HISTORIA DE UN CABALLO QUE TEMÍA SU PROPIA SOMBRA Y UNA CAMISA AZUL

Según relata Plutarco en su “Vida de Alejandro”, el rey Filipo II de Macedonia compró por 13 talentos a un tésalo llamado Filonico un caballo, de percha espectacular y una notable anchura en su frente, donde destacaba una mancha blanca en forma de estrella.
Aquellas características hicieron que el equino fuera apodado, más que llamado, con el nombre de Bucéfalo, que en griego significa “Cabeza de Buey”, apodo por el que pasaría a la historia al ser la montura sobre la que Alejandro el Magno conquistó su Imperio.

La leyenda cuenta que el bravo animal desde el primer momento de su traspaso se mostró rebelde, tosco, salvaje, hostil, tan desconfiado que resultaba literalmente indomable. Relinchando y encabritándose, lanzaba coces al viento cada vez que algún palafrenero intentaba lazarlo y nadie lograba apaciguarlo.
El joven príncipe Alejandro estaba verdaderamente prendado de aquel noble -y sin embargo rebelde- animal que rechazaba con violenta cabezonería no solo cualquier arnés que lo sujetara, sino incluso la proximidad de otros caballos.

Un buen día, Alejandro que llevaba tiempo observándolo, salto el cercado y acercándose con determinación agarró con fuerza la cabeza del caballo y le obligó a mirar directamente al sol. En ese momento y de un brinco lo montó y lo hizo caminar en dirección al astro rey.
Sin perder de vista el sol, el caballo admitió como compañero a su montura y ambos juntos, el uno con el otro, dieron comienzo una de aquellas historias de la vieja Europa que aún a día de hoy, dejan boquiabierto al mundo entero.
El Rey Filipo, testigo de aquel asombros suceso exclamó, “Hijo, búscate un reino que se iguale a tu grandeza, porque Macedonia es pequeña para ti”.

Según el relato de Plutarco, la fascinación de Alejandro por el bravo animal venía dimanada de su admiración por su espíritu libre y a diario lo observaba detenidamente hasta que pudo hallar la causa que motivaba su ira y su desconfianza: el miedo.
El joven discípulo de Aristóteles y futuro emperador, advirtió que Bucéfalo temía a aquella oscura y extraña presencia que le perseguía silenciosamente allá donde quiera que fuera: su propia sombra.
Alejandro, le forzó a mirar directamente en la única dirección donde desaparecían todos sus temores, a la luz del sol, y así consiguió que aquel bravo animal le acompañara ciegamente en su camino hacia la eternidad.
Literalmente, Bucéfalo conquistó la gloria combatiendo y avanzando Cara al Sol.

¿Podría valer para España -esa nación hosca, rebelde, testaruda y a veces oscura, permanentemente descontenta con ella misma y con su propia historia y con una insólita facilidad para los enfrentamientos civiles-?. ¿Podría valer -decíamos- para España la comparación con Bucéfalo, el noble equino al que aterrorizaba su propia sombra? .

Difícil de saber cuál fue el irresistible impulso que arrastró en 1933 a un joven aristócrata de vida fácil y futuro prometedor a ponerse al frente de un reducido grupo de visionarios con la firme intención de hacer causa común en liberar a España de la negra sombra que secularmente la persigue, la oprime y la acongoja.
Lo que sí es cierto es que llamaron a su himno de amor y de combate, “Cara al Sol” y que en esa mirada, todos y cada uno de ellos, entregaron generosamente su vida.
Fueron Luys Santamarina y Ruiz de Alda los que propusieron la camisa azul y el Jefe el que la declaró oficialmente uniforme, “la camisa color azul mahón, como color neto, entero, serio y proletario, distintivo de una organización rotunda, varonil y firme”.
El emblema iría bordado en rojo, lado izquierdo, junto al corazón.

Era el 6 de octubre de 1934 y la reunión la del 1 Consejo Nacional de Fe de las Jons.
A la mañana siguiente José Antonio ya la vestía cuando se llegó al Ministerio de Gobernación para ofrecer sus milicias Falangistas contra la insurrección de Cataluña, como se puede ver en la famosa foto de los líderes enlazados por los brazos bajo el eslogan, “Viva la unidad de España”.
Las miles de historias -heroicas historias- en torno a “la mahón” ocuparían tantas líneas como estas que, para no extenderme demasiado, solo voy a referirme a una que me marcó directamente.

El 13 de diciembre de 1980, aproximadamente a las 10 de la mañana y en la sede del Frente de la Juventud, cerrábamos el féretro que contenía los restos mortales de Juan Ignacio y lo cargábamos sobre nuestros hombros. La última imagen que algunos conservamos de él, es la de una tapa de madera cayendo pesadamente sobre una camisa azul con flechas yugadas.
Ciertamente, muchos han vestido esa camisa desde aquél ya lejano 6 de octubre del 34 y muchos la han deshonrado; de entre estos malnacidos, destacan de manera notable todos aquellos que la utilizaron cual camaleones para medrar durante el franquismo.

En otro plano, menos deleznable pero igual de reprobable, quedan todos aquellos que la vistieron cual moda juvenil setentera/ochentera de barrio florido y conjuntable con abalorios de la planta de complementos de El Corte Inglés.
Pero yo me quedo con aquellos que la honraron.
Aquellos que la empaparon con sangre -propia o del enemigo, que tanto da- desde el Alto del León hasta el Lago Ilmen, desde la Vega Baja alicantina hasta Krasny Bor, desde la Modelo madrileña hasta la canallada que exigió Varela para con Domínguez , desde Alcubierre hasta aquel 13 de diciembre en que enterramos a Juan Ignacio.
Y por supuesto, me quedo con todo aquél que aún la honra, aquel que aún siente un escalofrió de orgullo cuando abrocha sobre su pecho cada botón de su camisa mahón.

Personas sin honor hay en todas partes, incluso en nuestras supuestas filas. A patadas.
Ninguno de ellos va a entender estas líneas. A éstos solo puedo decirles, lo siento.
Siento mucho que el efecto “contagio de la sociedad borrega” os haya llevado a elegir una militancia sin símbolos, sin himnos, sin banderas y sin referentes.
A los que sí entienden de honor, a aquellos que guardan amorosamente su camisa azul y la visten sin complejos en la ocasión puntual que así lo exige, mi humilde reconocimiento de camarada.

LARREA    JUL/2016

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    1 thought on “HISTORIA DE UN CABALLO QUE TEMÍA SU PROPIA SOMBRA Y UNA CAMISA AZUL

    1. Dios te salve camarada larrea.Muy acertada tu publicacion,la cual comparto quedando a tu disposicion

      Attm Fdo :
      Karlos Baron Rojo.Jefe Nacional de Prensa y Subjefe Nacional de la Plataforma para la Unidad Nacional de Falange.
      En Jaen ( España )a 5 de Julio del año del Señor 2016.
      ¡¡¡ Por Dios,España y su revolucion Nacional Sindicalista¡¡¡

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