EL GENOCIDIO FILIPINO

“La muerte nos llegará a todos tarde o temprano, así que me presentaré con calma ante el Señor Todopoderoso”.

Ésa fue la respuesta de Macario Sakay, Presidente de la República Tagala -instalada en las montañas, tras la derrota filipina ante EEUU-, ante el Tribunal Militar americano que le condenó a muerte, junto a sus hombres, por “bandidaje”. En una guerra desigual -machetes y viejos máuseres frente a ametralladoras Gatling, cañones de la Marina y 126.000 soldados del US Army-, Sakay aceptó la oferta de rendición, con amnistía para sus hombres. Una vez en poder del Ejército USA, fueron juzgados, condenados a muerte y ejecutados el 13 de septiembre de 1906.

McKinley, Presidente de los EEUU, había declarado que el único propósito de su país, en la Guerra Hispano-Americana, era derrotar a España y que la anexión de Filipinas “sería una agresión criminal”. Más tarde, afirmó que “los filipinos eran incapaces de autogobernarse, y que Dios le había indicado que no podía hacer otra cosa que ‘educarlos y cristianizarlos’ “. EEUU tomó posesión de las Filipinas, vendidas por España -mediante el Tratado de París, el 10 de diciembre de 1899- por veinte millones de dólares, tras nuestra derrota en la Guerra Hispano-Americana.

La ‘educación y cristianización’ de McKinley consistió en matanzas, torturas, violaciones de mujeres filipinas, incendio de poblados y extirpación de la Lengua española. Entre 1.000.000 y 1.500.000 civiles filipinos fueron asesinados por las Tropas USA. El último Comandante General USA en Filipinas, Jacob H. Smith, ordenó a sus Tropas disparar a cualquier filipino mayor de diez años, sospechoso de rebelión. La guerra Filipino-Estadounidense, y la posterior ocupación y represión, que se prolongó hasta 1913, se conoce como el Genocidio Filipino.

La Historia USA registra en Filipinas un genocidio. La Historia de España registra una infamia: vendimos una Provincia del Imperio y a diez millones de súbditos de España por veinte millones de dólares, como si fuera una explotación pecuaria.

La ‘Hazaña’ anglosajona fue cantada por Rudyard Kipling en su obra ‘La carga del Hombre Blanco’, subtitulada ‘Estados Unidos y las Islas Filipinas’, en la que justifica la conquista y la anexión con el llamado Destino Manifiesto.

PEDRO PABLO PEÑA

 

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