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JOSEPH HAYDN – LAS SIETE ÚLTIMAS PALABRAS DE CRISTO EN LA CRUZ

 

En 1771, José Sáenz de Santa María, sacerdote en la Iglesia del Rosario en Cádiz, asumió la dirección espiritual del Oratorio de la Santa Cueva. En dicho oratorio se celebraban cada Viernes Santo entre las doce y las tres de la tarde unos ejercicios llamados “la Devoción de las Tres Horas”, en las que se leían las últimas palabras de Cristo en el Gólgota. La práctica era originaria de las misiones jesuitas de Perú, y en ella se intercalaba música entre cada una de las palabras. El jesuita peruano Alonso Messía Bedoya dedicó a esta devoción un libro que se editó en Sevilla del año 1757, y muy pronto se difundió por toda España.

En 1778, el pater Santa María heredó una gran fortuna así como el marquesado de Valde-Íñigo, y a partir de entonces puso todo su patrimonio al servicio del engrandecimiento de los lugares de culto a su cargo.

En el año 1783, concluídos los trabajos de renovación y ampliación de la Santa Cueva, el padre Santa María consideró encargar una pieza musical que fuera digna para la devoción del Viernes Santo. El violonchelista Carlo Moro le sugirió encargar la obra a Boccherini; sin embargo, Santa María, aconsejado por Francisco de Paula María de Micon, Marqués de Méritos, decidió contratar al compositor más importante de aquella época, Joseph Haydn, de quien Méritos, gaditano de estirpe italiana, amante de la música, y que había viajado por Italia y París, era gran admirador.

Es precisamente el Marqués de Méritos quien escribe, a ruegos de Santa María, al célebre maestro Haydn para solicitar la composición de la música que ha de oírse durante el Ejercicio.

Haydn está en su residencia de Eisendstadt cuando recibe la carta del marqués. Está redactada en latín y es muy prolija en detalles sobre el carácter de la música solicitada y el contexto en que debe interpretarse. Haydn, según sabemos por escritos suyos posteriores, cree que el encargo es de la catedral de Cádiz, no de una simple capilla de la ciudad. El encargo sorprende al maestro el cual, intrigado, se hace aconsejar de su amigo Maximilian Stadler, de quien recibimos noticia de estos acontecimientos. Stadler dice:

“Él [Haydn] me preguntó qué pensaba yo de todo aquello. Yo le contesté que me parecía oportuno que escribiese una melodía apropiada para cada palabra, para luego desarrollarla con los instrumentos, en cuyo arte él era un verdadero maestro. Así lo hizo exactamente, aunque no sé si ya tenía previsto hacerlo así de antemano.”

El mismo Haydn explica el origen y dificultad de escribir la obra cuando el editor Breitkopf & Härtel publicó (en 1801) una nueva edición para la que solicitó un prefacio:

“Hace unos quince años, un canónigo de Cádiz me pidió componer música instrumental sobre Las siete últimas palabras de Nuestro Salvador en la cruz. Era costumbre en la Catedral de Cádiz producir un oratorio cada año durante la Cuaresma. El efecto de la interpretación se veía reforzado por las siguientes circunstancias: las paredes, las ventanas y los pilares de la iglesia estaban cubiertos con tela negra, y solo una gran lámpara colgando del centro del techo rompía la solemne oscuridad. Al mediodía, las puertas se cerraban y comenzaba la ceremonia. Después de un breve servicio, el obispo ascendía al púlpito, pronunciaba la primera de las siete palabras (u oraciones) y pronunciaba un discurso al respecto. Esto terminaba, dejaba el púlpito y caía de rodillas ante el altar. El intervalo era llenado por la música. Entonces el obispo pronunciaba la segunda palabra, luego la tercera, y así sucesivamente, la orquesta seguía a la conclusión de cada discurso. Mi composición estaba sujeta a estas condiciones, y no fue tarea fácil componer siete adagios de diez minutos cada uno, y que se sucedieran uno a otro sin fatigar a los oyentes; de hecho, me resultó completamente imposible sujetarme a los límites señalados.”

En 1787, la partitura de la obra encargada llegó a Cádiz, con el título Musica istrumentale sopra la sette parole del Nostro Redentore in croce, o sianno Sette Sonate con una introduzione, ed al fine un Terremoto. El estreno fue el viernes santo de 1787, en la Santa Cueva. El padre Santa María invitó a los mejores músicos locales para que la interpretaran.

Don José Sáenz de Santa María, sin duda un bromista, pagó a Haydn de la manera más inusual, enviando al compositor un pastel de chocolate dentro de una caja. Haydn, enfadado al no recibir el dinero que esperaba, golpeó con el puño la tarta, encontrando para su sorpresa que el interior del bizcocho estaba lleno de monedas de oro.

De esta magnífica obra hay cuatro versiones: la versión de orquesta que es la primera, versión de cuarteto, reducción de piano, que fue escrita por otro compositor pero con el visto bueno del mismo Haydn, y, una década más tarde, la versión oratorio para orquesta, coro y solistas.

F.A.

Escuchad Las Siete Últimas Palabras de Cristo en la Cruz interpretada por Le Concert des Nations y dirigida por Jordi Savall:

Imagen: El Calvario. Van der Weiden

Fuentes:

Haydn y las siete últimas palabras de Cristo, por Juan de Dios Tallo

http://www.madrid.org/artesacro/2015/siete_palabras_haydn.html

https://es.wikipedia.org/wiki/Las_siete_%C3%BAltimas_palabras_de_Cristo_en_la_cruz

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