JUGEND

Quema la piel el río del acero.
Tu rostro traslúcido y puro,
espera el rojo del sol y de la sangre.

Los que son como vos
en cuerpo y alma,
vendrán a matarte.

¿Qué dioses oscuros
los han enfrentado?

¿Qué destino funesto
separó a los hermanos?

La última belleza de los nuestros
habita ya en el Walhalla.

No me interesan los líderes
falibles al fin y a menudo fanáticos.

Sólo me interesa que tu voz me hable
de tu último sueño, del último árbol que miraste.

Yo no sabía nada de política ni de historia,
pero te escuchaba entre lágrimas de acero,
cuando vivía en la misma patria de fantasmas.

Yo te escuchaba, y sabía todo
sin haber estudiado nada.
Era muy niño, pero la sangre me hablaba.

Nunca tuve otra religión que tu sueño,
y el sueño del que siendo tu hermano, te asesinaba.

Aquí tan lejos, en esta extraña hiperbórea,
unos y otros pudieron finalmente ser lo mismo.

En el Sur tus ojos se abrieron nuevamente
y el hielo nos hizo el tatuaje que faltaba.

JUAN PABLO VITALI

 

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