GERARDO SALVADOR MERINO

Natural de la localidad palentina de Herrera de Pisuerga (lo mismo que su correligionario y rival José Antonio Girón de Velasco), Gerardo Salvador Merino había militado durante los años previos a la Guerra Civil en la UGT hasta que un atentado fallido contra su padre (afiliado a la CEDA) le dejó sin madre.

Estallada la contienda, no dudará en afiliarse primero a Falange y después alistarse en los ejércitos nacionales para combatir en la primera línea del frente, siendo herido por dos veces en Asturias e incluso estando a punto de perecer en la llamada “peripecia del Castillo de Olite”, aquel barco hundido de manera un tanto rocambolesca por las fuerzas republicanas cuando intentaba apoderarse de la ciudad de Cartagena a primeros de 1939.

Con el fin de la guerra, en septiembre de 1939, sería nombrado Jefe Nacional de Sindicatos por el afamado general Agustín Muñoz Grandes (a la postre, titular de la Secretaría General de FET y de las JONS), puesto desde el que se propuso transformar la muy reaccionaria realidad socioeconómica española en un sentido nacionalsindicalista, ganándose así de paso a parte de la antigua militancia anarquista/socialista.

De hecho, grandiosos fueron los desfiles por él organizados de “productores”, en rigurosa camisa azul mahón, celebrados en el madrileño Paseo de la Castellana el 31 de marzo de 1940 y el 18 de julio de 1941, algo que, junto con sus constantes reivindicaciones en aras a mejorar la vida de los trabajadores amén de exigencias de asumir responsabilidades económicas para los propios sindicatos, le pondrían en el punto de mira de la burguesía capitalista y de las fuerzas más conservadoras del Régimen (estas últimas, con el Ejército a la cabeza, recelosas de sus buenos contactos con el III Reich).

Salvador Merino cometerá entonces un error de cálculo: rechazar el cargo de Ministro de Trabajo (luego adjudicado a Girón) que en un principio le ofreció Ramón Serrano Suñer en la nueva reordenación gubernamental (ésa en la que, por cierto, también entró el falangista José Luis de Arrese como Ministro Secretario General del Movimiento) ordenada por Franco.

Cada vez más aislado, será finalmente detenido en Mallorca (donde, recién casado, pasaba su luna de miel) bajo la acusación de haber sido miembro de la masonería, condenado a 12 años de prisión y expulsado de Falange sin que sus antiserranistas camaradas en el Gobierno (los antes citados Girón y Arrese además de Miguel Primo de Rivera, hermano de José Antonio y titular de la cartera de Agricultura) hiciesen nada por evitarlo.

De esta fea manera, la versión digamos más revolucionaria (y en aquellos días, más pro Eje) del nacionalsindicalismo patrio pasó al ostracismo, siendo sustituida por una versión en la línea nacional-católica que impregnaba al Régimen, la cual, andando el tiempo, en concreto tras el fallido intento de institucionalizarlo entre 1956-1957, sería igualmente defenestrada.

En cuanto a nuestro protagonista, justo desde ese instante pasó de ser toda una jerarquía en el Nuevo Estado a casi una mera anécdota.

NO NOS ROBARÁN LA HISTORIA NI LA MEMORIA.

CACHÚS 

 

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