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GONZALO JIMÉNEZ DE QUESADA

Jiménez de Quesada nació en Granada en 1509. Estudió la carrera de Derecho en la Universidad de Salamanca y al terminar sus estudios se alistó como soldado en Italia hasta 1530, año en el que regresó a España.
A su regreso, debido a su fama de combatiente experimentado y a la brillantez con que había acabado sus estudios, fue nombrado letrado de la Real Cancillería de Granada.

Al cabo de unos meses llegó a España la noticia de la muerte del Gobernador de Santa Marta (en la costa de Colombia) y la monarquía eligió como sustituto a Pedro Fernández de Lugo, a quien se concedieron unas capitulaciones con el título de Adelantado y el derecho a conquistar tierras no dominadas, llevando consigo al Nuevo Mundo a su personal de confianza.
Fernández de Lugo no dudo en designar a Jiménez de Quesada para el cargo de Justicia Mayor y Teniente General de la expedición, considerando que era “hombre despierto y de agudo ingenio, no menos apto para las armas que para las letras”.

En 1536 Quesada ya se encontraba en su nuevo destino y Fernández de Lugo le encomendó la misión de buscar las ricas tierras que con seguridad existían en el interior del continente.
Esta misión se había intentado muchas veces partiendo bien de Santa Marta o de Cartagena de Indias, pero siempre había fracasado debido a las dificultades del terreno formado por salvajes y espesas selvas y caudalosos ríos.
Como buen soldado y hombre culto, Jiménez de Quesada estudió todo lo relativo al fracaso de las expediciones anteriores y el 5 de abril partió con 600 soldados. Con valentía consiguió remontar con su tripulación el río Magdalena, exploró los valles de su curso medio y en 1537 alcanzó las llanuras de la meseta de Cundinamarca, situada en el centro de Colombia. Para ello hubo de afrontar numerosos peligros (varios de sus hombres murieron por picaduras de animales, el sofocante clima y algunos de hambre, muchos otros resultaron heridos por ataques de indígenas provistos de flechas envenenadas) y superar una barrera geográfica hasta entonces infranqueable, la formada por la cadena de los Andes septentrionales.

Meses después, Gonzalo Jiménez de Quesada rodeó la Sierra Nevada de Santa Marta y llegó a Valledupar, pisó varios territorios como: Chiriguaná, Tamalameque y Sompallón.
Por el río Magdalena llegó a San Pablo y a la actual Barrancabermeja, continuó su paso por Guachetá, Lenguazaque, Cucunubá, Suesca, Nemocón, Tausa y Zipaquirá hasta arribar a Chocontá y Turmequé.
También descubrió Tunja, Sogamoso, Duitama, Sáchica, Zaquenzipa, la laguna de Tota y el valle de Neiva hasta Altamira, en el Huila actual.

Durante la travesía por la hoy conocida región andina, el altiplano de Cundinamarca, Quesada se encontró la civilización artesana y agrícola de los chibchas o muiscas, a los que sometió apenas sin derramamiento de sangre, sirviéndose más de la razón que de la espada.

El 5 de agosto de 1538, el licenciado Quesada después de descubrir, en la actual Colombia, unas tierras a las que llamó “Nuevo Reino de Granada” (en honor a la ciudad que le vio nacer) fundaba la ciudad de Santa Fe de Bogotá, que había de convertirse en la capital del reino.
La ceremonia fue relatada por el historiador colombiano Pedro M. Ibañez: “Quesada se apeó del caballo, arrancó algunas hierbas, dijo en alta voz que tornaba posesión formal de estas tierras para que fuesen dominio del Emperador Carlos I, en cuyo nombre fundaba la villa de Santafé de Bogotá. Luego desenvainó la espada, dio con ella tres cuchilladas en el suelo, montó a caballo y retó a singular combate a cualquiera que contradijese el acto de la fundación de la nueva villa que protestó sostener hasta con su vida, y ordenó que se extendiese instrumento público ante el Escribano del ejército”.

A comienzos de 1539 llegaron a Bogotá dos nuevas expediciones: la de Sebastián de Belalcázar, procedente de Perú, y la del alemán Nicolás Federmann, que había partido de Venezuela.
Los tres capitanes se proclamaron descubridores de la región, por ello, estuvieron a punto de entablar una guerra, que no se dio, en parte por la poca cantidad de soldados que tenía cada conquistador, pero al fin determinaron regresar juntos a España para que el monarca decidiese a quién correspondía la gobernación de Nueva Granada.
Finalmente, el Consejo de Indias, a pesar de que todo el mérito correspondía a Quesada, porque fue el único que había actuado legítimamente con aval de un miembro de la monarquía (tanto Belalcázar como Federmann lo habían hecho por cuenta propia), resolvió no otorgar a ninguno de los tres el ansiado título de Gobernador.

Al no ser reconocidos sus méritos Quesada se dedica a actividades particulares, hasta que en mayo de 1547 se le recompensó con el nombramiento honorífico de Mariscal del reino de Nueva Granada, aunque jamás conseguiría un mando con jurisdicción sobre las tierras que había conquistado.

En 1550 Jiménez de Quesada regresa a Santa Fe de Bogotá como Mariscal y regidor perpetuo, recibiendo más tarde una nueva misión por parte de la corona española: conquistar los Llanos ubicados al oriente de los Andes colombianos (esta expedición fue pensada en base a la leyenda de El Dorado). Así que en 1569, el anciano militar partió con 400 españoles, 1.500 nativos, 1.100 caballos y 8 sacerdotes.
Primero descendió a Mesetas en el alto río Guejar y después la expedición se movilizó a San Juan de los Llanos, navegando hacia el suroriente durante 2 años, pero pronto se dieron cuenta que esta expedición sería un fracaso. Finalmente, regresaron a Santa Fe en diciembre de 1572 con tan sólo 64 españoles, 4 nativos, 18 caballos y 2 sacerdotes.

Luego de un breve período de servicio en el comando de la frontera, Quesada viejo, enfermo y arruinado, se retiró en Suesca (Cundinamarca).
Alejado de la vida militar dedicó su última etapa a escribir una serie de obras de las cuales se ha perdido la mayor parte (no se conserva ni su “Relación de la conquista del Nuevo Reino de Granada”, ni el libro titulado “Ratos de Suesca” ni el llamado “Compendio historial de las conquistas del Nuevo Reino”, donde al parecer abordaba una historia completa de los primeros años de colonización).
Sí que ha llegado hasta nosotros su “Antijovio”, texto en el que narra los acontecimientos principales ocurridos en Europa de 1500 a 1550. La obra trata de demostrar la falsedad de las aseveraciones y relatos antiespañoles del cronista italiano Paolo Giovio, historiador de fortuna que gozó de cierta inmerecida reputación en la época.

El conquistador moría de lepra en Mariquita (Colombia), el 16 de febrero de 1579, días después de que dictase testamento y pusiera en orden los numerosos papeles que había escrito.
Sus hombres le rindieron honores de Adelantado, pues consideraban que él, y sólo él, había descubierto y conquistado las tierras de Nueva Granada.
Fue enterrado en la Iglesia Parroquial de esta ciudad y en su epitafio se grabó “Expecto resurrectionem mortuorum” (“Espero la resurrección de los muertos”).
Sus restos se trasladaron a Santa Fe de Bogotá en 1597, en cuya Catedral Primada reposan actualmente.

El nombre de Gonzalo Jiménez de Quesada apenas es conocido en la actualidad, pero la importancia de sus conquistas y su esfuerzo fueron similares, si no superiores, a los de figuras como Hernán Cortés o Francisco Pizarro.
Los logros de Quesada se produjeron de forma tardía y resultan menos espectaculares, pues aunque la importancia estratégica y la extensión de los territorios conquistados podían compararse con los del México ocupado por Hernán Cortés, la metrópoli estaba ya cansada de gestas y muy necesitada de riquezas, y en Cundinamarca no había un Moctezuma ni una Tenochtitlán repleta de palacios, sino simples agrupaciones de tipo aldeano cuya única riqueza eran los gigantescos árboles y las feraces tierras. Por ello la conquista de Quesada ha quedado en la historia en un segundo plano.

ROSA M. CASTRO

 

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