LA ENGAÑIFA DEL FEMINISMO

La familia nuclear se convirtió en la característica predominante de las sociedades europeas y asiáticas, mientras que la poligamia predominó en las tribus africanas. Los comportamientos genéticamente dirigidos hacia comportamientos polígamos son más pronunciados en los africanos, pero estos impulsos están todavía presentes en los europeos y asiáticos.

Los climas extremadamente fríos también influyen en la contención posposición de la satisfacción de los impulsos. En los días de primavera y verano, cargados de abundancia, hay que hacer los rigurosos preparativos que exige el invierno. Placeres y seducciones momentáneos deben ponerse al margen si la tribu y sus miembros quieren sobrevivir. El control emocional es claramente mayor en europeos y asiáticos, y contrasta con las indisciplinadas emociones del africano, lo cual supone una diferencia mayor entre ambos modelos de familia. Los europeos, por medio de la razón y la contención tienen mayor habilidad natural para tomar las riendas de sus impulsos libidinosos en favor de objetivos más abstractos. Son capaces de retrasar la satisfacción de sus impulsos y adoptar comportamientos al servicio de sus amadas.

La naturaleza genética del hombre lo hace mucho más potencialmente infiel. Aun así, los hombres Occidentales continúan utilizando las áreas intelectivas del cerebro antes de someterse a los impulsos del sistema límbico. Hacer lo anterior es actuar en concordancia con el imperativo evolutivo del matrimonio y la familia feliz. En la raza Blanca, ése ha sido claramente nuestro camino evolutivo, e incluso si en algunas ocasiones nuestro ideal se ve comprometido, sigue siendo el ideal por el que luchamos y que tratamos de alcanzar.

El movimiento feminista radical ha promovido una igualdad de la mujer que consiste en rebajar a la mujer a adoptar los rasgos más innobles del hombre. Los primeros movimientos femeninos ensalzaban la familia y se consideraban guardianes de su santidad y bienestar. Movimientos como “Asociación de Mujeres Cristianas contra el Alcoholismo” hacían campañas contra el trabajo de mujeres y niños en condiciones de esclavitud en América y Europa. También luchaban por restringir el daño que infringían a la sociedad el alcohol, las drogas o la prostitución, e incluso ya en la década de los años veinte alertaban de los posibles riesgos de fumar. Pioneras del movimiento femenino como Margaret Sanger y muchas otras, escribieron y hablaron sobre la necesidad de la eugenesia para mejorar la calidad de la raza y disminuir el número de los nacidos con sufrimientos y debilidades físicas o mentales hereditarias.

Desde la II Guerra Mundial, el movimiento feminista radical, liderado por mujeres judías como Betty Friedan, Bella Abzug y Gloria Steinem, albergando gran resentimiento según las tradiciones judaicas de deshumanización de la mujer, crearon un movimiento de odio y envidia entre sexos que proyectaron sobre la sociedad Occidental (es por eso que es una gran equivocación llamar “feminazis” a las que son femijudías). En lugar de alzar el listón sobre lo que una vez se consideró el nivel más alto de la condición femenina, adoptaron los peores instintos del macho. Rebajaron el modelo femenino que hizo de la mujer una isla de estabilidad y moralidad en un mar revuelto de agresividad sexual masculina.

En lugar de proteger el hogar y salvar a las mujeres de las condiciones del trabajo esclavo y los asilos para pobres, el feminismo ha obligado a millones de ellas a pasar del reinado en el hogar a la servidumbre de trabajos, a menudo de baja categoría, pagando tributos y sin recompensa fuera de casa, todo ello mientras las demandas de la familia y los niños en casa permanecen.

En lugar de esforzarse por alentar a los hombres a adoptar una conducta sexual responsable, el feminismo moderno ha rebajado a millones de mujeres a su nivel. ¿Y cómo han pagado las mujeres por el aumento de la promiscuidad masculina? El peaje por la violación de su naturaleza se ve reflejado materialmente con millones de embarazos no deseados que provocan la devastación del aborto. Han pagado con la penuria de tener que criar a sus hijos solas. Han pagado con epidemias masivas de enfermedades venéreas que a menudo causan esterilidad. Han pagado con el acceso de sus maridos a otras mujeres con mucha mayor facilidad, facilitando la infidelidad y el abandono. Han pagado con la mayor tasa de divorcios de la historia. Las otrora inexpugnables y santas condiciones de la feminidad y de la maternidad se han desintegrado y la tasa de crímenes contra las mujeres se ha multiplicado (violencia de género, lo llama el sistema criminal que ha llevado a eso). Al imitar comportamientos que antes eran abrumadoramente masculinos, como fumar y beber, millones de mujeres han sufrido enfermedades y daños en sus rostros y cuerpos, encontrando una igualdad perniciosa en estas condiciones y en el dolor que infligen.

Aunque las piaras de ruidosas y sucias feministas suelten su perorata de la igualdad entre hombres y mujeres, por medio de la adopción de los valores y modelos masculinos, lo único que han conseguido es ser unas machistas, que los imitan de forma artificial. La Naturaleza (que es la que manda) ha decretado que las mujeres nunca podrán ser tan masculinas como los hombres (excepciones alguna habrá vg Colau) , que los hombres nunca serán tan femeninos como las mujeres (a pesar del “arcoíris”). En general, las mujeres siempre serán una mala imitación de hombres, mientras los hombres, por supuesto, imitan tristemente a las mujeres cuando traten de hacer gala de “cualidades” femeninas.

Como las primeras líderes “gentiles” del movimiento femenino supieron entender, las mujeres son absolutamente superiores a los hombres haciendo las cosas que las mujeres mejor saben hacer. Fueron las feministas judías radicales quienes decidieron que el papel tradicional de la mujer era inferior y el papel que desempeñada el hombre era superior. ¿Cuándo entenderemos que nuestras diferencias se complementan, se sirven mutuamente, se enriquecen entre sí? Lo que encontramos atractivo en el otro sexo es precisamente su diferencia con el nuestro. En lugar de gimotear por nuestras diferencias, ¿no deberíamos celebrarlas? Bryant H. McGill dide que: “El entrelazamiento de las diferencia únicas entre hombre y mujer crean un ser superior, y eso es precisamente lo que es un buen matrimonio”.

De esa unión sagrada entre hombre y mujer surge la familia, y esas familias conforman la raza, y en esa raza reside nuestro camino hacia las estrellas.

Camino que quieren cegar los servidores a las ordenes del Gran Parásito.

LORENZO FELIÚ

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