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LA CHECA

 

Muchos de vosotros seguro sabéis que era “la checa” y a muchos también os suena el vocablo, aunque no profundizásteis en lo que realmente era aquel siniestro antro de tortura y crimen.
Y como estoy incidiendo bastante sobre este escabroso asunto, no porque sea de mi agrado, sino por SU “memoria histórica” me ha obligado a volver a abrir las heridas y los odios cicatrizados por el franquismo, y vuelta a reabrir por estos chequistas “en potencia”, y digo bien, pues estáis observando cómo el ambiente social se está deteriorando de una forma muy peligrosa, ELLOS, como en 1931-1934- 1936… antes y siempre, son los dueños y señores de la razón (su razón por supuesto), y así pues sobramos todos los demás que no se sometan a su libre albedrío.

El espíritu de la “checa” es hereditario; se puede comenzar destrozando la cara a una dama que defiende la unidad de España, se sigue por escupir rayos y culebras contra la Patria de todos, continúan quemando banderas de unión e imponiendo las suyas fratricidas; un paso más y ya comienzan a profanar el sueño eterno de las muertos, algo que sus abuelos en aquelarre siniestro hicieron maravillas, desenterrando las momias de las monjas y bailando con sus despojos en plena calle, disfrazándose con casullas y bonetes y orinando sobre imágenes santas y sagrarios.

Ya están aquí los del bando rojo, los republicanos de la checa y la cuneta. No me equivoco, porque éstos llevan el estigma “de la cárcel del pueblo”, y si pudiesen, nos llevarían -como hicieron sus antepasados- a sus cuevas de sangre y tortura, no lo pueden remediar. Zapatero y los demás han abierto los rincones más oscuros y siniestros de sus almas….
Ahora se vuelve vigente aquella frase de un gran patriota en 1936…
Media España se niega a que la encarcelen y la masacren.

 

LOS MÉTODOS DE TORTURA

“Las Checas eran centros donde se practicaba una represión física y moral, donde el preso estaba completamente indefenso y donde la efectividad por descubrir todo lo que podía ser beneficioso a la causa popular se imponía a cualquier consideración de respeto al detenido. En las Checas se impuso un régimen de crueldad refinada y perversa. Los agentes SOCIALISTAS y COMUNISTAS (estalinistas) del SIM (creado por Indalecio Prieto) optaron por una represión implacable.
Las Checas contaban con diferentes celdas pensadas para la tortura no sólo física sino también mental. A esto se unía la falta de higiene, el frio y la escasez de comida.
Las celdas armario consistían en tres estructuras de madera de unos 50 centímetros de ancho por 40 centímetros de profundidad. El techo era de madera movediza, de altura regulable que obligaba al preso a permanecer encogido y con la cabeza inclinada. En el fondo había un saliente inclinado de 13c centímetros y a 65 centímetros de altura, para que el preso se pudiera apoyar pero no sentarse.
Las celdas confesionario consistían en una serie de pequeños departamentos sin techo ni puertas y con una cortina a la entrada. Con un potente reflector se enfocaba al prisionero y se le interrogaba.
En la nevera el detenido era sometido periódicamente a duchas de agua helada.
En la celda de castigo las paredes y el mobiliario estaban inclinados. El preso era sometido a un juego de luces, con la finalidad de trastornarlo psíquicamente.
El huevo era una celda de un metro y veinte centímetros de altura y en forma ovalada. El suelo estaba lleno de ladrillos verticales, colocados en forma de T, que impedían no sólo arrodillase, sino sentarse o pasear, y obligaban al prisionero a estar de pie o apoyado contra la pared, o a desplazarse dando pequeños saltos con los pies torcidos. No había cama, sólo un asiento de un metro de altura de la pared, también inutilizable porque estaba inclinado y era liso, y el preso sólo se podía mantener en él a fuerza de flexionar los brazos. Había otras celtas con una cama inclinada de tal manera que la persona caía al suelo. Éste estaba construido, ex profeso, con un cemento rayado, resquebrajado y lleno de aristas. Con lo cual el prisionero, al caer, sufría dolorosas heridas.
Se construyeron celdas con tejados de vuelta que producían eco o resonancias. Se instalaba un metrónomo que funcionaba constantemente ocasionando trastornos mentales. En otras celdas se apagaba la luz. Al prisionero se sentaba y se le ataba. Se le aplicaba un aparato alrededor de los ojos, con lo cual se impedía que pudiera cerrar los párpados. Acto seguido se encendía la luz y el prisionero podía permanecer así durante horas, con los consiguientes trastornos visuales a posteriori.

La silla eléctrica era un armazón metálico del asiento de un coche, conectado a unos hilos que conducían, por vía subterránea, al fluido eléctrico. Las personas eran sometidas a quemaduras lentas. Una variante era el caso eléctrico, donde los electrodos, instalados en un secador de cabello, producían convulsiones. Además de todo esto, un potente foco iluminaba a la victima.
Una tortura física habitual consistía en colgar al detenido por los pies de una argolla, de manera que la cabeza se sumergía dentro de un recipiente con agua, a veces con heces. Las víctimas tenían que mantenerse flexionadas para evitar ahogarse. Las porras de perdigones y los látigos también acompañaban esos castigos.

¿Que hoy es diferente?… por ahora sólo es un anhelo, pero a la menor ocasión volverían a lo que les priva; lo podéis ver en rostros crispados, en su lenguaje soez, en su desprecio a las leyes… en su odio visceral a España y a los que la defendemos.

 

LORENZO FELIÚ


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