HOMENAJE A ALFONSO PASO EN EL ESCORIAL

 

A veces, muy pocas, los gestos espontáneos del pueblo compensan los silencios obligatorios y las sórdidas mezquindades de farisaicas correcciones políticas..
A veces, muy pocas, el interés por la cultura de una minoría salva la dignidad de una sociedad adocenada.
A veces, muy pocas, la lucha sin cuartel de una mujer excepcional contra mezquinos silencios oficiales mantiene encendido el recuerdo de un genio irrepetible.
Ayer, en El Escorial, pudimos ser testigos de uno de esos raros momentos.
Organizado por el Ateneo Escurialense y con la colaboración del Ayuntamiento de San Lorenzo de El Escorial tuvo lugar un homenaje a Alfonso Paso en el XL Aniversario de su fallecimiento.
En un acto presentado por el escritor Javier Santamarta, el historiador Rafael Rodrigo y la hija del dramaturgo, Almudena Paso, recordaron la figura del autor teatral más prolífico del siglo XX.
El homenaje que en cualquier nación que no estuviera regida por el resentimiento y la mediocridad hubieran promovido Ministerios y Reales Academias , fue realizado gracias al apoyo de un modesto Ayuntamiento, a la bonhomía de unos intelectuales independientes y a la abnegación de una hija.

Y eso fue lo bueno.
Porque, en lugar de los envarados discursos y las impostadas loas preñadas de cursilería de los actos de la cultura oficial, la figura de Alfonso Paso fue recordada con el cariño y la espontaneidad de la genuina admiración.
Porque el público que llenaba –en un miércoles de Agosto- el salón de actos de la Casa de Cultura no lo hacía impulsado por los bastardos intereses y compromisos que suelen sustentar los artificiales y artificiosos actos subvencionados con dinero público y en los que la pomposidad y la pedantería suelen camuflar la mediocridad del ambiente.
El público que ayer acudió al homenaje lo hizo con la sinceridad y la sencillez de un pueblo que se resiste a la ramplonería y que se niega a olvidar sus referentes culturales.
Porque ayer, en El Escorial, no sólo se recordó al dramaturgo traducido a todos los idiomas, ni al genio capaz de escribir con la misma brillantez una comedia, un drama social, un ensayo arqueológico o un artículo periodístico. Ayer se homenajeó al hombre sencillo y cordial que, sin endiosarse por una más que merecida fama, conversaba en el café con sus convecinos.
Y eso, en una cultura oficial mangoneada por analfabetos solemnes y fatuos, es un pecado de incorrección política.

Por eso Alfonso Paso es tan incómodo para los poderosos de ayer y de hoy.
Por eso es tan querido por el Pueblo.

J.L. ANTONAYA

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