LA GESTA DEL 25 DE JULIO DE 1797 EN SANTA CRUZ DE TENERIFE

El marino inglés Nelson, en carta fechada el 12 de abril de 1797, informó al Almirante John Jervis, jefe de la flota del Mediterráneo, de la presencia del virrey de Méjico en Santa Cruz de Tenerife, donde custodiaba una partida de oro valorada entre 6 y 7 millones de libras. Atacar la isla arruinaría a España y elevaría a Inglaterra al mayor grado de riqueza nunca logrado.

Nelson acababa de ser ascendido a Contralmirante y se sentía optimista, pues las circunstancias no podían ser más favorables, la Armada española se encontraba bloqueada por la británica en la bahía de Cádiz y las Canarias se encontraban aisladas. La Armada británica era dueña del Atlántico.

Decidido a atacar la isla, la maniobra de Nelson, en una 1ª fase, consistía en desembarcar en la playa de Valleseco, tomar por retaguardia el Castillo de Paso Alto y desde allí negociar la rendición de la ciudad. Si al finalizar esta fase no se conseguía la rendición, se iniciaría una 2ª fase, en la que se enviarían fuerzas para desembarcar en la ciudad y tomarla en combinación con las de Valleseco. Nunca se planteó la derrota.

Santa Cruz de Tenerife, con apenas 8.000 habitantes, era en 1797 el principal puerto de Canarias y la única plaza fuerte. Su primera autoridad era el Comandante General de las Islas Canarias D. Antonio Gutiérrez de Otero.
Para su defensa, Santa Cruz contaba con 60 artilleros veteranos y 300 de milicias (para servir 89 cañones en 16 baterías), 247 soldados del Batallón de Infantería de Canarias, 60 de las banderas de La Habana y Cuba, 110 de La Mutine y los regimientos de milicias de La Laguna, La Orotava, Garachico, Güimar y Abona, además de unos 900 campesinos con escasísima formación militar y armados con aperos en su mayoría.

–El 19 de julio, la luna dejó ver al vigía Domingo Palmas, desde su atalaya de la Punta de Anaga, las velas de 8 barcos acercarse a la isla (una poderosa escuadra con 393 bocas de fuego y 2.000 hombres instruidos, experimentados y bien armados). Con señales de fuego preestablecidas avisó al cercano pueblo de San Andrés, desde donde partió un mensajero a caballo hasta el Castillo de San Cristóbal, centro de reunión de Gutiérrez y su plana mayor.

–Día 22. Los 8 buques se situaron frente a la costa de Santa Cruz. Nelson ordenó el desembarco de 30 lanchas con 900 hombres, al mando del capitán Trowbridge. Tras desembarcar subieron la montaña de la Jurada, donde se encontraron con que los soldados y voluntarios tinerfeños, siguiendo el plan previsto, habían ocupado el Castillo de Paso Alto. El fuego de los cañones obligó a los ingleses a retroceder, reembarcar en sus lanchas y volver a sus buques.

–Día 23. Nelson reúne en la nave capitana a sus oficiales y estudia con ellos un nuevo plan de ataque a la ciudad.
El General español, Antonio Gutiérrez, fue reuniendo en Santa Cruz a las tropas regulares, las Milicias de Canarias y a los voluntarios, distribuyéndolos de la mejor forma para resistir el ataque del enemigo.

–Día 24. Los ingleses comienzan un intenso bombardeo contra el Castillo de Paso Alto, que respondió al fuego con eficacia. Los tinerfeños, con el General Gutiérrez al frente, no cayeron en la trampa que les preparaba Nelson, acertaron al pensar que el propósito del marino inglés era engañar así a los defensores y atacar la población por el centro aprovechando el pequeño desembarcadero y la playa cercana al Castillo de San Cristóbal, desde la que el General Gutiérrez dirigía las operaciones.

La escuadra inglesa estaba formada por 4 grandes buques: la nave capitana “Theseus”, (mandada por Ralph Miller) en la que Nelson enarbolaba su insignia, “Culloden” (al mando de Thomas Troubridge), “Zealous” (con Samuel Hood al frente) y “Leander” (al mando de Thomas Thompson). Y las fragatas ligeras: “Seahorse” (con Thomas Fremantle de capitán), “Emerald” (mandada por Thomas M. Waller), “Terpsichore” (mandada por Richard Bowen); y además, un buque rápido, el “Cutter Fox” (con John Gibson al frente) y una bombarda española que habían capturado en Cádiz (con Compton de jefe)… en total, 393 cañones.
Las fortalezas españolas, situadas a lo largo de la costa, eran, entre Castillos, fortines y reductos, 16, las principales: San Andrés, Paso Alto, San Miguel, San Pedro, Santiago, el Castillo de San Cristóbal y la batería del Muelle, y al sur, las de la Concepción, San Telmo y San Juan. Entre todas montaban 96 cañones servidos por 387 artilleros.
Nelson, tras el fracaso anterior, preparó un nuevo plan basado en la sorpresa de un ataque nocturno para coger de improviso a los defensores de Santa Cruz. Las lanchas de desembarco con unos 1.000 hombres no llevarían luz alguna y sus remos se cubrirían con trapos para evitar el ruido. Todas ellas se concentrarían en un punto determinado: el desembarcadero cercano al Castillo de San Cristóbal.
Cuando se acercan al lugar previsto, su presencia fue notada desde un barco español: “Al muelle, barcos al muelle”, gritó el vigía. El efecto sorpresa quedó roto, todos los Castillos comenzaron un violento cañoneo y las tropas acudieron a los puestos que tenían asignados para la defensa.

–Día 25. EI desembarco había comenzado a las 2’15 de la madrugada. Los ingleses, tras conseguir apoderarse de la batería del Muelle cuyos cañones inutilizaron, intentaron acercarse al Castillo de San Cristóbal, pero como la zona de desembarco era reducida se produjo una acumulación de atacantes que facilitó que los disparos de las tropas españolas alcanzaran a muchos de ellos. En el tiroteo, una bala alcanzó al Capitán Richard Bowen, que murió en el acto. Casi al mismo tiempo, el “Cutter Fox”, barco de gran calado y no apto para acercarse a la playa, escoltaba a las lanchas cuando recibió un cañonazo por debajo de la línea de flotación que lo hundió rápidamente con su Capitán Gibson, sus 180 tripulantes, pólvora, víveres y material de asalto.

A pesar de esta catástrofe y de la resistencia española, los ingleses proseguían su ataque alentados por el Contraalmirante Nelson que llegaba en una lancha. Cuando se disponía a pisar tierra tinerfeña y sacaba la espada para animar a sus soldados, un cañonazo desde el Castillo de Paso Alto con el “cañón Tigre”, le alcanzó en el brazo derecho. Trasladado Nelson al “Theseus”, un cirujano le cortó el brazo a la altura del codo. Con la pérdida de Nelson, Bowen y otros oficiales, los ingleses se quedan sin jefes que dirigieran sus operaciones.

El intento de apoderarse del Castillo había fracasado y algunas lanchas enemigas fueron arrastradas por las corrientes. Todavía era de noche y los ingleses, desorientados y dispersos, formaron dos grupos que fueron cada uno por su cuenta. El que mandaba el Capitán Troubridge logró llegar a la parte alta de la Plaza de la Pila, donde permaneció en silencio en espera de recibir socorro y confiando en que sus compañeros conquistarían el Castillo; el otro grupo, mandado por el Capitán Hood, tomó el Convento de Santo Domingo, pero las fuerzas españolas a las órdenes del General Gutiérrez, lograron acorralar en el Convento a todas las tropas desembarcadas. Nelson, recién operado, ordenó un último desembarco de 200 hombres de refuerzo en 15 lanchas, pero a la luz del amanecer, la artillería de costa los masacró y las lanchas obligadas a huir o hundidas. Las que habían quedado varadas en las playas, fueron destrozadas por mujeres y niños de Santa Cruz.

Los sitiados en el Convento, ignorantes de la situación de Nelson, decidieron rendirse. Esa mañana se firmó la capitulación. Gutiérrez aceptó un reembarque con armas con la condición, bajo la palabra de honor del propio Nelson, de que ninguna otra escuadra inglesa atacase Canarias, además de que los propios vencidos llevaran a Cádiz una misiva con destino Madrid, con la noticia de la victoria española. Palabra que cumplieron los ingleses.
En aquel ataque, en el que Nelson afirmó que había tenido que luchar contra 8.000 defensores, cuando en realidad sólo fueron 1.700, los británicos sufrieron grandes pérdidas tanto humanas como materiales. Según el parte rendido por Nelson a Jervis, tuvo un total de 349 bajas (44 muertos en combate, 177 ahogados, 5 desaparecidos y 123 heridos). En cambio, las bajas españolas se redujeron a 62 (25 muertos y 37 heridos).
El 25 de Julio de 1797, día de Santiago Apóstol (patrón de España y actual patrono de Santa Cruz de Tenerife), se registra el más importante acontecimiento militar de la historia del Archipiélago Canario: tropas y ciudadanos se defendieron, al mando del General Gutiérrez, del ataque naval del contraalmirante inglés Horacio Nelson. En esa fecha inolvidable para Santa Cruz de Tenerife, los soldados ingleses, derrotados, desfilaron ante sus vencedores y embarcaron en las lanchas españolas que los llevaron a sus barcos. Ese mismo día, Troubridge y otros marinos británicos entregan al General Gutiérrez una carta del Contraalmirante Nelson agradeciendo las atenciones con su persona y el resto de los heridos.
En Santa Cruz quedaron armas, pertrechos y, especialmente, 2 banderas británicas capturadas en combate aquella jornada (una es la bandera de combate del “Emerald”) que hoy se exhiben en el Museo del Centro de Historia y Cultura Militar de Canarias.

En el escudo de Santa Cruz de Tenerife figuran 3 cabezas de león que simbolizan las derrotas sufridas por Inglaterra cuando atacaron la Plaza: Robert Blake en 1657, John Jennings en 1706 y Horacio Nelson en 1797. La última de las victorias es la más gloriosa, pues señala el fracaso del más famoso de los marinos ingleses, que dejó en esos mares su brazo y sin llegar a pisar tierra española en esa batalla, tuvo la única derrota de su carrera militar.
Santa Cruz no la olvida y tampoco a sus héroes: el General Gutiérrez, Juan Bautista de Castro y Ayala, Chirinos, Monteverde, Creagh, Grandy, Power, Madam, los Rozadores, los Reales Cuerpos de Artillería e Ingenieros, el Batallón de Canarias, las Milicias Canarias, la Bandera de la Habana y Cuba y los valientes voluntarios que con su entusiasmo y esfuerzo consiguieron vencer a la orgullosa marina de Inglaterra.

Tras la victoria en esta batalla, la ciudad fue nombrada “Muy Noble, Leal e Invicta Villa, Plaza y Puerto de Santa Cruz de Santiago de Tenerife”, lo que influiría en su posterior declaración como capital de las Islas Canarias.

La victoria de los tinerfeños sobre aquella potentísima escuadra británica, comandada por Nelson, uno de los marinos más reconocidos de la historia universal, engrandece la historia de Canarias, que es la historia de España.

ROSA M. CASTRO

 

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