ISABEL BARRETO, 1ª ALMIRANTE DE LA ARMADA ESPAÑOLA

Isabel Barreto, nació en Pontevedra en 1567 y siendo aún niña, se trasladó con su familia al Perú. En 1585 Isabel conoció al Adelantado Álvaro de Mendaña, con quien contrajo matrimonio en Lima.

Mendaña era un navegante español que en 1567 había descubierto unas islas a las que llamaron “Salomón” debido a que los españoles supieron de boca de los quechuas la leyenda que decía que hacia el oeste se encontraban unas islas llenas de oro, de inmediato se compararon estas islas con la Tierra de Ofir, donde estaban las minas de oro del rey Salomón, y aunque al llegar no encontraron oro, pusieron ese nombre a las islas.
Meldaña no tomó posesión de ellas para la Corona de España, pues la colonización la reservaba para su siguiente viaje.
Y fue en 1595 cuando Álvaro de Mendaña organizó una nueva expedición por el Océano Pacífico para poblar las Islas Salomón.

Isabel y otras mujeres se embarcaron en la expedición, a pesar de que no era algo habitual en la época y de la disconformidad de algunos de los marineros.
Partieron el 16 de junio de 1595. La expedición constaba de 4 embarcaciones, y estaba compuesta por 378 personas, 280 de las cuales eran “hombres de mar y guerra”. También iban 3 hermanos de Isabel y el cronista portugués Pedro Fernández de Quirós, quien tuvo frecuentes enfrentamientos con ella, totalmente contrario a la presencia de mujeres en los barcos y hastiado de soportar el carácter enérgico y dominante de la esposa de Mendaña.

En un primer momento, la flota descubrió las Islas Marquesas y durante su estancia en las Islas Santa Cruz, Mendaña enfermó gravemente de malaria, falleciendo el 18 de octubre. Antes de morir, y adivinando que para él no habría más viajes ni nuevos descubrimientos, para sorpresa y desacuerdo de muchos, dejó por heredera universal a su mujer y la nombró Gobernadora en tierra, y al hermano de esta, Lorenzo Barreto, Almirante, con la tarea de proseguir la expedición. Fueron legales los nombramientos porque de Su Majestad tenía cédula particular con poder para nombrar a la persona que quisiese.

Lorenzo moría a los pocos días y, siguiendo la línea dinástica, Isabel ocupó los cargos heredados de marido y hermano, lo que la convertía en la persona al mando en tierra y mar. Por lo tanto, Isabel Barreto se encarga del gobierno de la expedición, reuniendo en su persona los títulos de Almirante de la flota y Adelantada del mar océano, desempeñándolos desde el galeón Santa Isabel, la nao capitana, convirtiéndose en la primera mujer almirante de la Armada española en la historia de nuestra navegación.

La situación en Santa Cruz, con los indígenas revueltos y los soldados y civiles de la expedición con el espíritu sumido en contradicciones y rebeldías, desencadenó una revuelta entre los soldados, que la propia Isabel Barreto detuvo, amenazando con un machete al líder de los amotinados. Esto obligaba a la Adelantada, Almirante y Gobernadora, a tomar una pronta determinación, y decidió levar anclas el 18 de noviembre de 1595 hacia la segura Manila, en el archipiélago filipino, en busca de refuerzos humanos y materiales para completar la exploración de todos los territorios descubiertos y el decidido asentamiento de los colonizadores.
Rumbo a Filipinas, la Almirante tuvo que demostrar sus dotes de mando a una tripulación y un pasaje poco convencidos de su valía. Tal vez excedida en las formas, impuso su voluntad. En contra de opiniones y gestos, alzada sobre el murmullo y los conatos de oposición, Isabel Barreto guió la nave hasta su destino, enfilando en ruta las islas de los Ladrones (actual Guam).

Cerca de 500 personas en el galeón, entre marineros, hombres de armas, civiles y experimentados navegantes, supusieron un desafío a la convivencia y a la jerarquía. Parte de la tripulación la formaban individuos desagradables, pendencieros y perezosos, dados a la picaresca y al desorden antes que al sometimiento voluntario a sus obligaciones e Isabel los gobernó con dureza. Descrita por los afectados o los reacios a cumplimentar esa autoridad heredada como “déspota y caprichosa”, es preciso decir que tuvo justicia en su trato con los amotinados y rebeldes, aunque poca o ninguna piedad. Mandó, dirigió y se hizo obedecer pese a opositores y adversidades.
Pedro Fernández de Quirós, piloto y cronista, dijo de ella: “De carácter varonil, autoritaria, indómita, impondrá su voluntad despótica a todos los que están bajo su mando, sobre todo en el peligroso viaje hacia Manila”.

Con una diezmada expedición y con una férrea disciplina, avistaron Filipinas y pusieron pie en tierra en Manila, el 11 de febrero de 1596… ese día entraba triunfalmente en el puerto de Cavite la «Reina de Saba de los Mares del Sur», como la llamaron, recibida con honores y salvas de artillería.

En Manila, conocida la proeza de la viuda, Isabel fue homenajeada por todas las instancias insulares y todos los lugareños: les visitaba una heroína, la primera y única almiranta de la Armada de Felipe II.

ROSA M. CASTRO

RO1

Be Sociable, Share!

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies
    Web translate