LA CORRUPCIÓN, PILAR DEL CAPITALISMO

A escala internacional, la corrupción alcanza hoy, en la era de la globalización neoliberal, una dimensión estructural. Su práctica se ha banalizado igual que otras formas de criminalidad corruptora: malversación de fondos, manipulación de contratos públicos, abuso de bienes sociales, creación y financiación de empleos ficticios, fraude fiscal, disimulo de capitales procedentes de actividades ilícitas, etc. Se confirma así que la corrupción es un pilar fundamental del capitalismo.

El ensayista Moisés Naím (analista internacional principal de El País y Ex Director del Banco Central de Venezuela y Director Ejecutivo del Banco Mundial, colaborador de publicaciones y organizaciones financieras internacionales) afirma que, en los próximos decenios, “las actividades de las redes ilícitas del tráfico global y sus socios del mundo ‘legítimo’, ya sea gubernamental o privado, tendrán muchísimo más impacto en las relaciones internacionales, las estrategias de desarrollo económico, la promoción de la democracia, los negocios, las finanzas, las migraciones, la seguridad global; en fin, en la guerra y la paz, que lo que hasta ahora ha sido comúnmente imaginado”.

Según el Banco Mundial, cada año, en el planeta, los flujos de dinero procedentes de la corrupción, de actividades delictivas y de la evasión de fondos hacia los paraísos fiscales alcanza la astronómica suma de 1,6 millones de millones de euros… De ese montante, unos 250.000 millones corresponden al fraude fiscal realizado anualmente solo en la Unión Europea.

Reinyectados en la economía legal, esos millones hubieran podido evitar los planes de austeridad y ajuste que tantos estragos sociales están causando y que nos imponen los mismos que nos roban.

Se suponía que la democracia era esencialmente un proyecto “ético”, basado en la virtud y en un sistema de valores sociales y morales que dan sentido al ejercicio del poder a través de esas entidades llamadas partidos políticos. A la vista está que viene siendo todo lo contrario.

Afirma José Vidal-Beneyto (filósofo, sociólogo y politólogo español. Socio fundador y columnista habitual de El País) que cuando en una democracia, “las principales fuerzas políticas, en plena armonía mafiosa, se ponen de acuerdo para timar a los ciudadanos”, se produce un descrédito de la democracia, una repulsa de la política, un aumento de la abstención y, más peligroso, una subida de la extrema derecha” Y concluye en un extraño juego de palabras: “El gobierno se corrompe por la corrupción, y cuando hay corrupción en la democracia, la corrompida es la democracia”.

Es decir, a los ideólogos de la casta internacional, les importa más el auge de la “extrema derecha” (es como llaman ellos al neofascismo) que la propia corrupción, les importa más que se le reboten los borregos balantes y votantes que su propio desprestigio como forma de gobierno.

Menos mal que eran los fascismos y los sistemas totalitarios los que favorecían la corrupción, según nos decían los estudiosos del sistema… Pues va a ser que no.

Democracia es corrupción, capitalismo es corrupción.

EL CENIZO

 

CENI4

 

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