí: la incorporación de las señoras al censo electoral puede convulsionar cualquier previsión por aproximada que parezca.
El PSOE escurre el bulto (de sus 115 diputados solo 84 votaría a favor) y deja en manos de Izquierda Republicana todo el peso del debate.
El doctor Novoa Santos es ya por entonces un médico, científico y profesor de extraordinario prestigio. Alguien tan poco sospechoso de rojo como Laín Entralgo lo definiría (uniendo su nombre al de Peset, Ramón y Cajal, y Marañón) de “modernizador de la Medicina Legal en España”.
Anarquista en su juventud y amigo personal de León Blum, es diputado por la Federación Republicana Gallega, un partido minoritario fundado por el masonazo Casares Quiroga, de origen nacionalista y de izquierdas, que acabará coaligado a Izquierda Republicana bajo el liderazgo de Azaña.
Es decir y en resumen: Roberto Novoa Santos concentraba en su persona el prestigio y crédito suficiente para el bochornoso papelón que la zurda le había reservado y por el que pasaría a la historia.
El diputado Novoa no era, llegado el debate, novedoso en sus opiniones misóginas, en su juventud había publicado La Indigencia espiritual del sexo femenino. Las pruebas anatómicas, fisiológicas y psicológicas de la pobreza mental de la mujer. Su explicación biológica” (1908).
El 1 de septiembre de 1931 se despacharía en los siguientes términos:
“Hay también en el título III de la Constitución una alusión a la ecuación de derechos civiles en el hombre y la mujer, ecuación de derechos civiles e igualdad de sexos o para la expresión de la voluntad popular en un régimen de elección. Pero ¿por qué?, preguntamos.
¿Por qué hemos de conceder a la mujer los mismos títulos y los mismos derechos políticos que al hombre? ¿Son por ventura ecuación? ¿Son acaso organismos iguales? ¿Son organismos igualmente capacitados?.
La mujer es toda pasión, todo figura de emoción, es todo sensibilidad; no es, en cambio, reflexión, no es espíritu crítico, no es ponderación.
Por mi parte, creo que podría concederse en el régimen electoral que la mujer fuese siempre elegible por los hombres, pero que no fuese electora.
Y es que a la mujer no la dominan la reflexión y el espíritu crítico; la mujer se deja llevar siempre de la emoción, de todo aquello que habla a sus sentimientos, pero en poca escala o en una mínima escala de la verdadera reflexión crítica. Por eso yo creo que, en cierto modo, no le faltaba razón a mi amigo Basilio Alvarez al afirmar quo se haría del histerismo una ley. El histerismo no es una enfermedad, es la propia estructura de la mujer; la mujer es eso: histerismo; y por ello es voluble, versátil, es sensibilidad de espíritu y emoción. Esto es la mujer. Y yo pregunto: ¿en qué despeñadero nos hubiéramos metido si en un momento próximo hubiéramos concedido el voto a la mujer?.”
El 1 de octubre de 1931, con 161 votos a favor, 121 en contra y 188 abstenciones, quedaba aprobado el voto de la mujer… a pesar de don Roberto Novoa Santos.
“Artículo 36. Los ciudadanos de uno y otro sexo, mayores de veintitrés años, tendrán los mismos derechos electorales conforme determinen las leyes”.
El doctor Novoa tiene un busto destacado en el claustro de la Facultad de Medicina de Santiago de Compostela, no nos consta que Irene Montero haya iniciado ninguna gestión para retirarlo.

LARREA  NOV/2020

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