NUESTROS HÉROES: JACINTO ELISEO BATISTA

Natural de la provincia de Entre Ríos, de la quinta de 1950, se alistó en el Ejército apenas cumplió los 15 años, sirviendo en el rompehielos San Martín y en la especialidad de explosivos.

En la foto -una de las más icónicas de toda la Guerra de las Malvinas, desde luego la más humillante para los británicos- porta un gorro de lana y su cara aparece en sombras por las pinturas de combate, ordenando con la mano izquierda la fila de soldados ingleses que caminan brazos en alto tras su rendición.

La operación de desembarco había tenido lugar el primero de abril de 1981, apenas pasadas las nueve de la noche, en la cuál Batista fue el bote-guía, y de la playa en adelante, el explorador principal, utilizando para ello el único visor nocturno de la expedición y marchando doscientos metros por delante.

El objetivo era claro: tomar el cuartel de los Royal Marines y la casa del Gobernador inglés en Port Stanley, en las Malvinas. La orden, tajante: “¡No matar!”. La conjetura: ocupar las islas y negociar la retirada de las fuerzas coloniales de Londres.

Así, separados en dos grupos, Batista llegó con el suyo al cuartel principal, pero estaba desierto: los Royal Marines se habían ido. Allí se izó por primera vez la bandera argentina.

En la residencia del Gobernador, en cambio, la resistencia fue muy dura, y duró casi hasta el alba. El escuadrón argentino venció, pero al precio de su primer muerto: el jefe de una de las Patrullas de Comandos Anfibios y Buzos Tácticos, el capitán Pedro Giachino, alcanzado por una bala al salir de dicha residencia.

El propio Batista recuerda que le dijo “¿Qué te pasó, Pedrito?”, y que le tocó la cabeza: había perdido mucha sangre. En cambio, no recuerda en qué momento Rafael Wollmann tomó la famosa foto, pero enseguida supo que era el soldado más odiado por Inglaterra, como demuestra que el 14 de junio, día de la caída de Puerto Argentino otra vez a manos de los británicos, éstos lo buscaron entre los prisioneros argentinos, no para servirle un té, sino “para fotografiarme con los brazos en alto”, bromea.

Pero para entonces Batista ya no estaba en las Malvinas, pues los comandos anfibios participantes en la operación de la noche anterior volvieron al continente el mismo 2 de abril.

En cada entrevista se le pregunta siempre si volvería alguna vez a las islas en litigio, a lo que responde que “De visita, no. Pero si hay que recuperarlas y me llaman… ¡sin duda!”.

Después de casi dos décadas retirado del Ejército, aún mantiene que “los ingleses no eran mejores que nosotros, pero tuvieron más medios, y el apoyo de los norteamericanos y chilenos”.

Tampoco se muestra lo que se dice nostálgico: “Me mandaron cumplir una misión, y fui. Para eso nos paga el Estado”. 

Legendaria foto, sin duda, la del jovencito Batista arreando a los grandotes ingleses, una foto que ellos prefieren olvidar y todos los argentinos llevamos grabado en el alma.

Fraternalmente en Cristo desde Misiones (Argentina),

Fernando Javier Liébanes

 

 

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