LA HEGEMONÍA DICTATORIAL DE LO POLÍTICAMENTE CORRECTO

Leo en una web de pensamiento filosófico:

“Hay un tufillo de nuevo fascismo de extrema izquierda, que pide lealtad absoluta. Si no hablas su idioma, practicas sus rituales, recitas sus mantras y sigues sus mandamientos, serás censurado, perseguido y castigado. La restricción del debate, propio de una sociedad intolerante, perjudica esencialmente a aquellos sin poder, y resta a todos la capacidad, para la participación democrática. El mejor modo de derrotar las malas ideas –no debiéramos olvidarlo– es la exposición clara, el argumento contundente y la persuasión incansable, no el tratar de de silenciarlas o expulsarlas al infierno. “

Ciertamente, la dictadura de lo “políticamente correcto” empobrece el debate cultural y la política, como señala el texto que, sin embargo, también cae en la tentación al hablar de “malas ideas”. Sirva de ejemplo que dudar, cuestionar o mostrarse en contra de la “ideología de género” ya te convierte en un homófobo retrógrado, a pesar que tal “ideología” no es un priincipio científico, es eso: ideología, opinión…

Señalaría que tal situación no es fascismo, propiamente dicho, eso sí que no. Yo lo llamaría “hegemonía”. Eso es lo que vinieron resucitando los teóricos del movimiento llamado Podemos, por ejemplo. Hegemonía es una clase de prestigio de ciertas ideas, que aunque no se compartan, tienen el prestigio y por tanto quienes no lo acepten se quedan “desprestigiados”.

Aunque vivimos en los tiempos del individualismo, somos seres eminentemente sociales, así pues el peligro de la soledad, de quedarse predicando en el desierto o en Facebook, es muy grande. El individuo o individuos que no siguen la corriente o se quedan fuera, se convierten en outsider.

Ojo con lo de outsider, porque el maniqueismo de izquierdas ha descrito el outsider como el anti héroe, como la imagen de todo lo malo.

Curiosamente ciertas formaciones políticas con ideas no compartidas por la mayoría, han alcanzado poder tanto en la izquierda (caso de Podemos) como en la ultraderecha (VOX), se han promocionado socialmente; así pues el discurso de unos, los que tienen mayor cota de poder se convierte en hegemónico y los otros son los contestatarios mientras sólo tengan una cuotita de poder mínimo.

Finalmente están los que se quedan fuera, toman el papel de anti héroes, de outsiders de lo más variopinto, desde los terraplanistas, los antivacunas, los anarcoliberales (sic), los negacionistas, los revisionistas, los fascistas, se convierten en -paradójicamente- las figuras revolucionarias contra un sistema de ideas y valores establecido y un poder ocupado por los antaño -a su vez- outsider, ahora con poder y hegemonía ideológica.

Y eso nos lleva a la confusión de llamar fascista a quien no lo es y defensor de la libertad al fascista. En eso consiste la hegemonía, en una lucha por la superestructura sin alterar la estructura, que diría un marxista.

Resumiendo el rollo: los revolucionarios de ayer, hoy son los reaccionarios y viceversa. Los que ayer eran heterodoxos, hoy son dogmáticos y hegemónicos y el resto herejes.

Vamos, que nunca estamos donde “toca y corresponde”….

EL CENIZO

Adult King Penguin (Aptenodytes patagonicus) standing amongst a large group of nearly fully grown chicks at Volunteer Point in the Falkland Islands.
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