HOMBRE BLANCO, HETEROSEXUAL ARMADO

No soy homofóbico ni racista, al menos en el sentido que el sistema les da a esas palabras. La homosexualidad es una excepción que confirma la regla, como bien lo sabían y lo asumían los pueblos paganos (recuerdo el capítulo del Hagakure destinado al tema). Las razas también existen y las hay muy bellas en todo sentido, como las hay no tan bellas, también en todo sentido. ¿Quién podría asegurar no enamorarse de una japonesa o de una cherokee? Pero eso no obsta, a que mi cultura y mi civilización, haya sido concebida y construida por hombres blancos, heterosexuales y armados y que sin ellos se encamine sin duda a la desaparición.

Eso es lo que derriban cuando derriban estatuas en todas partes de Occidente: en Buenos Aires, en Madrid o en Virginia. Derriban al guerrero porque él es el principal enemigo del sistema. El guardián de la tribu. Y no sólo nos pasa a los blancos: a los japoneses ya les pasó y a los indios americanos también. Los jefes políticos blancos, traidores y venales, creyeron que a ellos nunca les iba a pasar. Se rieron de los grandes jefes indios en sus reservaciones, denigrados y llevados a su mínima expresión. Se rieron de los japoneses que se internaron en la selva para no rendirse. Ahora nos toca a nosotros.

Necesitamos muy poca teoría para comprender. Se acabó la teoría. Es posible que de aquí en más, lo único que escriba sea poesía de combate, como hacen los poetas de los pueblos que resisten desesperadamente su extinción.

Juan Pablo Vitali

 

VIT

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