HISTORIA DE UNA FOTOGRAFÍA

“Si todos los vampiros que presumen de haber visto la Crucifixión hubieran estado allí aquello hubiera sido más grande que Woodstock”. Spike en la serie Buffy Cazavampiros…

Si todos los que han estado en tal o cuál hecho histórico hubieran estado realmente allí, muchas cosas serían distintas. No espero que me creáis pero en 1975, meses antes de la muerte del Caudillo, cuando Rodolfo Martín Villa era Gobernador, y Jefe provincial del Movimiento, en Barcelona, puede verle cantar el Cara al Sol, probablemente por última vez.
Veréis dos cosas en la foto, la primera que no es un ser feliz, de hecho parece entre congestionado y cabreado con alguna nota de acojono en la cara. Lo segundo que está rodeado de oficiales de la Benemérita… Lo limitado de la foto no permite ver el entorno. Se trata de la Capilla Militar de Barcelona que está en el Parque de la Ciudadela, cerca del Zoológico. Cuando el ejército español cedió la ciudadela de Barcelona a la ciudad se quedó sin embargo con su capilla que es lo único que quedó de la fortaleza original. Aunque otras iglesias podrían haberse empleado aquel día, la Capilla Militar, relativamente alejada del centro y conocida por pocos fue la escogida para el funeral de un oficial de la Guardia Civil muerto el día anterior en las Provincias Vascongadas. El hombre había muerto en acto de combate contra terroristas y aquella mañana el TELEXPRESS, un periódico felizmente desaparecido, había equiparado la violencia de los terroristas que entonces comenzaban a matar con la de los agentes del orden que defendían la sociedad.

Era evidente que había que homenajear al muerto. Por el lugar escogido me atrevo a pensar que también era evidente que no se quería mucho ruido en el homenaje. Yo llevaba militando pocos meses en CEDADE, mi primer grupo, y un camarada de allí me citó cerca del parque, de camisa… Jorge Mota algo se cabreó cuando leyó en las reseñas de la prensa aquello de “camisas azules de Falange y pardas de CEDADE”, pero a Massana, el Jefe Provincial le hizo gracia. Acudí y nos mezclamos con el público del acto. El Gobernador provincial, y aún Jefe Provincial del Movimiento, llegó tarde, de estricto civil, quizás porque ya adivinaba que una camisa azul no le iba ser nada útil para seguir en política. Después de llegar, con la misa a punto de empezar, hizo todo lo posible por marcharse lo más aprisa posible… por desgracia poco antes de acabarse la misa apareció un destacado (la prensa progre prefería la palabra “connotado” que tiene resonancias más siniestras) electricista y militante falangista de Barcelona, con un grupo de gente buena a la que no le avergonzaba ni la camisa azul ni el Cara al Sol. Estaba el Gobernador a punto de subirse a su coche oficial cuando el electricista/falangista se colocó entre él y su vehículo y comenzó a cantar el Cara al Sol, le siguió todo el público, incluyendo los oficiales de la Guardia Civil presentes. A Martín Villa no le quedó más remedio que levantar el brazo y corear la canción desde la segunda o tercera líneas. Sin ganas pero lo cantó…

Al final, como era evidente que aunque le correspondía a él hacerlo no pensaba dar los gritos de ritual, —¿cuántas veces he mencionado ya que era Jefe Provincial del Movimiento?— el falangista de base los dio. Y después cedió el paso para que el Excelentísimo Señor Gobernador Provincial, y Jefe Provincial del Movimiento Nacional (he dicho tres veces lo de Jefe Provincial), pudiera subir a su coche oficial y pudiera irse a planear su futuro, dejando tras de sí una foto que le ha perseguido durante toda su carrera oficial de “demócrata de toda la vida”.

No hay nada gracioso en la anécdota porque aquello fue, ante todo, el funeral de un hombre que había dado su vida por la patria, el orden y la ley, pero es una anécdota curiosa.
Cuando el gobernador se fue, nosotros recorrimos la parte baja de la ciudad hasta la Plaza de San Jaime. Cantamos el Cara al Sol media docena de veces. Yo había ido a un colegio privado, medianamente laico, medianamente catalanista, y no pude corear la canción hasta la tercera o cuarta vez.

El día que Martín Villa cantó el Cara al Sol por última vez, fue también el día en que yo lo canté por vez primera.

JUAN LLAMA

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