HÉROES DE LA INDEPENDENCIA EN OVIEDO. JUACA BOBELA Y MARICA ANDALLÓN

La mañana del 9 de mayo de 1808 llegaba a Asturias un correo que se leyó en la Plaza de la Catedral de Oviedo, en él se daba cuenta de los graves incidentes del 2 y 3 de mayo en Madrid y se informaba de los fallecidos.
Los ovetenses, además de tener que escuchar los nombres de sus paisanos y familiares muertos en la capital, oían también con estupor un bando del general Murat, Gran Duque de Berg y “Carnicero” de Madrid, que aplicaba la represión e imponía la autoridad francesa.

Al oír las vergonzosas órdenes, estalló el rechazo popular y se alzaron contra tal pretensión multitud de estudiantes universitarios, armeros, personajes de la alta nobleza, del clero y gentes de todas clases, que se encontraban en la Plaza.
Después de la lectura del correo, con los ovetenses ya enfurecidos, una comitiva formada por los magistrados y el Comandante Provincial, partió de la Real Audiencia con la pretensión de publicar el bando de Murat.

Frente a la fuente de Cimadevilla, Juaca Bobela y Marica Andallón empezaron a gritar: «¡Que no se publique!» «¡Viva el Rey, mueran los traidores, mueran los franchutes!», otras personas se sumaron a la indignación, como el médico Tomás Reconco o el Conde de Peñalva que lanzaron la consigna : «¡A las armas!»

Los sublevados rompieron el parche del tambor de la guardia que acompañaba a la comitiva, lo cual impedía el formalismo de la publicación del bando (ley no promulgada, ley no válida), y comenzaron a tirar piedras, zarandear e insultar a los magistrados, que retrocedieron y se refugiaron en la Audiencia.

El pueblo de Oviedo seguía reclamando a gritos el bando de Murat para quemarlo y cada vez más gente se arremolinaba en la puerta de la Audiencia.
Una columna de estudiantes y otra de vascos, trajeron las armas de fuego, procedentes del asalto a la fábrica de armas, y tomaron al asalto la Real Audiencia entre gritos de: «¡Viva la religión!» y «¡Viva el Rey!».
El Procurador General del Principado, Gregorio María Jove y Valdés, acompañado de Joaquina y María, entró en la Audiencia y se apoderó del bando de Murat, impidiendo que se publicara.

Comandados por el Procurador General y otros personajes de Oviedo, el bando se quemó en el actual Parque de San Francisco.

A las cinco de la tarde de ese mismo día, el alcalde José María García del Busto, convocó la Junta General del Principado.
En la reunión, los participantes en la Junta se dividieron en dos bandos, los partidarios de luchar contra el francés (entre ellos García Del Busto y el Marqués de la Santa Cruz), frente a diferentes autoridades civiles y militares que pretendían colaborar con la invasión acatando el bando de Murat.

Intervino entonces un hombre de 70 años: D. Joaquín de Navia Osorio, Marqués de Santa Cruz de Marcenado, el hombre más rico del Principado de Asturias, y dijo:
«La tierra que pisamos quisiera yo se abriese en este instante y nos tragase a todos para que se sepultase en sus entrañas tanta pusilanimidad y cobardía. Quédense en su abyección y en su egoísmo los que se resignen a ofrecer sus cuellos a las argollas que les remachará el usurpador; pero yo marcharé sólo a encontrar sus legiones en el confín de Pajares con un fusil, cuya bayoneta clavaré en el primero que intente poner en él su planta. Me matarán y pasarán sobre mi cadáver, si no lo hiciesen pedazos; mas la posteridad sabrá que hubo un astur leal y bizarro que murió resistiendo solo en la invasión de este noble suelo.»

Al oír sus palabras, la Junta decidió luchar contra el francés, y no reconocer más Rey que a Fernando VII , confiándose el poder a la Junta, en lugar de a la Audiencia. Se aprobó la organización de un ejército asturiano que, como primera medida, mandaría expediciones a comprobar la situación existente en las provincias limítrofes de Galicia, Cantabria y León.

La Audiencia logró reimprimir el bando y publicarlo, pero aquella noche Juaca Bobela arrancó las copias del bando de las calles de Oviedo.

De entre todos los héroes ovetenses de la Guerra de la Independencia española, destacan las figuras de estas dos mujeres, que con su voz animaron a la sublevación:

— Joaquina González García Bobela (1759-1844) “Juaca Bobela”, animó a la población para el asalto de la Real Fábrica de Armas de Oviedo.

Asistió al “toque de arrebato” de campanas en la víspera del 25 de mayo de 1808, día en el cual la Junta del Principado declaró la guerra a Francia.

Participó, entre los días 27 y 29 de mayo, en el desarme de las tropas enviadas para sofocar el alzamiento (Carabineros Reales y Regimiento Hibernia), si bien la totalidad de estos contingentes se sumó a la causa asturiana.

Un certificado del 6 de octubre de 1814, de Joaquín Navia Osorio, marqués de Santa Cruz de Marcenado y capitán general de los ejércitos asturianos durante la guerra de la Independencia, agrega que su «valor y patriotismo» fueron «dignos de ser envidiados de hombres esforzados, moviendo a envidia de varones que se llamaban valientes, aunque incomparables a ella ni en celo patriótico ni en esfuerzo varonil, que avergonzó a muchos».

El mariscal Murat había llegado a pedir la lengua de Joaquina.

Finalizada la guerra, Juaca Bobela fue recibida por Fernando VII, otorgándosele una pensión vitalicia.

— María Josefa Francisca González y Suárez (1764-1848) “Marica Andallón” (apodo que se debía al pueblo de Andallón, en el concejo de Las Regueras, del que su familia era originaria), queda huérfana siendo una niña y empieza a trabajar como criada de una familia española en Madrid, Andalucía, París y Burdeos, por lo que tenía cierto conocimiento de francés. Ello le fue de utilidad, para mantener contactos distantes con los oficiales franceses Ney, Kellerman o Bonnet, al mismo tiempo que protege y esconde a vecinos comprometidos.

Participó en los preparativos del levantamiento del 25 de mayo de 1808.

Tuvo un papel importante el 19 de junio, día en que las tropas populares de Oviedo, unidas a las del regimiento de Castropol detienen a varios afrancesados, entre los que se encontraban los consejeros José Antonio Mon y Velarde y Juan Meléndez Valdés; y los militares Carlos Fitz-Gerald, Juan Crisóstomo de La Llave y Manuel Ladrón de Guevara.
María, al enterarse de que la multitud pretendía ajusticiarlos, informa al cabildo de Oviedo organizando una procesión encabezada por la Cruz de la Victoria para salvar la vida de los presos, hecho que finalmente logra.

Durante la guerra de independencia participa en la fundación de un cuerpo sanitario que auxilia a los contendientes heridos de ambos bandos, obteniendo productos sanitarios y trasladándolos a los hospitales de campaña de Santa Clara y San Francisco.

En varias ocasiones defendió a las muchachas acogidas en el Hospicio de las vejaciones de las tropas francesas.

Fernando VII, acabó reconociendo sus méritos en la guerra y tras una recepción real, le concedió una pensión vitalicia por los “servicios hechos a la patria en 1808, 1809 y 1810”.

En la calle Cimadevilla de Oviedo una placa que recuerda a los héroes ovetenses de la Guerra Independencia, dice así:
9 DE MAYO DE 1808
EN ESTE SITIO RECHAZÓ EL PUEBLO OVETENSE LAS ÓRDENES DEL EXTRANJERO E INICIÓ EL ALZAMIENTO DE ASTURIAS PARA DEFENDER LA INDEPENDENCIA ESPAÑOLA
GLORIA Y GRATITUD
A LLANO-PONTE, BUSTO, PEÑALVA, RECONCO, CORREA, MENDEZ-VIGO, ARGUELLES, ESCOSURA, JOVE, JOAQUINA G. BOBELA, MARIA G. ANDALLÓN Y MÁS PATRIOTAS
EN EL 1 CENTENARIO
EL AYUNTAMIENTO DE OVIEDO

ROSA M. CASTRO

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