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HERMANN GÖRING

 

Göring fue acusado de un sin número de hechos que el Tribunal Aliado de Núremberg no dudó en calificarlas como “probadas” y que con el paso del tiempo se han derrumbado por insostenibles. Un año después de terminada la guerra, se celebró el Juicio de Núremberg, montaje jurídico tras el cual Goering y otros militares, jerarcas, funcionarios o simplemente periodistas, como Julius Streicher, fueron condenados a morir en la horca, ante el estupor de muchos observadores imparciales.

Cuando le enseñaron unas fotos con fosas comunes llenas de cadáveres y acusaron al régimen nacionalsocialista de haber matado a esos judíos, Goering dijo que eso era imposible. Que él se habría enterado necesariamente. Según se iban lanzando las acusaciones contra él y contra otros dirigentes nacionalsocialistas, comprendió que el juicio no era más que una farsa y que el veredicto ya estaba tomado hace mucho tiempo. Goering se limitó a decir: “No era necesaria tanta comedia para matarnos”.

Durante el juicio, perdió mucho peso. Asimismo, fue filmado en su celda las 24 horas del día, además de ser sometido a frecuentes torturas.

Durante el juicio, Goering dio muestras de una claridad, soltura y lucidez que hacía tiempo no tenía. Defendió enérgicamente la dirección del Reich, muchas veces contraviniendo los consejos de su propia Defensa, y mostró una actitud orgullosa.

Mantuvo una dignidad y una fidelidad a Adolf Hitler que deberían haber hecho palidecer de vergüenza a algún otro, como Albert Speer. Y cuando vio que algunos generales se echaban la culpa unos a otros haciendo recaer la responsabilidad final en Hitler como impartidor de las órdenes, Goering los reprendió severamente.

Cuando la hora de declararlos culpables llegó, los jueces le dijeron que lo encontraban culpable de todos los cargos: conspiración para hacer la guerra, crímenes contra la paz, crímenes de guerra y crímenes contra la humanidad.

Goering pidió ser fusilado, cosa que los Aliados rechazaron, mostrando un sospechoso interés por esta otra forma de asesinarlo: la horca. Pero Goering no quiso darles a sus verdugos ese gusto, por lo que el 15 de octubre, la noche anterior a su ejecución, se suicidó en su celda ingiriendo una cápsula de cianuro que, no se sabe cómo, había logrado esconder.

A.MARTÍN

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    2 thoughts on “HERMANN GÖRING

    1. Hasta los juicio de Nuremberg, no existian los criminales de guerra, tampoco hacia falta tanta comedia (o si, porque no pudieron eliminarlos) para acabar con Sadan Husein y Gadafi. A otros si pudieron eliminarlos como a Jaime Roldos, Omar Torrijos, Luis Carrero Blanco, etc, etc, etc..

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