LA JUSTIFICACIÓN DE LAS LEYES

Si nos asaltan a mi esposa y a mí mismo un inmigrante con un cuchillo, lo logro dominar y lo apuñalo matándolo, tengo dos soluciones: La legal es llamar a la policía, ir detenido de principio, y tratar de demostrar que me atacó con el cuchillo que ahora tiene mis huellas, que apuñalarlo fue necesario, pagar abogados y proceso, ir a juicio y con suerte que al cabo de un largo tiempo me absuelvan de homicidio por defensa propia, junto a no tener que sospechar que la familia del agresor muerto se vengue o que me acusen ante el tribunal de actuar incitado por ser ‘racista’ al ser el agresor un negro o moro. Otra posibilidad es limpiar mis huellas, y dejar al criminal bien muerto, sin más (esto es ilegal pero muy adecuado a lo justo).

¿Cuál decisión tomar? Pues claramente dependen del entorno de la Justicia. O sea, de definir si la Ley debo seguirla sin más o si puedo considerar la ley de autodefensa actual totalmente infecta y no tengo obligación de seguirla siempre.

¿Tengo derecho en un cierto entorno a no considerar las leyes de valor en sí mismas?

Ese cierto entorno se llama la ‘justificación de las leyes’.

 

¿Qué es la justificación de las leyes?

La legislación no es algo ‘natural’ sino el producto de un Sistema de poder en defensa de sus valores.

Hoy en día es una construcción artificial efectuada por un gobierno o un poder de alianzas de partidos en el Congreso, que es el poder legislativo.

Por tanto la legitimidad final de las leyes está en la legitimidad del Congreso de Diputados del sistema plutocrático actual.

Esta legitimidad la achacan al ‘voto’ de la población, mediante un sistema igualitario de voto a partidos.

Por tanto si creemos que el voto de este tipo legitima el poder, no hay más que hablar, las leyes de ese tipo de Congreso son ‘legítimas’.

Los que creemos que el sistema democrático de partidos en una sociedad de masas no es más una plutocracia hipócrita, que el voto igualitario es injusto, que la propaganda de masas está en manos de los medios de información que son propiedad del dinero, que la gente vota solo por la influencia de esos medios de masas, que los Partidos son instrumentos muy fácilmente dominables por el poder financiero, que sociedades enormemente endeudadas no son libres ni siquiera si el voto fuera correcto, en fin, que el sistema democrático actual es un siervo del poder financiero, entonces las leyes actuales no están justificadas, son fruto de un poder no justo.

Basta ver la realidad de los gobiernos elegidos por partidos bajo normas democráticas para comprobar que todos ellos son en realidad plutocracia al servicio de intereses y manipulaciones del poder económico.

En ese Estado los ‘anti-valores’ que impone ese poder real son globalización de mercado, endeudamiento brutal, individualismo, inmoralidad ‘progresista’ que lleve al materialismo, destrucción de identidades comunitarias, creación de masas productoras o consumidoras en vez de Pueblos…

Por tanto negamos la ‘justificación’ de las leyes de este Sistema. Si una autoridad está justificada, las leyes deben respetarse, asumir que se han dictado acorde a valores correctos, podemos protestar por errores o mejoras, pero la ley debe ser respetada con disciplina.

La razón más importante de ello es que aunque nos parezca algo mal en una ley dictada por autoridad justificada, puede ser una visión nuestra individualista u oportunista, y podemos poner en duda nuestra opinión por respeto comunitario.

Hay que combatir el individualismo, cuando estamos en un sistema comunitario, pero no cuando estamos sometidos a la dictadura del dinero y la inmoralidad progresista.

Al no estar justificada la autoridad emisora, solo contamos con nuestra visión de lo justo y los Valores correctos, no circunscritos solo a obedecer por el hecho de ser ley.

Veamos cuáles son las consecuencias.

 

Lo justo en las leyes

Una ley puede ser justa y adecuada, incluso necesaria, aunque la emita una autoridad no justificada.

Nos debemos fijar pues en lo justo de la ley, no en que por ser ley deba ser obedecida, pues no está justificada la autoridad que la dicta.

El problema es que una gran mayoría de leyes tienen una orientación debida a los anti-valores del Sistema, aunque solo se reflejen en algunas partes de cada ley. Y en algunos casos no parece que una ley tenga una orientación negativa, como puede ser el Código de Circulación.

Es importante no confundir cosas que nos gustaría cambia o mejorar con los elementos negativos de las leyes.

Mientras una ley o parte de la ley ser justa, aunque mejorable, esa ley o parte debe aceptarse éticamente.

Pero cuando en la ley se observa la influencia de los anti valores de la autoridad no justificada, tenemos el deber de ponerla en duda e incluso de incumplirla si podemos.

Por ejemplo, toda la legislación sobre inmigrantes o nacionalidad, toda la legislación sobre sexo, lo legislado sobre drogas o sobre ocio diverso, la legislación comercial globalista, todo es infame de base, está motivada por orientaciones del poder financiero-progresista y deben considerarse inválidas y negativas en casi todos sus aspectos.

Hay leyes que son parcialmente inválidas como las que afectan a autodefensa o el tratamiento penal. Están basadas muchas partes en la idea de que el delincuente es solo culpable en parte, la sociedad es la culpable y se le da más derechos y prerrogativas al delincuente que a las propias víctimas en muchos casos.

Y así hay cientos de casos en que es preciso distinguir entre partes justas y partes debidas a la orientación del Sistema.

 

La fuerza coercitiva de la Ley

El incumplimiento de una ley, por muy injusta o exagerada o mal orientada que sea, tiene el problema del riesgo del castigo que el Sistema propone para ello.

Mota decía que las multas, detenciones, ect. crean serios problemas a la lucha, y por tanto hay que luchar dentro de la ley, no por respeto a ella, sino por utilidad práctica, en tanto no somos capaces de combatir a la fuerza coercitiva o burlarla de alguna forma legal.

Pero eso no implica que si se puede evitar cumplirla haya problema ético por ello, o que no podamos intentar burlarla de forma ‘legal’. O incumplirla si el resultado vale la pena respecto a los problemas.

En una palabra: la pena por incumplimiento no es un resultado ético sino de pura utilidad.

Pongamos un ejemplo: es ilegal discriminar a una persona por ciertos motivos para no darle un trabajo. Pero no lo es poner condiciones al puesto de trabajo para evitar una discriminación, ni buscar personalmente a la persona adecuada sin más.

Si una persona te estafa, y comprendes que la vía legal será inútil o larguísima, una compensación ‘oculta’ es perfectamente ética.

 

El pago de Impuestos

He comentado varias veces que es perfectamente ético no pagar impuestos si ese dinero que te ahorras lo das a causas sociales correctas. Es inmoral si te lo quedas tu para el propio disfrute.

Dado que el Estado y las administraciones dedican muy pocos medios a ayudar a gente del pueblo necesitada y correcta (moralmente correcta) mientras malgasta en mil temas infectos, dedicar el dinero de tus impuestos a una labor social es casi una obligación moral, si se puede evitar con un riesgo razonable el problema de multas, etc…

 

El Covid y las imposiciones por ‘salud’

Este es un ejemplo interesante de analizar. Ante un problema de salud es razonable establecer medidas de control. Si no hay duda en que se toman de forma no condicionada por los intereses del sistema, no hay problema en seguirlas.

En este caso hay algunas dudas:

1- Las medidas tienen una cierta intención de dominar a la gente, de imponer normas a una masa obediente, disciplinarla.

2- Se aprovecha para arruinar a los Estados y endeudarlos. No se valoran los problemas de trabajo sino que se pretende hacerlos sufrir a la gente y darles ayudas con la deuda.

3- No hay balance de lógica entre las medidas y el problema sanitario.

Por ello es correcto acatar la mayoría de normas que no sean excesivas ni desproporcionadas. Pero no todas.

Un ejemplo: Si prohíben ir al pueblo de al lado, pero no a la otra punta de mi propia ciudad que está mucho más lejos, no parece que eso sea razonable y no tiene pues sentido obedecerlo.

No tiene sentido no poder estar 7 en una reunión de familiares en casa pero sí 18 en un autobús.

Llevar mascarilla es correcto con gente cerca, pero no tiene sentido si camino sin nadie en varios metros a la redonda. Hay comunidades que cierran negocios, otros los dejan más abiertos, horarios distintos, y no parece que mejoren las cosas de unos a otros.

Hay pues una cierta capacidad de tomar medidas cuidadosas pero razonables frente a una tendencia a la dictadura que trata de imponer el Sistema.

Sin duda la ocupación de los Hospitales es la medida importante a tener en cuenta, no otras. Más de la mitad de fallecidos han sido por absoluta negligencia de control administrativo y sanitario en las residencias de ancianos.

En fin, la ley no es algo sagrado dentro de un sistema podrido. Lo que no significa no hacer caso a nada, sino ser crítico con las leyes de significado anti valores o intenciones del poder.

BAU

 

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