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JUAN DE LEPE, “EL PEQUEÑO REY DE INGLATERRA”

Juan de Lepe nació en el seno de una familia humilde, en Lepe (Huelva) a mediados del siglo XV.

Su carácter inquieto y sus ganas de conocer mundo le llevaron a hacerse marino, arribando en uno de sus viajes en las costas inglesas.

Una vez en suelo británico, entró al servicio de un gran magnate inglés, logrando después introducirse en la corte de Enrique VII de Inglaterra, donde su inteligencia y simpatía consiguieron que llegara a hacerse buen amigo del rey.

A Enrique VII le gustaba pasar mucho tiempo en su castillo y Juan se convirtió en seguida en uno de los mayores confidentes del monarca, quien lo invitaba constantemente a comer, jugar partidas de cartas, de ajedrez, y demás pasatiempos.

El rey tenía fama de tacaño y solía apostar unas pocas monedas en las partidas que jugaba, pero un día cuando estaba disputando una partida de cartas a doble mano con el marino andaluz, este le retó a aumentar la apuesta, y tan seguro estaba Enrique de su victoria, que apostó las rentas que su reino producía en un día y el trono de Inglaterra durante ese día.
Contra todo pronóstico, el español se hizo con la victoria y el rey cumplió su palabra, diciendo: “Lepe, me has ganado la partida y te cumplo la palabra: serás por un día, solo por un día”, nombrando al onubense, un día del que no tenemos constancia exacta, “Rey de Inglaterra”, además de hacerle rico.

Juan de Lepe pasó a la historia por ganarle al rey la partida, y debido a esto fue conocido en territorio inglés como “The little king of England” (“El pequeño rey de Inglaterra”), ganando fama en todo el reino.

Juan no se conformó con los honores de su título por un día, y se encargó de garantizarse en ese único día un futuro que poco tuviera que ver con sus orígenes plebeyos. Así, durante ese día, se hizo con toda una serie de privilegios y beneficios, y llenó algunos barcos con todas las riquezas que pudo, lo que le hizo regresar a Lepe en 1509 con una flota de navíos a sus órdenes, como un hombre rico, situación que le permitió vivir holgadamente.

Donó buena parte de las rentas ganadas en la famosa partida de cartas, al desaparecido convento franciscano de Nuestra Señora de la Bella, en Lepe, con la condición de que a su muerte fuera enterrado en él, con una lápida que recordara su hazaña, y así se hizo, siendo enterrado con todos los honores en el convento de La Bella, algo que solo estaba reservado para los frailes del mismo o gente de la nobleza.

El convento fue destruido en el siglo XIX (por la desamortización de Mendizábal) pero la lápida bajo la que fue enterrado la describió en su obra “De Origine Seraphicae Religionis”, el padre Francisco de Gonzaga, General de la Orden Franciscana, en 1583:
“En la Iglesia de este convento (Ntra. Sra. de la Bella) aún se ve el sepulcro de cierto Juan de Lepe, nacido de baja estirpe del dicho pueblo de Lepe, el cual como fuese favorito de Enrique VII rey de Inglaterra con él comiese muchas veces y aun jugase, sucedió que cierto día ganó al rey las rentas y la jurisdicción de todo el reino por un día natural, de donde fue llamado por los ingleses el pequeño rey. Finalmente, bien provisto de riquezas y con permiso del Rey volvió a su patria nativa y allí después de haber vivido algunos años rodeado de todos los bienes y elegido su sepultura en esta iglesia, murió. Sus amigos y parientes grabaron esta historia en lugar de epitafio, la cual quise yo, aunque no parece a propósito de esta Historia, dejarla como un recuerdo de este lugar”.

Entre las riquezas que Juan trajo cuando volvió a la patria estaba la corona de Enrique VII, corona que el marino donó a la Virgen de la Bella, patrona de Lepe. Se trata de una corona en plata grabada a fuego con esmaltes, y es una de las joyas más especiales de cuantas conserva la Hermandad de la Bella, siendo la corona más antigua que posee. Las camaristas visten a la Virgen con esta corona durante la romería de la Bella.

La expresión “saber más que Lepe”, según algunos autores, se debe a Juan de Lepe, aunque no es una opinión generalizada, ya que otros autores se la atribuyen al obispo de Calahorra y la Calzada Pedro de Lepe y Dorantes.

En el centro de Lepe hay una calle, que da a la plaza del Ayuntamiento, dedicada a “Juan de Lepe”, el español que durante un día fue Rey de Inglaterra.

ROSA M. CASTRO

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