LA HUELGA DE LOS TRANVÍAS DE BARCELONA EN 1951

Nadie ha querido recordarlo, pero hay ejemplos de cómo el pueblo unido es capaz de conseguir cualquier cosa. Como cuando los barceloneses lograron que Franco destituyera al alcalde, al gobernador civil, al delegado de sindicatos y al jefe superior de policía.

Durante una semana la población se negó a subir a los tranvías por el aumento de las tarifas, que pasaban de 50 a 70 céntimos el viaje. Era la gota que colmaba el vaso tras años de racionamiento y restricciones, bajos salarios y precios altos.
Los obreros podían ganar semanalmente, según su categoría: en la construcción 97 a 153 pesetas; textil 65-75; metalurgia 120-186… En algunas grandes empresas se podía llegar a ganar 250 pesetas semanales con jornadas de 10-12 horas.
Veamos los precios: una docena de huevos 29 pesetas, un litro de aceite 30, un kilo de carne de cordero 27, un kilo de ternera 50-60, un kilo de arroz 11, un kilo de patatas 4… Es decir, que un obrero podía llegar a tener que trabajar unas 8 horas para comprar una docena de huevos o 14 horas para comprar un kilo de carne de ternera…
Sí, había cartilla de racionamiento y los precios eran más bajos, pero era imposible conseguirlo todo y las cantidades eran insuficientes. Había que ir al mercado negro de todas formas.

Empezó el 1 de marzo con los estudiantes universitarios. Inmediatamente se les unieron TODOS los sectores sociales, Falange incluida.
El gobernador civil, como jefe teórico del Movimiento, ordenó a la Falange que hiciera algo para romper la huelga, aunque fuera subir a los tranvías para dar sensación de normalidad. No tan solo no obedecieron, sino que los falangistas colaboraron activamente en la huelga, incluso llevando en sus automóviles a todo aquél que lo necesitara.
La población se negó masivamente a utilizar el transporte público, realizó sus desplazamientos a pie y participó en numerosas manifestaciones de protesta, registrándose algún acto de violencia con quema de uno de los tranvías.
El domingo de esa semana se vendieron 487 billetes, básicamente entre los propios empleados, policías y personas obligadas. Lo normal hubiera sido medio millón. Ni la celebración de un partido del Barça hizo que nadie tomara el tranvía.

Tras varios detenidos y centenares de cristales rotos, vinieron los ceses y se rebajó el precio del billete. El mes de julio de ese mismo año, fueron cambiados once ministros: Franco tomó buena nota de la situación.
Y es así como se hacen las cosas para que te tomen en serio.

JORDI GARRIGA

 

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