HENRI LEVI, ESE IMPOSTOR

Si hay un sujeto impresentable pululando por ahí en plan “bulto sospechoso” es Bernard-Henri Levi  (el, para entendernos, Fernando Savater francés), auténtico cantamañanas cuya (pen)última “chupada de cámaras” (éstas le han gustado siempre más que un chupete a un niño de teta) ha sido fotografiarse hace tan sólo unas pocas semanas con la autoproclamada líder opositora bielorrusa.

Claro que, a estas alturas de la película, el frustrado preconizador intelectual de las desastrosas intervenciones mundialistas (OTAN mediante ) en Libia para derribar a Gadafi o en Siria para intentar hacer lo propio con Assad (donde le salió el “tiro por la culata”) ya no sorprende a (casi) nadie: allí dónde hay una “revuelta naranja” pro globalización, allí que se presenta el tal emborronador de cuartillas judeo sefardí, en plan “culo veo, culo quiero”.

Porque ¿a qué han conducido las guerras supuestamente libradas contra el terrorismo y para exportar la “democracia”, caso de Afganistán o Irak, tan aplaudidas por juntaletras sistémicos como el susodicho? Parece que a generar todavía más terrorismo…

¿Y si en vez de tanto tirar bombas amén de desestabilizar a diestro y siniestro se dejara de vender armas a Arabia Saudí y al resto de petro-monarquías del Golfo, principales exportadoras/financiadoras de la visión más rigorista del Islam? ¡Ah, es que nadan en petróleo y dinero! ¿O dejar de hacer negocios con Turquía, donde un ensoberbecido Erdogan parece dispuesto a convertirse (cual Sha de Persia redivivo) en el patrón de la región troceando sectariamente a Siria y aniquilando de paso a los kurdos? ¡Ah, es que es nuestro aliado de la OTAN! ¿Y por qué tantos interesados en continuar satanizando al Irán chií (por cierto, el único que con Rusia combate en serio y no cosméticamente a los fanáticos wahabbitas), entre ellos un Israel a quien por contra parece importarle un pimiento ese monstruito de Frankenstein llamado Dáesh? ¡Ah, cuidado con meterse con el poderoso lobby sionista!

Prototipo-tipo de pseudofilósofo mediático superstar, incapaz elaborar un pensamiento propio original (lo suyo es la “intertextualidad” que dicen ahora los cursis, es decir, el plagio puro y duro) más allá de alambicados batiburrillos libertarios, producto acabado de las escuelas nihilistas carcomidas por el pensamiento postmoderno cuyo corolario fue el “mayo del 68” (aquella revuelta de chichinabo protagonizada por los vástagos pijos progres de la muy conservadora burguesía gabacha) parisino, Henri Levi forma parte de todos esos revolucionarios de pasado radical maoísta que han acabado convirtiéndose casi medio siglo después en furibundos adalides del actual y voraz establishment neoliberal globalista (sus continuas loas a Merkel, por ejemplo, rozan lo ridículo) así como de la política imperialista (su obsesión con Putin debería hacérsela mirar con urgencia) de la Alianza Atlántica o el estado sionista (cuyos crímenes pasa por alto) de Israel, a los que justifica con toda suerte de mentiras, trampas dialécticas y no pocas dosis de desvergüenza.

En pocas palabras, un tipejo que en sí mismo refleja la deriva de la infame intelectualidad occidental progre en los últimos 50-60 años.

CACHÚS 

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