LA GRANJA DE DOÑA MANOLITA

 

Al final, la cabra tira al monte. Y no es que quiera comparar con una cabra a la futura alcaldesa podemita de Madrid, líbreme el cielo. No quiero ofender a los animalistas y ecologistas en general, siempre tan susceptibles cuando de bichos se trata. La cabra, contrariamente a la ex-juez izquierdista, es un ser respetable al que considero benéfico y útil.
Sólo es una frase hecha para indicar que, a pesar de todos sus disfraces chupigüais y hippylollas, la pandilla antifa que se ha encaramado al Ayuntamiento de Madrid, no es más que la versión dospuntocero del marxismo resentido, demagógico y criminal de siempre.

Para muestra un botón:

Uno de los geniales proyectos estrella de doña Manolita Carmena es convertir el golf del Club de Campo en una granja. Personalmente, esto del golf siempre me ha parecido una distinguida soplapollez. Tampoco tengo ninguna simpatía al rebaño de pijos, lechuguinos y aspirantes que suelen pacer en estos enclaves clasistas. Pero, qué quieren que les diga, a mí me da que cuando esta individua habla de granjas, en el fondo está pensando en las granjas de reeducación y campos de trabajo añorados en las fantasías cheguevaristas y polpotianas de sus sueños húmedos.

Suponemos que lo siguiente será reconvertir las iglesias en comunas del colectivo LGTB (Lumis, Guarros, Travestorros y Bolleras). Las que todavía no lo sean por obra y gracia del curapaquismo vaticano, digo.
O donar el edificio de Capitanía General a la alegre muchachada antifa para que celebren animadas fiestas y botellones. O, quizá, convertir el Auditorio Nacional en una macrodiscoteca “latina” para que los panchitos que nos enriquecen con su multicultural y ubicua presencia puedan disfrutas del reggaetón y demás ritmos tribales.

Y es que a estos comunistas lo que de verdad les pone no es implantar un régimen económico más justo. Eso queda para la propaganda con la que engañar a los incautos que les votan. El comunista no odia al rico porque le indigne la injusticia, sino porque aspira a humillarlo públicamente para después ocupar su lugar. Igual que los cerdos de la otra granja, la de Orwell.

Qué malo es conocerse.

J.L. Antonaya

Be Sociable, Share!

    Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

    ACEPTAR
    Aviso de cookies
    Web translate