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LA BOTELLA DE WHISKY

En una estantería de mi habitación tengo una botella de whisky. Un litro de brebaje escocés que compré para una ocasión especial. Quedará la mitad del contenido, de tono anaranjado, sugerente y atractivo.

Estoy estudiando como si no hubiera mañana en mi habitación, los exámenes a la vuelta de la esquina, medio asfixiado por apuntes, libros y esquemas. Mi bolsa de deporte colgada en la puerta.

Y de repente, intuyo de reojo esa botella. Promesa de amnesia y huída efímera. Juraría que me observa también, con una mirada entre maliciosa y compasiva. Ven, olvídate de todo, ven. Parece decirme. Estresado, agobiado por mil deberes, entrenamientos, y problemas parece un elixir de la salvación. Un espejismo deseable y pernicioso.

Suena tan bien… tan dulce, tan simple. Verter esa sustancia seca y fuerte por el gaznate y vaciar la mente. Pero no. No soy esclavo de vicio alguno, soy un soldado, un hombre entregado a una causa, con unos ideales sagrados. Deporte, cultura, patria, socialismo. Belleza, Arte, Amor… No necesito ningún bálsamo o veneno que entibie mi alma ardiente. No preciso ninguna huída de una realidad a la que enfrento frontalmente.

Yo no soy un borrego, no soy un producto averiado de un siglo enfermo. Soy un héroe en potencia. Como todos lo que como yo, estamos dispuestos a defender a esos imbéciles que se emborrachan y drogan para abstraerse del mundo, de los problemas. Somos aquellos que velan por los demás a pesar de ser incomprendidos e incluso odiados.

No podemos permitirnos degenerar en animales pervertidos y grotescos, débiles y alienados. Yo soy lo que soy y como tal asumo sobre mis hombros la herencia de los combatientes y camaradas ya caídos o retirados. Y si aún no es momento de luchar y morir, no por ello mi cuchillo se oxidará ni mis músculos languidecerán, ni mi cerebro será envenenado.

Porque la rata se alimenta oculta en las alcantarillas hasta que llega el día en que como una marea invade la ciudad y la hace suya. Mi brazo no estará debilitado cuando llegue el momento, mis piernas podrán sostenerme hasta el último momento. Nunca cambiaré un libro por alcohol. Nunca cambiaré mis guantes de boxeo por un gramo o un porro.

Nunca cambiaría nuestro calvario común por una vida hueca y hedonista.

Contínuamente miro ese whisky y pienso en lo que soy y lo que sufrimos por nuestro ideal. Pienso, ¿vale la pena seguir aquí cuando todo se desmorona? Y me vienen a la mente los soldados españoles de Ezquerra defendiendo los restos humeantes de un Berlín invadido por rojos. ¡Por supuesto que debo mantenerme firme! Huir sería traicionarme a mí mismo y a todos los mártires de la verdadera Democracia, Social y Nacional.

Seguiré estudiando, leyendo, entrenando y e intentando llevar una vida ejemplar. ¡Por ellos! Y cuando suene Gjallahorn y el Ragnarok sea inevitable. ¡Allí estaré con mis hermanos!

¿Estarás tu listo?

ARDITI

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