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KAVANAUGH: ZASCA DE TRUMP A LA PROGRESÍA YANKEE

 

Que nadie se lleve las manos a la cabeza. Keep calm buddies, keep calm.

Donald Trump sigue siendo el asqueroso e insoportable de siempre: hebraicosionista, derroche de analfabetismo con esos ridículos Tweets, eurofóbico radical, adicto a meter la pilila en vagina extramatrimonial a precio de lujo… Y un largo etcétera de sobras conocido.

Aunque de vez en cuando, de uvas a peras, parece que acertase, sobretodo en política interna: la designación de Brett Kavanaugh como Juez del Tribunal Supremo es una de esas raras ocasiones en las que el actual inquilino de la White House hace diana. Ni que sea, de rebote, por esos millones de gentes a las que se está machacando con el imperativo de modelos alternativos que no son más que una basurera mescolanza de guarradas, rencores, envidias, caos…

Tal nombramiento asegura durante mucho tiempo una mayoría conservadora a escala nacional en materia de inmigración, los llamados matrimonios igualitarios, ese asesinato en masa de vidas intrauterinas que supone el aborto, el siempre polémico control de armas, etc.

Un auténtico mazazo si tenemos en cuenta la adulta pero joven edad de Kavanaugh y que el cargo para el que ha jurado a velocidad de vértigo es vitalicio.

El camino hasta que su candidatura ha pasado el corte durante la ajustada votación en el Senado estadounidense hace escasos días no ha sido ídem de rosas para este repelente del partido republicano, en la órbita del rancio clan familiar Bush, producto del The Establishment de Washington.

Apenas dos meses después de que Trump propusiera a Kavanaugh, al segundo le empezaron a salir de debajo de las piedras, como por arte de magia negra, mujeres despechadas que berreaban haber sido violadas por el citado a principios de la década de los ochenta del siglo pasado. Y al primero, un vendaval de durísimas críticas, algo a lo que más que acostumbrado está, gustándose en ello el New Yorker multimillonario.

Tres décadas de un silencio de las deshonradas damiselas cuanto menos sospechoso. Las investigaciones del FBI, impuestas por las locazas del #MeToo, descartarían dichos acosos sexuales.

Y en la repleción del desvarío, el mismo sectarismo feminoide sopesó más verosímil las lagrimillas de alguna de las supuestas víctimas en la comisión de investigacion para esclarecer lo sucedido que unos delitos penales no probados.

Fijo, que a nadie le quepa duda: en urbes liberalprogres como Boston o en quisquillosos estados esnob como California, los Think Tank de los grupúsculos de presión posmodernos preparan ya su contraofensiva para seguir jodiéndole no solo la marrana a Trump, también a cualquier norteamericano que no comulgue con tan suicida ideario.

Sin embargo, en el caso que nos ocupa y en principio, poco o nada podrán hacer si el objetivo es pleitear para imponer su agenda infestada de aberraciones cuando pretendan querer llevarla a la más elevada Judicatura de la capitalina de Yankeeland.

Fiscalizar los valores inherentes a una sociedad mayoritariamente tradicional con un embustero Ad Hominem, ruidosas manifestaciones callejeras, sobredimensión de los Mass Media e incluso posibles perjurios ha resultado ser un mal negocio a la par que dolorosísima derrota para las seguidoras del cada vez más moribundo legado de la anterior administración Obama.

HERR NEIN


 

Trump se anota una victoria política con la ratificación de Kavanaugh para el Supremo

El juez conservador logra el apoyo del Senado por 50 votos frente a 48 pese a las acusaciones de abuso

https://elpais.com/internacional/2018/10/06/actualidad/1538825537_644659.html

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