GOLPES, GOLPECITOS Y TROPEZONES (I)

Zocato de nacimiento fui generosamente recompensado con tirones de orejas, pellizcos de monja y reglazos en las palmas (de las manos) hasta que el instinto de supervivencia venció al natural y aprendí a coger el lápiz con la diestra. Una putada por entonces oiga, porque mientras yo solo acertaba a trazar algún garabato, mis compañeros ya enmarcaban en sus hogares “mi mamá me mima”.
 
Finalmente, a la fuerza ahorcan, escribí con la derecha, y al tiempo incluso con filigrana y todo, pero la lección que aprendí acabó convirtiéndose en tic repetitivo (valga la redundancia): la escritura de un zurdo tapa con su brazo la línea anterior.
La izquierda española es un chiste grosero de aquellos que no deben contarse en Nochebuena, y digo yo que tal vez sea por esa retranca visceral del zoquete de ocultar aquello que ya fue escrito.
Sostienen algunos historiadores, los pobres, con más razón que un santo, que el Alzamiento de julio del 36 contra el Gobierno de la República y que dio origen al periodo conocido como “Dictadura Franquista” no fue sino el enésimo golpe de Estado del siglo XX urdido en España, la diferencia con los otros es: que éste sí triunfo.
Claro, esto enerva y cuánto a los rojos porque en su discurso instalado a martillazos, la guerra civil fue la consecuencia de un golpe a pachas entre caciques, oligarcas, curas y fascistas contra un paraíso de libertades y democracia elevada al culo. Perdón, quise decir cubo.
Y nada más lejos de la realidad. Quien afirme tal monstruosidad ha faltado seguramente a clase más que Greta Thumberg.
Sin ánimo de hacernos extensivos y sintetizando tanto como podamos, que el que quiera aprender que vaya a Salamanca, peguemos un vistazo a los primeros años del convulso siglo pasado con sus golpes, golpecitos y hasta tropezones.
Vamos allá, siglo XX:
-La casi olvidada “Sanjuanada” de 1926, así llamada porque debería haberse verificado la noche de San Juan fue una asonada clásica, diríase de manual. Con más promesas de asistencia que un evento del feisbus y al final desierto como el ejemplo citado, el 13 de los Alfonsos ni se molestó en levantarse de la cama, que ya se encargó su ama de cría.
Y miren por dónde: hizo mal. Porque a pesar de tratarse de un truño de Alcázar y Tapioca, lo heterogéneo de los nombres e ideas que se citaron en la conspiración debería haber hecho reflexionar a alguna cabeza pensante, que obviamente no era la coronada. Confluyeron en la trama desde mandos militares cabreados con Miguel Primo de Rivera (Segundo García, López Ochoa, Aguilera, Batet) con políticos liberales (Alvaro Figueroa Conde de Romanones, Melquiades Álvarez) y oficialillos jovenzuelos y revoltosos republicanos (Ramón Franco, Fermín Galán). La mayor parte de los citados, miembros de la masonería. Todo un aviso que cayó en saco roto por la estulticia de un rey que visitaba más a su sastre que a sus ministros.
Con el fracaso declaró Melquíades Álvarez, uno de los líderes intelectuales y qué, cosas de la vida, sería asesinado 10 años después por los rojos en las matanzas de La Modelo: “Malas y desagradables noticias son; pero ya estamos en el camino del triunfo. El movimiento tiene ya su cabeza y su ídolo. La República es obra de muy poco tiempo”. Un visionario, oigan. Otro conspirador, el general López Ochoa, perdería la cabeza (y es literal) en el 36 a manos de los “linces de la República”.
-Complot de Prats de Molló. Junio de 1926, fracasada la “Sanjuanada”, Francesc Maciá (masón también ¡cómo no!) decide invadir Cataluña con su ejército de Escamots desde la frontera francesa, ocupar Olot y proclamar la República Catalana.
El 30 de octubre Macià dio la orden de movilización para que los comprometidos en “la aventura gloriosa” (sic) invadieran España.
Ejem… no llegaron ni a cruzar la frontera: 111 detenidos -no habían más- por media docena escasa de gendarmes franceses mal desayunaos. Ciertamente no parece un golpe muy heroico, es normal que los actuales indepes lo obvien.
Sin ánimo de descojone: el reclutador de voluntarios para la invasión era un lavaplatos llamado Rizzoli, un pureta garibaldiano afincado en París que compartía curro con un tal Joan Nicolau, camata y líder del estat Catalá a tiempo parcial. “Y éstos son mis poderes”, que habría dicho el Cardenal Cisneros…
-Golpe de 1929 o “de los Artilleros”. La asonada de Sánchez Guerra da casi vergüenza incluirla en esta relación. De nuevo Romanones (conde) y López Ochoa (general), incluyendo ya en esta ocasión a Lerroux (republicano) que se convertirá con el tiempo en un clásico, y por cierto los tres masones, participan de un complot para subvertir el Estado. Para su causa consiguen la connivencia del Arma de Artillería damnificada con las políticas de ascenso y promoción del válido del Rey, Primo de Rivera.
El Golpe se había programado para el 28 de enero de 1929 desde Valencia, pero Sánchez Guerra llega el 29… ¡cachis la mar! el Gobierno ya controla los cuarteles. El asuntillo concluyó con gruesas sentencias para los artilleros… y la absolución del político. La debilidad de Primo de Rivera y de la propia monarquía comenzaba a ser más que patente.
(CONTINUARÁ)
LARREA   FEB/2020
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