JEAN FRANÇOIS THIRIART Y EL MOVIMIENTO JOVEN EUROPA

Jean-François Thiriart nació en Lieja, Bélgica em 1922 y murió el 23 de noviembre de 1992. Fue un político belga que abogaba por la edificación de un socialismo Nacional-Comunitarista unitario europeo.
Abogaba por la unión con los nacionalistas árabes y revolucionarios del Tercer Mundo. Fue un antiimperialista. Luchó contra USA y contra las URSS. Fundó, para ello, el Frente Europeo de Liberación. Desde 1960 a 1969, a través de la organización europea transnacional Jeune Europe y el mensual La Nation Européene, Thiriart promovió la primera tentativa, inigualable, de creación de un Partido Nacionalista Europeo y Revolucionario y definió claramente en sus escritos lo que forma parte de corpus doctrinal de no pocos movimientos nacionalistas de Europa.
Contra los nacionalismos que él denominaba “estrechos” citaba a un periódico yugoslavo que decía: “Encuentro ridículas nuestras divisiones, yo me siento yugoslavo. Estoy harto de nuestros nacionalismos que nos llevan al absurdo. Todos somos pequeños pueblos y solamente juntos representaremos algo”.
JOVEN EUROPA
Durante los primeros años 60 un movimiento atrajo la atención de opinión pública en varios países europeos: “Joven Europa”. Bajo el emblema de la cruz céltica, en pocos meses, un movimiento que tuvo su origen en Bélgica y en particular en los grupos repatriados del Congo, logró extenderse por toda Europa y crear una quincena de secciones nacionales. Jean Thiriart se encontraba al frente de la organización.
La ideología de “Joven Europa” fue perfilándose rápidamente en los editoriales de “Nation Belge” primero, de “Nation Belge Europe” y, por fin, de “Joven Europa”.
A nuestro entender es Jean Thiriart, junto con Julius Evola, el principal “revisionista” del fascismo y quien más contribuyó a un “aggiornamento” ideológico y estratégico. Thiriart fue el primero en advertir la necesidad de salir del “ghetto” que las democracias y el sionismo habían puesto en tomo al nacionalismo revolucionario. Y sobre todo buscó eficacia política, marginando al dilettantismo que siempre ha caracterizado a una cierta extrema-derecha y el paseismo que es congénito a otra. Su obra no fue comprendida por todos, ni incluso por algunos de sus más íntimos allegados.
Las ideas de Jean Thiriart y la estrategia que animó a “Joven Europa” están ampliamente expuestas en un libro de importancia trascendental: ” ¡Arriba Europa!” y “La Grande Nation – 65 tesis sobre Europa”. En ambos, Thiriart no sólo pone al día algunas interpretaciones del nacionalismo-revolucionario y le da nuevos enfoques, sino que define cuales deben ser los instrumentos políticos y tácticos de la “vía comunitaria a Europa”.
La necesidad de superar los pequeños nacionalismos y especialmente el nacionalismo jacobino y chauvinista, es el punto de partida del análisis de Thiriart. Pero superarlos ¿por qué? Precisamente porque la existencia de las naciones está amenazada por la realidad del imperialismo ruso-americano: es preciso encontrar “una nueva dimensión del nacionalismo”, es decir, un ente, humano, cultural, territorial e histórico capaz de edificar una “tercera vía” entre los monstruos imperialistas. Europa es la nueva dimensión nacional. Y el nacionalismo europeo, la llama que debe inflamar la lucha de liberación.
Para Thiriart, Europa es la “nueva unidad de destino en lo universal”. No existe más destino para las distintas patrias europeas que acrisolarse en una nueva y gran nación: “Un imperio de cuatrocientos millones de hombres”.
La primera misión de Europa es la lucha por expulsar a soviéticos y americanos del continente. Esta lucha pasa por la destrucción del Tratado de Yalta en el que se confirmó la ruptura del continente. Sólo así Europa dejará de ser el tablero de lucha en el que combaten las dos superpotencias. El muro de Berlín es la imagen más dolorosa de la situación del continente, por tanto la unidad europea debe pasar por la reunificaci6n alemana y la destrucción del muro. El futuro Estado Europeo una vez constituido debe permanecer neutral, manteniendo una política de no alineación y de alianza con el tercer mundo, especialmente con el mundo árabe y con Iberoamérica.
Thiriart manifiesta en todos sus escritos un particular odio razonado contra los micronacionalismos. Su tesis es que sólo las naciones fuertes y grandes, son naciones libres y que precisamente los micronacionalismos, es decir, los que dicen actuar por “amor a la nación”, contradictoriamente, son sus mayores y más peligrosos enemigos: las naciones aisladas son fácil presa de los enemigos interiores (fundamentalmente los partidos considerados como peones imperialistas de Rusia o E.E.U.U.) y de los intereses que estos representan.
Ahora bien, prosigue Thiriart en su análisis, la construcción de Europa debe de hacerse sobre la base de un doble rechazo al comunismo y a la plutocracia: frente a la sociedad colectivista y al egoísmo capitalista, por una sociedad solidaria (del “a cada uno según sus necesidades” al “a cada uno según su capacidad y según su esfuerzo”). Asimismo Thiriart es partidario de la libre empresa, pero no dentro de un marco financiero monopolista, sino de una economía comunitaria y organizada. No dirigida por el Estado, pero sí orientada por éste. Los grandes beneficios de los trusts deben ser limitados o abolidos. El programa social que diseña Thiriart es muy similar en su concepción originaria al establecido por la República Social Italiana.
Sobre el terreno de la práctica, Thiriart apunta una serie de ideas que son dignas de tenerse en cuenta: Europa nacerá en el momento en que en una minoría de europeos cale la idea de Europa, una Nación es posterior a la idea que de ella se hace una minoría resuelta. Esa minoría debe ser encuadrada y organizada en una estructura que no es un simple partido en un universo de partidos, sino un movimiento político susceptible de transformarse en político-militar cuando las circunstancias lo requieran. En el interior de ese movimiento, la jerarquía -la jerarquía de derecho- se creará en la lucha constante y diaria. Muy influido por Pareto y Mosca, considera que tanto la “circulación de las élites” como la existencia de una clase política dirigente son indispensables para la revolución europea. La modalidad de lucha que el movimiento europeo debe llevar a cabo se asemeja a la “guerra revolucionaria” tal como fue expuesta por Lenin en “¿Qué hacer?”
En efecto, el movimiento de Thiriart en sus orígenes estudió detenidamente los textos clásicos del marxismo y advirtió que la lucha de liberación europea era, al menos en su fondo, similar a la que vietnamitas y argelinos libraban en aquellos mismos instantes contra la metrópoli francesa. Evidentemente Thiriart mantenía una hostilidad manifiesta hacia los viets, y especialmente contra el FLN, pero esto no quitó para que pudieran darle sugerencias inestimables sobre la conducción de una lucha de liberación. La práctica de Thiriart puede ser definida como un “leninismo voluntarista y personalista”, en definitiva.
Hasta aquí las tesis fundamentales del movimiento “Joven Europa”. Políticamente tuvo importancia en Bélgica y existieron secciones nacionales en España, Alemania, Francia, Inglaterra, Irlanda, Suiza, etc. A partir de 1965 el movimiento perdió energía y algunas de sus secciones nacionales se desintegraron. En realidad, en muchas de ellas Thiriart no había encontrado a los hombres adecuados para ponerse al frente; en otras, en Bélgica precisamente, se encontró con que una parte de su base tenía una “idea propia” sobre las tácticas a emplear.
JAVIER FERNÁNDEZ

 

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