HISTORIA DE TRES MAFIOSOS

El 4 de septiembre de 1939, una escuadrilla de 29 bombarderos ingleses bombardeó el puerto de Wilhelmshaven, en el norte de Alemania. Se trataba de un objetivo militar y ambos países estaban en guerra, nada que reprochar. Gobernaba por aquel entonces Chamberlain en el Imperio Británico, férreo enemigo de llevar la guerra al campo civil. Churchill era de muy distinta opinión, su primer acto al tomar posesión (10 de mayo de 1940) fue ordenar que se bombardearan ciudades alemanas, incluso zonas residenciales, y así empezó a hacerse la noche de ese mismo día contra Mönchengladbach.
Así las cosas, un físico nacido en Alemania, llamado Frederick Alexander Lindemann, que había huido a Inglaterra y que era consejero científico de Churchill, le dijo a éste que las zonas residenciales de las grandes ciudades alemanas eran las menos protegidas y que pedían ser destruidas mediantes bombardeos masivos. De preferencia, con bombas incendiarias, para que la devastación fuera más completa. Lindemann era conocido en Inglaterra como lord Cherwelly, tenía muy buenas razones para buscar tan afanosamente la derrota de Alemania, donde había nacido, pues descendía de israelitas. Hasta entonces, las leyes de la guerra prohibían que ésta se ejerciera sobre los civiles, pero Churchill ya había empezado a violar ese principio desde que tomó posesión de su cargo y adoptó rápidamente la propuesta de Lindemann para concentrar los bombardeos sobe las zonas residenciales.
Lindemann acabó su reflexión acerca de la escasa efectividad de los bombardeos ingleses hasta la fecha, y lo presentó en un documento bajo el nombre “Dehousing Policy” en el que explicaba con números que el sistema de bombardear las industrias y unidades militares no acabaría causando un daño completo a Alemania, que había muchas probabilidades de errar blancos tan concretos, así que proponía cortar la producción económica alemana, destruyendo las casas de los obreros de la fábricas, con ellos dentro, sin obreros las fábricas se pararían, y emitió un dictamen donde proponía bombardear las ciudades de día y de noche, de más de 100.000 habitantes haciendo hincapié en destruir barrios de civiles, y sus infraestructuras como mercados, colegios o cines. En especial decía, deben destruirse a conciencia las barriadas residenciales.
“Dehousing Policy” fue leída por Churchill y se la pasaron a un hombre que quería el mando de bombardeo, Arthur Harris, que se había labrado una fama destruyendo poblados en oriente lanzando bombas sin muchos remilgos al que la idea le pareció genial. Churchill nombró a sir Arthur Harris jefe del mando de bombardeo de la RAF el 22 de febrero de 1942, y le ordenó una ofensiva “sin limitaciones”. La terna mafiosa ya estaba en marcha: El padrino, el consigliere y el sicario.
Sir “bomber” Harris no tuvo ningún escrúpulo y su jefe de estado mayor, mariscal sir Charles Portal, tampoco. Y para que no quedaran dudas, dijo a los pilotos ingleses:
Debe quedar completamente claro, si es que todavía hay quien no lo ha comprendido, que el objetivo son los barrios densamente poblados”.
La noche del 28 al 29 de marzo de 1942 se inició una ofensiva de terror aéreo incendiario. Lebeck fue atacado por 254 bombarderos pesados. 1.044 casas-habitaciones quedaron destruidas, y 4.200 dañadas. Ardieron monumentos e iglesias. Hubo 320 muertos y 785 heridos civiles.
La noche del 30 al 31 de mayo de 1942, 1.047 bombarderos atacaron la ciudad de Colonia, tercera por su tamaño en Alemania. Lanzaron 1.455 toneladas de bombas y 45.000 habitantes quedaron sin hogar. Y así continuó durante todo el año de 1942, en que se arrojaron sobre Alemania 58.755 toneladas de bombas incendiarias y explosivas.
El comando de bombardeo inglés sufrió 55.573 bajas de 125.000 pilotos, pero Harris siguió pensando cómo hacer sufrir al enemigo. Había que bombardear hospitales, escuelas, teatros, ambulatorios, iglesias… hasta culminar con su obra maestra: Dresde.
Al final de la II Guerra Mundial, se habían arrojado sobre Gran Bretaña 60 mil toneladas de bombas. Alemania recibió 1,5 millones de toneladas, en verdaderos holocaustos como Dresde o Hamburgo entre otros.
Culpables de la estrategia terrorista de la RAF y la USAF: el mencionado Arthur Harris (alias ‎Butcher, carnicero), así como Frederick Alexander Lindemann (alias lord Cherwell) con Churchill a la cabeza.
La moral de la población civil se mantuvo en pie, era más fuerte que los muros de sus hogares, mientras que la producción alemana de armamentos siguió creciendo progresivamente alcanzando cotas verdaderamente elevadas hasta el mismo 1945. Ambas cosas fueron reconocidas por el mismo Churchill en sus memorias, el cual escribió:
La producción alemana de guerra y la capacidad moral de resistencia de la población civil no parecían haber disminuido gran cosa. Habíamos subestimado la fuerza del pueblo alemán”.
Después de la guerra, Harris fue trasladado de manera un poco brusca a Sudáfrica donde le jubilaron en un retiro bien pagado; en 1973 la BBC le hizo una entrevista donde le preguntaron sobre Dresde esperando algún tipo de disculpa o arrepentimiento, pero se encaró con el joven periodista para decirle que lo volvería a repetir todas las veces que hiciera falta, que él no se tenía que arrepentir por haber ganado una guerra mundial, que había mucha mente blanda por el mundo actual, y mucho borrego estúpido dentro de la OTAN. Cuando la entrevista llegó a Londres, el gobierno de turno decidió meter la cinta en un cajón.
Mientras, el señor Lindemann, que siguió con sus matrices y cálculos universitarios, comentó de pasada que hizo varias matrices casi perfectas con los cientos de miles de bajas alemanas, y cuando se le preguntó por todo el horror de aquellos bombardeos, comentó, con una sonrisa de profesor, que lo suyo era la matemática, el saber, que lo que se necesitará para ganar una guerra era otra cuestión distinta, él sólo medía la magnitud del incendio, no disfrutaba encendiendo la cerilla y viendo arder el rostro del enemigo.
Cuídate del lobo con piel de cordero…
JAVIER FERNÁNDEZ
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